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Pocket Tales of the Braves - Capítulo 1

viernes, 15 de julio de 2011

Capítulo 1: El principio de muchas cosas (incluída esta historia)

Continente de Johto
Ciudad Endrino


Un Hitmonlee pateaba con Patada Ígnea a un Skarmory mientras éste realizaba un Viento Cortante. El Skarmory hacía un looping en el aire para esquivar a su rival y... ¡ZAS! Un golpe crítico dejó el Hitmonlee debilitado.

Ryuuna estaba entusiasmada mirando por la televisión los clasificatorios para la Liga Pokémon de Johto

Por la mañana...

Hoy era el día en que los jóvenes de Ciudad Endrino que cumplían 16 años recibían su primer dragón en la Guarida Dragón. Como maestro de ceremonias estaba el sabio dragón, que pasaba la mayor parte de su tiempo meditando en el interior de la cueva y poniendo a prueba a todo aquél que lo requeriese. Además, junto a él estaban Débora, la Líder de Gimnasio de Ciudad Endrino y Lance, el Campeón de la Liga Pokémon y maestro de dragones. Lance siempre decía que los dragones eran difíciles de capturar y entrenar, pero marcaban la diferencia.

Ryuuna estaba a punto de capturar un enorme Regigigas con una Ultra Ball cuando despertó. Se había dormido, y lo que prometía ser un gran día pasó por un desayuno sin pena ni gloria, básicamente una tostada con mantequilla y zumo de bayas extradulce. Salió pitando de casa hacia la Guarida Dragón. Una vez allí, en principio se organizaban parejas para entrar a capturar un dragón, pero como todos los neófitos ya habían entrado Ryuuna quedó sola. El sabio dragón le dijo:"Veo potencial en tus ojos, chica". Ella vaciló, pero el ansia de conseguir su primer pokémon era más fuerte. Bajó las escaleras. Era un paisaje digno de ser visto. Aunque la oscuridad daba un toque misterioso se divisaban rocosas paredes por doquier, un gran lago cuyas aguas contenían los más salvajes remolinos inundaba la zona excepto por unos pequeños arrecifes que parecían haber sido colocados expresamente. Finalmente, se podía ver un magnífico templo que era el lugar de meditación del sabio dragón. El templo era de madera, muy sobrio y agradable a la vista.

Ryuuna empezó a andar por allí. Parecía que los pokémon huyeran de ella, cosa que no era muy descabellada, pero no porque fuera ella sino porque los dragones de por sí ya eran huidizos. A los cinco minutos de caminar encontró algunos de sus amigos con los que había visto campeonatos enteros de combates pokémon. Ninguno de ellos había tenido éxito. Bueno, una chica acababa de cazar un Magikarp, y aunque no fuese nada espectacular al menos ya tenía un pokémon. Ryuuna siguió buscando. Tras una roca encontró un Magikarp que patéticamente se agitaba en busca de agua en la que poder nadar. Ryuuna devolvió al Magikarp al agua mientras vio como en la superficie del lago aparecían unas burbujas. De repente emergió un pequeño Dratini perseguido por un feroz Gyarados. En tierra se hallaba Ryuuna a lo lejos, y junto a la superficie el Dratini; el Gyarados esperaba impaciente unos metros alejado. La mitad de su cuerpo aún estaba sumergida. El Dratini parecía asustado pero no por ello sin ganas de presentar batalla, mientras que el Gyarados, sediento de sangre respiraba rápido y entrecortado. El Gyarados usó Malicioso, con lo que el Dratini se atemorizó todavía más. Ya a punto de entrar en acción el Gyarados con una terrible Furia Dragón, el Dratini usó como último recurso Onda Trueno que dejó al Gyarados paralizado. El Dratini cayó agotado preso del cansancio. Ryuuna corrió hacia el Dratini y se lo llevó en brazos.