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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XV

lunes, 19 de agosto de 2013

Capítulo Decimoquinto: Estraperlo

"Bien, esto ya está listo," dijo el caballero del cielo para sí mismo. Era el dial de impacto que había traído Yavina y que él se había encargado de engarzar. "Ha quedado estupendo."

Salió del taller, una pequeña habitación con una mesa y una extraña colección de herramientas colgadas en la pared. Monty estaba charlando animadamente con Morth y Yavina.

"¡Eh!¡Ya he terminado!" gritó Zan For reclamando su atención, mientras enseñaba su obra.

"¡UOOOO!¡Es genial!" dijo Monty muy emocionado, en el momento en que Zan For le hizo entrega del dial de impacto ya engarzado. "Ahora podré usar el Enroque con toda su fuerza..." Monty se colocó el dial en la rodilla izquierda.

"Ahora serás un rival temible," dijo Morth en clave de humor.

"Si encuentro más diales ya te los traeré," dijo Yavina, "ahora debo volver a casa, que tengo cosas por hacer." La shandiana se alejó del grupo.

"¡Gracias de nuevo!" gritó Monty.

"Por cierto, señor Monty, tenemos la despensa vacía y como no vaya usted a comprar preveo que hoy no comemos," dijo Zan For de pronto.

"Aww..." se lamentó el chico. "Si tengo que ir a Lovely Street mejor voy tirando, que cuanto antes llegué antes volveré."

"Me gusta tu lógica," admitió Zan For, "toma unos extoles," y le dio el dinero.

"Si quieres te acompaño, así podrás cargar más peso," se ofreció Morth, el luchador.

"Gracias," dijo Monty a la vez que se le iluminaba la cara, el viaje sería más entretenido si iba con otra persona. Entonces se pusieron en marcha.

*TWHOMP*

Tan entretenido era el viaje que Monty se despistó hablando con Morth y no vio un hombre que pasó por su lado, claro que el hombre también iba despistado, puesto que en condiciones normales el choque no hubiera tenido lugar.

"¡A ver si miras por dónde vas!" le gritó el hombre. Era voluminoso, aunque no tanto como Morth, y su cara destilaba mala leche por los cuatro costados. Llevaba frondosa barba de un color castaño oscuro y se veía claramente que era un habitante del cielo, con sus características antenas y alas. Monty no supo decir qué era más extraño, si el hecho de que llevara gabardina o el hecho de que llevara gafas de sol.

La discusión no fue a más porque el señor se fue corriendo.

"El mundo está lleno de tipos raros," dijo Morth.

"Ja ja, totalmente de acuerdo," reconoció Monty, "y hablando de tipos raros, ¿cómo es que no tienes alas ni antenas y vas todo el día con la cara tapada?" preguntó el chico.

El luchador se sintió algo incómodo por esa pregunta, pero por suerte ya llegaban a Lovely Street.

"Hombre, ya hemos llegado a Lovely Street," dijo Morth, Monty no percibió el descarado cambio de tema.

"Pues sí, ahora tenemos que comprar mucho," dijo Monty en respuesta.

Primero pasaron por delante de la parada de Cedith, la señora que vendía frutas y verduras. Había bastante gente y esperaron pacientemente su turno.

"Hola, majo," le dijo Cedith, "¿qué querías?"

"Mmm, pues toda la variedad de frutas y verduras que pueda comprar con esto," dijo Monty sacando una parte del dinero que le había dado Zan For.

A pesar de tener gente esperando, Cedith se tomó su tiempo para seleccionar todo tipo de frutas y verduras en un colorido espectáculo.

"Gracias por su tiempo," le dijo Monty mientras le daba el billete.

"De nada, majo, y tutéame, que me haces sentir vieja," le dijo la frutera-verdulera mientras sonreía, lista para atender a la clientela. Morth se encargó de cargar con los primeros paquetes. El siguiente lugar era la parada de Ailbhe.

"Mira quién tenemos aquí," dijo Ailbhe mientras atendía una de las clientas. De nuevo, Morth y Monty esperaron con paciencia que fuera su turno.

"¿Qué necesitas?" preguntó el carnicero.

"Toda la variedad de carne que me puedas vender por esto," le dijo Monty a Ailbhe mientras le enseñaba una parte del dinero que le había dado Zan For. Si algo había aprendido Monty de sus numerosas visitas a Lovely Street eran las ofertas secretas o de última hora, productos a precios irrisorios, por limitadísimo lapso de tiempo. "Pero nada de eso que me pusiste la última vez."

"Jua jua, parece que no te gustó," dijo Ailbhe.

"Fue horroroso, Zan For estuvo malo dos días seguidos con fuertes dolores de estómago," dijo Monty.

Ailbhe les había vendido una carne sospechosa, y Monty y Zan For hubieran jurado que era un cargamento de algún barco mercante que recientemente habría sido empujado hacia Skypiea por el corriente del Knock-Up y algún proveedor de Ailbhe habría hecho algún trapicheo, más que nada porque era una carne que no se encontraba en Skypiea y hasta donde Zan For tenía constancia no había ninguna ruta mercantil fiable entre el mar blanco y el mar azul.

"Tranquilo, que lo vendí todo, pero si os sentó tan mal sería porque no lo cocinaríais bien," añadió Ailbhe, "aunque sí debo reconocer que es algo indigesta."

El carnicero estuvo un rato cortando carnes varias.

"Espero que con esto tengáis suficiente," dijo Ailbhe. Un saco entero de diferentes carnes, y pesaba lo que no estaba escrito. "Dale recuerdos a Zan For," dijo Ailbhe mientras cobraba a Monty.

Esta vez fue el chico el que cargó con las provisiones.

"Mala fortuna," dijo Monty, "hoy no hay ofertas. Mejor será que volvamos a casa."

El camino de vuelta fue un poco menos entretenido y con cada paso que daban les costaba más moverse, no tanto a Morth que estaba fuertote, pero Monty estaba para el arrastre. Por suerte no tuvieron que lamentar choques imprevistos.

"Ya estamos aquí," dijo Monty al llegar a la casa de Zan For. El caballero del cielo fue a recibirlos a la entrada y tomó los ingredientes que usaría para el almuerzo. "Aunque a estas horas ya casi que prepares la merienda," añadió Monty exhausto.

"Bueno, con esto tendremos para varios días, y si no míralo por el lado positivo, así entrenas un poco," dijo Zan For desde la cocina.

"Tendré que ir tirando," dijo Morth. "Ha sido un placer ayudar, si requerís de mí otra vez hacédmelo saber," y se fue.

Monty fue colocando la fruta, la carne y las verduras a sus respectivos lugares en la despensa mientras Zan For cocinaba, y al terminar dejó el dinero que le había sobrado encima de la mesa.

"Hoy no había ofertas... :<" se lamentó Monty.

"No te preocupes, a veces las hay y a veces no las hay," dijo Zan For, de nuevo desde la cocina. La casa empezaba a oler a guiso y eso daba hambre a Monty. Su estómago rugió

*GROAR*

Lejos de ahí dos tipos rondaban los restos de un barco, hurgando los restos, en busca de todo y en busca de nada. Uno de ellos llevaba gafas de sol y gabardina, el otro personaje habló.

"Sasar, ¿no crees que ya hemos vaciado el contenido de este barco lo suficiente?" le preguntó.

"Sigamos buscando, ya sabes las morteradas que llegan a pagar algunos habitantes de Skypiea por artilugios construídos en el mar azul, Onor," dijo el hombre llamado Sasar. "¡Ezme!¡Avísanos si se acerca alguien! ... Y más si se trata de los Boinas Blancas."

El tipo llamado Onor vestía con un mono azul estilo mecánico, su cara era bastante anodina y su estatura era bastante estándar, ni muy alto ni muy bajo, ni muy relleno ni muy fibrado. Ezme, en cambio, tenía cara de tener pocas luces, cosa no muy alejada de la realidad, y se le veía fuerte como un toro, no en vano era el que se encargaba de cubrir la retaguardia. Los tres tenían alas y antenas características.

"Sigo opinando que ya hemos sacado bastante partido de este barco, y cuanto más rato este4mos aquí más peligro corremos," dijo Onor.

"Piensa que el corriente del Knock-Up no pasa cada día y menos llevando tanto material, debemos aprovisionarnos bien para tener mercancía para rato," insistió Sasar.

"¡Viene alguien!" gritó Ezme.

Onor y Sasar dejaron lo que estaban haciendo y cogieron las bolsas con los pocos objetos que habían podido rescatar.

"¡Rápido, Ezme, coge esto y sal corriendo!" le dijo Sasar. Ezme se fue corriendo con las bolsas en dirección opuesta a los pasos que se oían.

"Buenos días, agente, hace un magnífico día hoy," le dijo Sasar al Boina Blanca.

"Buenos días," añadió Onor.

"Mmm... Sí, hace un buen día para rondar un barco del mar azul hecho pedazos," dijo el agente. "Y también es un buen día para entrar en jurisdicción de los Boinas Blancas, ¡largo de aquí si no queréis que os meta entre rejas!"

Estaba escrito en la ley que cualquier barco que se hallara en el mar blanco sin propietario pasaba a ser propiedad del Dios de Skypiea, y eso incluía a sus sacerdotes y su cuerpo de represión, que eran los que normalmente se encargaban de hurgar los restos del barco y entregaban cualquier cosa curiosa para que los expertos lo investigaran. Sin embargo, esos mismos artículos tan escasos eran adquiridos por gente rica como inversiones, lo que daba pie a un mercado negro de piezas.

"Bufff... por qué poco," dijo Onor instantes después de alejarse del agente de los Boinas Blancas.

"Tampoco nos podría haber hecho mucho," dijo Sasar. "No llevábamos nada encima que nos pudiera incriminar, espero que Ezme haya llegado ya a la base."

"¿No deberíamos mudarnos o algo?" preguntó ansioso Onor, "me consta que el caballero del cielo vive bastante cerca."

"No me vengas con sandeces, estamos bien donde estamos," insistió Sasar, que ya empezaba a estar harto de esa improductiva conversación.

"Si se le ocurre usar el Mantra..." fue lo último que dijo Onor antes de que Sasar diera por concluído el diálogo.

"¡Basta! Del resto me encargo yo," dijo Sasar. Onor y Sasar se despidieron entonces, y cada uno tomó una dirección distinta. No fue hasta la noche que Sasar no volvería a casa.

"Pero antes voy a mirar una cosa," se dijo Sasar para sus adentros.

Ya oscurecía en Skypiea y Zan For estaba preparando la cena, Monty se estaba duchando tras su entrenamiento vespertino.

1 quejas:

scaramanga dijo...

A Onor lo veo masticando una colilla de puro. De esos fusiformes.