Capítulo Vigésimonoveno: Hallar al erudito
El viaje fue de lo más tranquilo después de perder el barco de Calo Arkanus de vista. Como si algo impidiera entrar en contacto visual con el barco.
En cualquier caso, pasaron varios días en alta mar, hasta que de repente se empezó a notar un tiempo cálido.
"Ya estamos llegando," dijo Morgana. "Como ves, no es que se trate de una isla con tiempo de verano," al tiempo que decía esto el cielo ya estaba teñido de un color rojizo. "Será mejor que dejemos el barco aquí," añadió, "podría quemarse en contacto con partículas ardientes provinientes del volcán."
En el centro de la isla había un enorme volcán, en plena erupción. Era un espectáculo precioso aunque peligroso.
"Corre, Monty, ve a lanzar en ancla mientras yo dispongo el bote," dijo Morgana, y los dos se pusieron en movimiento. El muchacho no replicó.
Poco tiempo después Monty remaba en dirección a la isla del volcán.
"Antes de entrar en Inferno Miasma te tengo que enseñar a proteger tu cuerpo del calor," Morgana señaló el volcán, "aunque parte de tu espíritu sea demoníaco, sigues siendo humano y tu cuerpo sigue siendo material, y puede recibir quemaduras graves si pasamos mucho tiempo aquí."
Una sombra salió del volcán, que seguía en erupción, y se alejó de la isla.
"¿Qué era eso?" preguntó un impresionado Monty.
"Seguramente un demonio que ha olido matanza, y en Inferno Miasma debe haber varios demonios muertos y heridos," le explicó, "cuando los demonios huelen guerras y carnicerías se pelean a muerte por ir hasta allí y sembrar el caos. Normalmente el más fuerte es el único que sale, excepto en caso de que haya varios conflictos en el exterior, que entonces hay evasión general."
El bote tocó tierra, lo amarraron como pudieron y permanecieron en la playa.
"A ver Monty, como puedes comprobar, la arena de esta playa está ardiendo..."
"¡Auch!¡Ouch!¡Quema, quema!" Monty iba dando saltitos para no quemarse las plantas de los pies.
"El secreto está en conectar con tu espíritu demoníaco y emitir pulsaciones espirituales constantemente..."
"¡Ouch!¡Quema, quema!¡Auch!"
Monty era incapaz de concentrarse sabiendo que si permanecía quieto acabaría por quedar con los pies asados.
"¿No me podías haber enseñado en el barco?" se quejó el chico.
"Umm... buena idea, se me ha pasado, pero ya que estamos aquí... ;P"
Finalmente Monty parecía que empezaba a captar el truco.
"No noto ni frío ni calor."
"Bien, parece que ya estamos listos para continuar. Recuerda que si empiezas a notar calor es que estás perdiendo la concentración," dijo la doctora Morgana.
Monty se divertía lanzado piedras ardientes a la lava, viendo cómo se hundían, y removiendo la pierna en ríos de lava.
"Espero por tu bien que no pierdas la concentración con la pierna metida ahí."
"Jajaja, esto es muy divertido, por cierto, ¿por qué íbamos a Inferno Miasma?"
"Para extraer mi parte de espíritu de tu cuerpo. Y que yo la pueda recuperar."
"¿Y entonces ya no podré hacer esto?"
"Mmm... no, que yo sepa."
"No quiero ir a Inferno Miasma..."
"Mira, Monty, si este fragmento demoníaco está mucho tiempo separado de mi cuerpo, acabará por perder mi esencia y ser un fragmento de demonio per se, lo que a su vez acabará por corromper tu cuerpo. ¿De verdad quieres eso?"
"Uhm... bueno, entonces vayamos a Inferno Miasma," Monty seguía sin parecer muy convencido.
Lo que había "olvidado fortuitamente" Morgana de contarle a Monty es que debido al tamaño del fragmento de demonio la corrupción de su cuerpo apenas la notaría y podría tardar unos mil años, momento en el que Monty tal vez ya estuviera muerto y enterrado.
Al poco rato ya habían llegado a la boca del volcán, que emitía un calor abrasador suficiente para causar quemaduras graves a cualquier humano que osara permanecer ahí.
"Si nos lanzamos por aquí llegaremos a Inferno Miasma," informó, ante la evidencia, Morgana.
*UOOOOOOO*
En un abrir y cerrar de ojos el paisaje había cambiado. Lejos de encontrarse dentro del volcán se hallaban en un lugar sombrío, una capa de miasma plagaba el entorno.
"Intenta mantener el espíritu demoníaco como has hecho hasta ahora, el miasma que cubre Inferno Miasma es letal para cualquier ser que no sea un demonio."
*cof cof*
"¡No me des esos sustos!" se quejó Monty, tosiendo.
"Menos mal que no te he contado que si te hubieses desconcentrado al atravesar el volcán podrías haber muerto... jejeje," dijo Morgana.
*hmpf*
"Por cierto," dijo Monty, "no veo demonios por aquí, de hecho, no veo nada salvo oscuridad."
"Eso es porque no eres un demonio, tan solo dispones de un bajísimo porcentaje, y ni siquiera es tuyo, te recuerdo que es mío," respondió Morgana, "espero que la visita sea corta, tenemos que encontrar a uno de los demonios eruditos (que los hay) y que me devuelva mi fragmento de espíritu. Lo que no he pensado es cómo saldrás de aquí..." dijo esto último con posado reflexivo, mirando arriba y tocándose el mentón con el dedo índice.
"¿¡Cómo!?"
"Pues claro, si ya no eres un demonio morirás en Inferno Miasma, así que deberíamos preguntarle al erudito al que vayamos una forma de devolverte al mundo de los humanos vivito y coleando."
*FUOOOSH*
La apariencia de Morgana cambió a la original, pasó a ser un ente demoníaco. Era difícil de describir, posiblemente la mejor definición sería un fuego fatuo enorme de tonos rojizos y negros. Eso era un demonio, nada de alas, nada de cuernos, nada de colmillos. Cualquier otra representación gráfica de un demonio tenía como referencia otros seres mitológicos.
En comparación, Monty seguía teniendo apariencia humana y un aura del mismo color que Morgana lo rodeaba.
"Preferiría que no nos viera nadie," dijo Morgana, y aunque Monty la entendió, los sonidos que había emitido no eran humanos, "un humano entre demonios... prefiero no pensarlo."
"¿Pero quién tenemos aquí?" otro demonio se aproximó a ellos, "nuestro querido Erathrosimidetradar... y un humano," dijo con cierto desdén, "pensaba que los humanos morían si inhalaban el ambiente tóxico de Inferno Miasma."
"Mira, Haarithachulmothis, tengo un asunto que resolver aquí en Inferno Miasma, sé que no lo entenderías ni aunque tuvieras la ocasión, así que déjame."
El tal Haarithachulmothis era un demonio blanco y negro, Monty se preguntó qué significaba la combinación de colores, pero ese no era, claramente, el momento.
"Jajaja..." se rió, por decirlo de alguna manera, Haarithachulmothis, "tranquilo, que ya no me dedico a meterme con los demonios débiles, qué han pasado, ¿mil años desde aquello?"
"¿¡Mil años!?" exclamó Monty, sorprendido por esa cifra.
Haarithachulmothis probablemente no había oído o entendido a Monty, porque siguió hablando, "ahora me dedico a entrenar a jóvenes demonios, llevo cinco años entrenando a uno que promete. Llegó a mis manos al cumplir el siglo, creo que está listo para participar en el torneo anual para jóvenes promesas."
"¿Ya es el torneo?" preguntó sorprendida Morgana, o Erathrosimidetradar, su nombre original.
"Sería una sorpresa si el humano se presentase, mi pupilo se presentará a ambas competiciones, sería una buena forma de entrar en contacto con un humano... siempre que pase de ronda en la eliminatoria. Jajaja."
"De hecho habíamos venido aquí porque él lleva una parte de mi espíritu, y necesito removérselo," le explicó Morgana.
"Bien, espero veros en el torneo," dijo a modo de despedida Haarithachulmothis, y se fue.
"¿Ése era el demonio que te hacía la vida imposible cuando eras joven?" preguntó Monty.
"Sí, aunque no era el único, es increíble cómo el tiempo cambia a la gente..." Morgana no se lo acababa de creer, "bien, tenemos que ir hasta la morada de Yllinmatshaydinnas, uno de los eruditos de Inferno Miasma, al que le tengo más confianza y el que me animó a que huyera y viviese entre humanos."
"Esto... ¿y el torneo?" preguntó dubitativo Monty.
"Ah, está abierto para cualquier demonio que todavía no haya visitado el exterior, es una manera de eliminar competencia, camuflada por un ambiente festivo."
"¿Y eso de las dos competiciones?¿eliminatoria?"
"La eliminatoria es un torneo de los de toda la vida, uno contra uno hasta que uno de los dos se rinde o muere. Y cuando se termina la eliminatoria, se celebra la Batalla Real, todos contra todos. No siempre los que participan en una competición lo hacen en la otra... te veo muy interesado, no querrás participar, ¿verdad?"
"No :3, ¿por qué lo dices?"
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXIX
jueves, 16 de octubre de 2014 a 19:13 2 quejas
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Muramasa
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXVIII
lunes, 29 de septiembre de 2014 a 11:07 1 quejasCapítulo Vigesimoctavo: Inferno Miasma
"¿Adónde vamos?" le preguntó Monty a la doctora Morgana Nelson. Acababa de despertar, estaba descolocado y notaba un movimiento de vaivén que no mejoraba las cosas. Se encontraban en un barco.
"No es que no quiera responderte, pero saberlo tampoco te dirá nada especial," replicó Morgana.
"¿Qué me ocurrió?¿Por qué nos hemos ido de Belos?"
Morgana le explicó lo que le habían contado a ella acerca de cómo Monty había llegado a esa situación y lo que ocurrió en la sala de operaciones.
"Primero de todo, estabas fatigado en el barco de Duccus y te dejaron descansando en uno de los camarotes, o eso es lo que me contaron, entonces, por azares del destino, en un tiroteo una bala acabó por atravesarte. Preocupados, Nolas Izold, Barlos y Thara te llevaron tan rápido como pudieron a mi consulta médica. Una vez en la camilla, volví a comprobar cómo tu haki te había mantenido con vida, y a pesar de todo, tu cuerpo no parecía poder recuperarse, así que te entregué parte de mi espíritu demoníaco..."
*Consulta médica de Morgana, tras el ritual*
La puerta de la sala de operaciones se abrió, de ahí salió Morgana.
*croc*
"La operación ha sido un éxito," dijo la doctora, "vivirá".
Hubo algarabía y jolgorio al oír tan buenas nuevas.
"Sin embargo," todos callaron de golpe, "aquí no dispongo del material necesario para hacerle un correcto seguimiento, así que me lo tendría que llevar."
El silencio era sepulcral, habían quedado como si les acabara de caer una jarra de agua helada.
"¿Y-y bien?" le preguntó Nolas Izold.
"Necesitaría un barco aprovisionado para mañana, también me gustaría que alguien recogiera las cosas de Monty, incluído el esquife, y lo guardara en el barco. Yo vigilaré al chico, por si hubiera complicaciones."
"Bien, ya habéis oído a la doctora," dijo Nolas, "a trabajar todos."
"Y tú, Argan," el aprendiz quedó sorprendido momentáneamente, "has sido un buen discípulo y creo que sabrás llevar tú solo esta consulta. Me hubiera gustado, sin embargo, que mi marcha se hubiera dado en condiciones menos drásticas. Tal vez nos veremos, tal vez no nos volvamos a ver, dame un abrazo bien fuerte."
El joven Argan, se reprimió las lágrimas mientras los dos se abrazaban fuertemente. Habían sido varios años de relación profesional.
"Doctora..." finalmente fue incapaz de retenerlas y sus ojos quedaron anegados.
"Sé fuerte."
El resto del día pasó y finalmente llegó el momento de la partida de Morgana y Monty, a la mañana siguiente, en uno de los muelles de Belos. Barlos y Thara cargaban con Monty, y algunos de los habitantes estaban acabando de cargar el barco.
"Dejadlo en uno de los camarotes, por favor," solicitó a los ayudantes de Nolas que llevaban a Monty, "y si queréis, despedíos de él. Tú también , Nolas."
Hubo algo más de lágrimas en el camarote de Monty que Morgana se quiso ahorrar. Y así pasaron un par de días hasta que Monty despertó.
"Así que, ¿llevo un espíritu demoníaco?" le preguntó Monty a Morgana.
"Sí, bueno, es una parte de mí. Y ahora que lo pienso, si te digo que vamos a Inferno Miasma, una parte de tí debería, por lo menos, tener una vaga idea del lugar."
Monty pensó en Inferno Miasma, intentando hacerse una imagen mental de algo que desconocía. Una serie de diapositivas le vino a la cabeza, era un lugar bastante deprimente, con una niebla venenosa por todo.
"Sí, Inferno Miasma es uno de los asentamientos de demonios del mundo, y de ahí provengo yo," le explicó Morgana, "en realidad soy un demonio, y mi apariencia verdadera no es esta, pero mi experiencia en el mundo de los humanos me ha llevado a adoptarla, y ya me he acostumbrado. De hecho, en Belos mucha gente se extrañaba de verme siempre igual."
"¿Así que, de pequeña te hacían bullying?"
"Agradecería que no hurgaras en mis recuerdos," le advirtió Morgana, "pero ya que estamos, y que somos compañeros de viaje, te lo explicaré de forma breve. Cuando era joven, probablemente el mundo tal y como lo conocemos hoy no existía, los otros demonios de mi edad se metían conmigo por dos motivos que eran, el primero, no tenía el poder que se supone que tendría que tener en eses momento, y segundo, no me gustaba matar por placer, que se supone que es el motivo de la existencia de un demonio.
Cuando alguien de Inferno Miasma oye la palabra 'guerra' o algún derivado de matanza, se pegan por ser los primeros en llegar a la 'diversión'. Es probable que si un día vemos un campo de batalla y muchos muertos, haya sido un demonio el que haya pasado por ahí, ajeno a los bandos participantes. Hay otras formas de llamar a los demonios, como invocarlos a través de rituales, pero eso suele ser peligroso para los humanos que lo intentan.
El hecho es que intenté quitarme la vida, pero matar a un demonio no es fácil, normalmente tiene que ser otro demonio el que te mate, o armas especiales. El caso es que al final decidí huir de Inferno Miasma, y buscar suerte en el exterior. Tomé varias apariencias para pasar desapercibido entre asentamientos humanos, y aprendí que hay humanos que se dedican a curar a otros humanos. Decidí aprender las artes curativas, y es lo que he hecho el resto de mi vida, ahora tendré la ocasión de ponerlo en práctica."
"O sea que, ¿eres una especie de Diosa de la Vida y la Muerte?"
"Sí, aunque lo de Diosa, digamos que los demonios no tenemos género, así que puede que alguna vez se me escape hablar en masculino."
"¿¡Hay alguien ahí!?" retumbó una voz, "¿Sois amigos o enemigos de la Marina? No lleváis bandera."
Un barco se había colocado a distancia de abordaje, era un navío algo más grande que el de Morgana y Monty, y lucía la bandera de la Marina. Un tipo que parecía importante se asomó.
"¡Aquí el Comodoro Calo Arkanus!¿Hay alguien?"
El Comodoro Calo Arkanus era ancho de espaldas, con unos buenos brazos, y aunque también tenía unas buenas piernas no eran tan destacables. Su cabello empezaba a clarear, un cabello corto que iba a juego con su frondosa, aunque no larga, barba. Sus ojos estaban cubiertos por unas curiosas gafas de sol, y una capa oscura con los kanjis para 'justicia' en la parte trasera.
De un salto pasó de su barco al barco de Monty y Morgana.
*FLIP*
"Quédate aquí, voy a ver quién es," le dijo Morgana a Monty, pero éste no parecía querer quedarse en la cama.
"Pero es que me siento muy bien... ¡Aaaaaaah!" un aura oscura, de tonos rojizos, lo rodeó de repente. Sin poder hacer nada, Morgana lo dejó salir del camarote.
"¿Estáis bien? He oído un grito," Calo Arkanus estaba fuera de la zona de cabinas, se acercaba a la puerta cuando...
*THWOMP*
Se apartó a tiempo para esquivar la puerta y a Monty. A esas alturas Monty apenas podía razonar, preso del espíritu demoníaco de Morgana, entonces vio a Calo y atacó.
"Eh, eh, calma..." Calo Arkanus bloqueó la patada de Monty, una patada potenciada. Calo se dolió del brazo, no esperaba que fuera tan fuerte. Morgana llevó al umbral de la puerta.
Un aura oscura rodeó a Calo.
"¿Un demonio?" se preguntó Morgana, pero no percibió espíritu demoníaco completo en el oficial de la Marina, "debe tratarse de una fruta diabólica."
Calo Arkanus convocó una especie de nube, que se formó a partir de su aura, desde ese momento Morgana fue incapaz de ver lo que dentro de esa nube sucedía, era una nube de completa oscuridad. Monty estaba descolocado al no poder ver lo que sucedía a su alrededor.
Monty salió volando de la nube, visiblemente golpeado por Calo. Era extraño porque tampoco se oyó el golpe, por lo que se veía, dentro de la nube creada por Calo Arkanus no se veía ni se oía nada.
"¿Será una Logia?" se preguntaba Morgana. Monty gruñó y se lanzó de nuevo, cegado, contra Calo Arkanus. Éste, al verse un tanto acorralado, replegó su nube oscura y la transformó en un escudo de oscuridad. "Nah, es una Paramecia, si fuera una Logia hubiera esquivado el golpe transformándose en oscuridad."
De nuevo, Monty preparó un puñetazo demoledor. Esta vez fue el aura de Morgana la que la rodeó a ella, era la misma aura que la de Monty, normal pues ambas provenían del mismo demonio.
"¡Basta!" Morgana se interpuso entre Monty y Calo Arkanus, pero había perdido su forma humana para recuperar su forma original, y poder desatar así todo su poder. Lo que hizo fue estabilizar el Haki de Monty para que no interfiriera con su espíritu.
"¡Un demonio!" exclamó Calo Arkanus, sorprendido. En ese momento Morgana ya había regresado a su forma humana.
"Nos dirigimos a Inferno Miasma, para tratarlo," le dijo Morgana.
"¿Inferno Miasma? Yo pensaba que ese lugar no existía, y que era un cuento de hadas para que los niños se portaran bien."
"Existe, aunque solamente los demonios moran ese lugar, cualquier humano ordinario moriría allí," sentenció ella.
"Bien, entonces mi presencia aquí ya no es necesaria," dijo Calo Arkanus, que de un salto volvió a su barco, "¡Hasta otra!"
Morgana arrastró a un inconsciente Monty hasta la cama de su camarote. Les quedaba un rato hasta Inferno Miasma.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXVII
lunes, 18 de agosto de 2014 a 9:30 1 quejasCapítulo Vigesimoséptimo: ¡No te mueras!
"¡Un salvavidas!" gritaba Nolas, pidiendo un salvavidas para recoger a Monty, que se las tenía para mantenerse a flote. "¡Un salvavidas para Monty, ya!"
Finalmente apareció Barlos con un salvavidas en mano, rápidamente se acercó a donde estaba Nolas y lo lanzó hasta Monty. El chico se agarró bien fuerte y Barlos y Nolas empezaron a tirar de la cuerda.
"Arf, arf..." jadeaba Monty, al borde de la pérdida de conocimiento.
"Será mejor que lo llevemos a un camarote, para que pueda descansar," propuso Nolas, "¿te encargas, Barlos?"
Monty fue cargado a espaldas de Barlos con la ayuda de Nolas, al abrir la puerta de cabina apareció Thara, que al mismo tiempo había abierto la puerta desde dentro. Barlos la dejó pasar, porque con Monty a espaldas no cabían en el pasillo, después entró. Se metió en el primer camarote que encontró, ahí dejó a Monty, tumbado descansando. "Te lo mereces, campeón," le susurró.
Acto seguido abandonó el camarote. Decidió que daría una vuelta por el interior del barco, para familiarizarse con el entorno en busca de amenazas y otros peligros, al fin y al cabo ya estaba Thara con Nolas. Las dos primeras salas eran la cocina y el comedor respectivamente, después venían dos camarotes, de uno de ellos salía Barlos, y entonces se llegaba a una media escalera, que daba acceso al salón de estar, donde gran parte de la tripulación podía pasar la mayor parte del tiempo cuando no se les requería en otro lugar.
Era una habitación más grande que el resto de camarotes, pues ocupaba todo el ancho del barco, y tenía la singularidad de tener ventanas a los dos lados, dada su posición dentro del barco. Ahora mismo estaba vacía.
Bajando el resto de escaleras se accedía a otros camarotes, entre los cuales estaba el camarote del capitán, reservada para cuando había un capitán de verdad y una tripulación de verdad a bordo del barco. Una puerta permitía el acceso a la bodega, que estaba justo debajo de la cubierta, pero no había más que unas pocas cajas porque no estaba cargado para salpar. Atravesando la bodega se encontraban las escaleras que accedían al piso inferior, donde estaban los remos. Dos filas, una a cada lado del barco, con ventanas con remos y al final de todo, una mesa fija al suelo y bancos fijos a la pared, donde el encargado de la navegación del barco yacía su mapa. Un comunicador rupestre permitía ponerse en contacto con el capitán o el timonel. Barlos probó el artilugio.
"Remos a timón, remos a timón, ¿me recibe?" dijo, sintiéndose como un niño con zapatos nuevos.
"¿Remos?¿Barlos?" por sorpresa alguien contestó, lo que inmediatamente hizo que Barlos se sintiera como un idiota, era Olward, "Anda sube, a menos que quieras que te ponga a remar."
"Recibido," respondió, "corto y cierro."
El nivel de agua que servía de elevador estaba llegando al piso de arriba y pronto podrían poner el barco en movimiento de nuevo. El paisaje seguía siendo el interior de una caverna, a juzgar por su localización, en el centro de Belos. Todo estaba pobremente iluminado, y la poca luz que llegaba, probablemente del exterior, era claramente insuficiente.
"O encontramos la manera de iluminar este lugar o no llegaremos enteros a la salida," dijo Olward. Nolas Izold, acompañado por Thara, acudieron a la llamada indirecta de Olward. Toqueteando controles dieron con una palanca, que al ser accionada activó un foco en proa. "Bien, eso será suficiente," dijo Olward.
Barlos llegó al poco de encender el foco.
"¿Me buscábais?" preguntó.
"Sí," respondió Nolas, "hace rato que no vemos a Duccus, lo cual no deja de ser preocupante."
"Hablando de Duccus," intervino Thara, "¿qué haremos con él?"
"Creo que hay motivos de sobras para detenerle, por lo menos por atentado contra la autoridad y conspiración," dijo Nolas.
"¡Y secuestro!" añadió Olward, a caballo entre el orgullo y la preocupación.
"Claro, y secuestro," repitió Nolas. "Por cierto, ¿lo habéis visto?"
"No, desde que hemos subido a Monty que parece haber desaparecido," comentó Thara, "yo creo que se está escaqueando para no tener que trabajar."
"Pues yo creo que está urdiendo algo," Nolas estaba pensativo, "sabe de sobras que en cuanto salgamos de esta gruta lo detendremos, somos cuatro contra uno, sin contar a Monty."
El barco seguía avanzando a través de la gruta marina, que parecía estar hecha a medida para los navíos. Una semilla de caos germinó momentáneamente, al desconocer el paradero del Duccus.
"¡Deberíamos buscar a Duccus!" estalló Barlos, con la coleta dando tumbos.
Excepto Olward, que estaba al mando del timón, el resto se repartieron para encontrar al mafioso.
"El barco es enorme y podría estar en cualquier parte..." se dijo Barlos para sus adentros.
"Si fuera Duccus, ¿dónde me escondería?" reflexionaba Nolas.
"¿Ya lo habrán encontrado? Espero que sí..." fue lo que pasó por la cabeza de Thara mientras revisaba uno de los camarotes.
Estaban saliendo de la gruta cuando se reunieron los tres en la cubierta.
"No he logrado encontrarlo, y eso que he revisado las habitaciones dos veces," Thara suspiró.
*sigh*
"Yo he mirado..." pero los lugares que Barlos había investigado quedaron veladas, "acabo de ver algo. ¡Duccus!"
Salió corriendo tras la sombra. La puerta de acceso a los camarotes se la había dejado abierta la última persona en llegar, y gracias a eso habían podido detectar el movimiento. Barlos vio cómo la puerta del camarote de Monty se estaba cerrando.
*THWOMP*
Barlos abrió la puerta, y en ese momento llegaban Nolas Izold y Thara, su guardaespaldas. El chico estaba apuntando con su trabuco a Duccus, y éste a su vez estaba apuntando a Monty con su ametralladora.
"¡Ni un paso más!" advirtió Duccus, en posado amenazador.
"Eh, cht cht chhhht, no nos vayamos a poner nerviosos," dijo Nolas, conciliador.
La cara alegre de Thara cambió a una más severa, y sus pistolas dieron paso a un rifle de tirador. El puntero láser, tembloroso, apuntaba al mafioso Duccus.
"¡Suelta eso!" le espetó Thara refiriéndose a su ametralladora.
"¡Suéltala tú!" respondió Duccus, "creo que no estás en condiciones de negociar."
"Lo que no entiendo es," dijo Nolas, "cómo te has estado escondiendo tan bien, y has cometido este fallo tan tonto al final," mientras se rascaba la barbilla, curioso.
"Ya que estamos a punto de llegar a la playa, y me dejaréis marchar, porque usaré a Monty de rehén," una sonrisilla maligna se le escapó, "os lo explicaré."
"E-e-estamos..." Olward venía del timón y quedó abrumado al ver la escena que estaba sucediendo en el camarote, "wo-wow, cómo las gastan los jóvenes hoy en día. Venía a decir que estamos en la playa norte, ¿hacia dónde vamos?"
"¡Tirad anclas!" ordenó Duccus, "¡yo me bajo aquí!"
Olward tuvo una idea, pero para que fuera efectiva era mejor no revelarla. Antes de que le preguntaran algo, o interactuaran con él, volvió al timón.
El barco seguía moviéndose, a pesar de las órdenes de Duccus.
"¡Eh, que he dicho que quería bajarme aquí!" protestó ferventemente, "¡coseré a balazos al chaval este!"
Barlos y Thara, acostumbrados a tratar con amenazas, sabían que para los fines de Duccus, Monty le era más útil vivo que muerto. No dispararía por muy loco que estuviese, y no tenía aspecto de querer abandonar este mundo todavía.
*FROOOOOOOO*
El barco hizo un movimiento de giro muy brusco, probablemente era cosa de Olward. Las olas ayudaron a completar el giro de 180º y con todo ese vaivén, consecuentemente, todos los que estaban distraídos perdieron el equilibrio. Al resbalar Duccus, su ametralladora cayó al suelo, el impacto causó que una ráfaga de balas saliera disparada en todas direcciones.
El infortunio fue tal que una de las balas rebotó contra la lámpara que colgaba del techo y acabó clavada en el abdomen de Monty. Algo de sangre emanó, manchando las ropas.
"¡Cabróóón!" gritó Thara, que como si ocurriera a cámara lenta, recogió su rifle del suelo y se tiró al suelo, apuntando a Duccus al primer punto que encontró.
*BAM*
La bala fue golpeada por el percutor y lentamente pero sin dudar avanzaba por el cañón, saliendo por la boca, en línea recta, cruzó el umbral de la puerta y Duccus no pudo hacer nada para evitar que el plomo penetrara en su piel.
*BAM*
*BAM BAM*
*click*
*cli-click*
*cli-click*
La recámara estaba vacía y el percutor no encontraba plomo que disparar.
*BROOOOUUUUUM*
El barco seguía avanzando, ajeno a lo que ocurría en su interior, a través de la arena de playa, y dejaba un rastro a su paso. Finalmente el barco se detuvo.
"¡Monty!" Barlos se acababa de incorporar, "¡Monty!¡Un médico!"
"Barlos, ayúdame," Nolas le señaló un extremo de la cama, "toma los dos cantos de la sábana y lo llevaremos a la consulta de Morgana."
"OK," Barlos seguía las indicaciones de Nolas.
"Thara, tú encárgate de protegernos," y volvió con Barlos, "a la de tres. Un ,dos, tres... ¡arriba!"
Trasladaron a Monty a través del barco encastado en la arena, requiriendo la ayuda de Olward para desplegar la tabla. La sangre de Monty estaba bloqueada por la bala, y únicamente regalimaba cuando lo movían demasiado. Con paciencia y buen hacer, lo trasladaron de la cubierta al exterior del barco.
"¡Rápido!" Nolas encabezaba esa improvisada y curiosa camilla, despertando las miradas de todo cuanto se encontraba en la calle. Unos reconocían al alcalde, otros se apartaban al entender la gravedad de la situación.
La bala no aguantó más y la sangra ya no se contenía. No salía como una fuente, pero era constante. Las sábanas estaban ya manchadas de sangre.
"¡Ya queda poco!" trató de animar Barlos, aunque tampoco era ninguna mentira.
"Queda una esquina," dijo Barlos.
"¡Morgana!¡Morgana!" gritaba Nolas, "¡MORGANAAAAAA!"
*TOC TOC*
Con la cabeza dio dos toques. Salió Argan, que les abrió la puerta.
"¿Qué pasa?" pero no hizo falta más explicación tras ver el reguero de sangre y la sábana roja. "Pasad, pasad, dejadlo en una de las salas de cirugía."
"¿Dónde está Morgana?" preguntó nervioso Nolas.
"Ha salido un momento, no creo que tarde en llegar," dijo Argan. "Prefiero no tocarlo. La cosa parece complicada."
"No te preocupes, si no lo movemos no sale tanta sangre," dijo Barlos.
"Vamos a buscar a Morgana," insistió Nolas Izold, "tú, Barlos, quédate vigilando la puerta, no vaya a ser que alguien venga buscando explicaciones, Thara y yo salimos."
"¿Puedo preguntar qué ha ocurrido?"
"No, luego," dijeron Nolas, Barlos y Thara al unísono. Al salir por la puerta se encontraron con la doctora Morgana Nelson.
"¿Qué ocurre?" preguntó ella extrañada.
"Ven, aquí," Nolas la tomó de la mano y la llevó a rastras hasta la sala de cirugía.
"¡¿Pero qu-!"
"Estábamos en el círculo interno de Belos y hemos descubierto una base submarina de Duccus, el rifirrafe ha causado que una de las paredes cediese y se ha empezado inundar todo," le explicaba Nolas, "hemos tomado un barco, y Monty ha salvado a Duccus, que era el único que sabía cómo salir, con la salida habitual bloqueada. La gruta que hemos seguido llevaba a la playa norte, y gracias a una maniobra de Olward con el barco, Duccus ha quedado desarmado, pero el rifle se ha disparado solo, y una bala de rebote ha perforado el estómago de Monty. Thara ha acabado con Duccus con cuatro balazos."
"Hemos intentado moverlo lo mínimo, pero la bala que hacía de tapón ha caído, y la sangre ha empezado a fluir de forma constante," dijo Barlos.
"Entiendo," dijo ella con una tranquilidad difícil de decir si era fingida o auténtica. "Os tendré que pedir que salgáis de esta sala y que no entréis hasta que yo os lo diga. Igual son unas horas, igual son unos días, por favor."
Tras las palabras de Morgana, todo el corrillo abandonó la sala, dejando sola a Morgana con el inconsciente Monty. La ranura de la puerta de la sala quedó completamente a oscuras, a pesar de ser todavía de día. Algo de luz parpadeaba, cambiando de color, naranja, violeta, azul...
"Creo que va para largo, os avisaré cuando sepamos algo de su estado," dijo Argan, "será mejor que descanséis, para estar más frescos."
Morgana estaba ejecutando alguna especia de ritual, se acercó a la cabeza de Monty y le susurró al oído, "parece que te resistes a morir... Me gusta."
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXVI
sábado, 26 de julio de 2014 a 9:00 1 quejasCapítulo Vigesimosexto: Pánico subterráneo
"Da igual cuál de los edificios sea," dijo Monty con determinación, "alguien de dentro será lo suficientemente amable para decírnoslo, si se lo pedimos de buenas maneras," y sonrió.
Se separó momentáneamente del grupo, entrando por la puerta más próxima a su localización. No pasó mucho rato que se oyó un estruendo, y la pared frontal, donde estaba situada la puerta por donde había entrado Monty, se derrumbó. Los tres, Barlos, Thara y Nolas, quedaron alucinando al ver que era Monty el causante, que además estaba agarrando a un tipo por la solapa del traje.
El tipo dijo algo y se desmayó.
Monty salió del edificio por el hueco que había hecho y volvió con sus compañeros, que seguían anonadados.
"¿Pero tú de dónde sales?" Barlos seguía incrédulo. "Que lances por los aires a un tipo que te saca varios palmos, pase, pero... ¿romper una pared?"
"Y lo más interesante es que parecía que ni la hubiera tocado," añadió Thara, "¿qué clase de técnica es esa?" preguntó por curiosidad.
"Es una técnica que estuve practicando cuando estaba en Skypiea," les explicó Monty, "básicamente se trata de comprimir mucho aire y reforzarlo con Busoshoku Haki, para después proyectarlo. Va bien para corta y media distancia, y lo mejor es que evito cualquier contacto con el rival. Por cierto, el hombre me ha dicho que la guarida donde se encuentra Duccus está allí," dijo mientras señalaba un edificio concreto del círculo interno de Belos.
Al entrar no parecía que Duccus se encontrara allí mismo, más bien parecía que habían entrado en un bar, con sus estantes repletos de bebidas alcohólicas, su barra con taburetes altos, y varias mesas vacías, todo de madera. El local era muy oscuro de por sí, y encima estaba pobremente iluminado por antorchas mal colocadas.
"No sé si tu amigo te habrá informado del todo bien," dijo Nolas.
"Descuida," detrás de la barra, junto a la máquina registradora, había una puerta. "Creo que es por allí," nadie puso ningún problema.
Nada más entrar, toda la madera pasó a ser piedra maciza, la madera parecía estar reservada únicamente para el bar. Unas escaleras de bajada eran el único camino posible.
"Parece que estemos yendo derechos al infierno," comentó Thara al notar que las escaleras era absurdamente largas.
"Al infierno, no sé, porque calor no hace," dijo Nolas, "pero lo que es humedad... Debemos estar bastante por debajo de Belos."
Cuando las escaleras ya parecía que se burlaban de ellos oyeron algo.
"Llegarán aquí tarde o temprano, espero que les déis el recibimiento que se merecen," era la voz de Duccus y su sonrisa malévola, aunque extrañamente nerviosa.
Barlos detuvo a Monty, que era el que lideraba la comitiva, y reunió al grupo en las estrechas escaleras.
"Nos esperan, pero no ahora, es un buen momento para un ataque sorpresa..." dijo el mismo Barlos, en voz baja para no ser oído.
"¡Bien!¡Me encantan los ataques sorpresa!" gritó Monty, excitado por la idea.
"Maldición, ya podemos olvidarnos de cualquier resquicio de sorpresa en nuestro ataque," dijo Barlos con resignación.
"¡WUAJAJAJAJA!" La personalidad oculta de Thara acababa de aflorar, armada con subfusiles en ambas manos. "¡Vamos a recetar dosis de plomo!"
Thara y Monty se habían adelantado al grupo, Barlos preparaba su trabuco y Nolas Izold se había quedado quieto, como una estatua.
"¡Ya están aquí!" gritó Duccus, su voz resonando por los pasillos de piedra, "¡Detenedlos! Que no lleguen al puerto subterráneo... ups, esto último no tendría que haberlo dicho."
Nada más abandonar las largas escaleras de piedra, el camino se trifurcaba, es decir, se podía ir recto o bien a derecha o izquierda. Y como bien pudieron comprobar Thara y Monty, en las tres direcciones había esbirros armados, que al verlos llegar al cruce abrieron fuego.
*RATTTATATATATATAA*
*RATAATTATTATATATATA*
"Cuando te diga, corre hacia adelante, Thara," Monty se concentró. "¡Peón!" La técnica de Monty impactó contra el techo, del que se desprendieron algunas piedras, que cayeron sobre los esbirros ahí situados, "¡Corre a cubierto, Thara!"
Él y Thara se cubrieron tras el pasillo que acababa de quedar bloqueado. No lo vieron, pero unas gotas de agua se desprendían de una pequeña cavidad. Barlos y Nolas acabaron de bajar las escaleras con precaución, y al ver que no había peligro enfrente, atravesaron la línea de fuego.
El trabuco de Barlos no era de mucha utilidad en ese lugar dada su dispersión, pero el chico lo seguía teniendo agarrado en sus manos, posiblemente por seguridad. Thara sacó un lanzagranadas de algún lugar y disparó contra el pasillo que quedaba a su derecha, el de la izquierda visto desde las escaleras de acceso.
*BOUM*
La explosión causó un efecto similar al que había tenido la técnica de Monty, que fue el despredimiento de unas cuantas piedras que bloquearon el paso. Ahora sólo podían seguir en una dirección... si nadie bloqueaba ese acceso. La mala noticia era que todavía quedaban enemigos armados disparando contra ellos.
"Ni se te ocurra disparar eso de nuevo," Barlos bajó el lanzagranadas con el que Thara estaba apuntando al grupo de seguidores de Duccus.
Monty tomó carrerilla y saltó, encarándose al grupo armado. Dio varias patadas en el aire, dirigidas contra ellos.
"¡Alfil!"
De los diales hacha en los pies de Monty salieron proyectadas varias hojas afiladas de energía. Monty aterrizó, saltó de nuevo con una voltereta y siguió lanzando proyectiles de energía afilados. Pronto, los pocos esbirros que quedaban abandonaron las armas y se retiraron.
"Bien, vía libre," informó Monty.
Al pasar por el lugar donde habían estado los tipos apostados disparando, Barlos y Nolas Izold aprovecharon para armarse con los despojos que pudieron rescatar. Al fin y al cabo era mejor que nada.
Fueron abriendo puertas en busca de Duccus, pero no encontraron nada. Finalmente acabaron por encontrar un enorme pasillo que daba al puerto subterráneo. Por lo que pudieron comprobar había varias entradas que llevaban ahí. Todo parecía en calma, incluso un hombre estaba trabajando en los barcos.
"¿Eres tú, Olward?" Nolas Izold movía la cabeza, intentando enfocar al hombre.
"¿Alcalde?" Olward se detuvo en sus quehaceres al oir esa voz. "¡Alcalde!" la expresión de Olward cambió de su inexpresividad de momentos antes a la alegría.
"Olward, Kallin está muy preocupada," le dijo Nolas, "¿estás bien?"
"Espero que Kallin esté bien," dijo con un tono de esperanza en su voz, "los esbirros de Duccus ni él mismo me han tratado mal en ningún momento, claro que tampoco les he dado motivos para hacerlo."
"¿Qué querían de tí?" preguntó Barlos.
"Querían que reparara los barcos, que dicho sea de paso están en bastante mal estado," les explicó Olward.
"Al parecer..." dijo Nolas, pero un estruendo interrumpió lo que fuera que iba a decir.
"¿Qué ha sido eso?" Thara parecía preocupada.
La respuesta no tardó en llegar. Una corriente de agua se estaba llevando todo lo que tenía por delante.
"¿De dónde ha salido tanta agua?" exclamó Monty.
"Creo que entre tu técnica y la explosión causada por Thara han acabado por hacer ceder el techo," explicó Barlos.
"¡Rápido, subid aquí!" les instó Olward.
Agua y más agua entraba por el enorme pasillo por el que el grupo había entrado al puerto subterráneo.
"¡Auxilio!¡Auxilio!" oyeron una voz gritar.
"Oigo una voz, pero no sé de dónde viene," dijo Thara.
"Uhm... sí, yo también he oído algo, como si alguien estuviese pidiendo ayuda," dijo Nolas.
"Ahí, ahí," la coleta de Barlos señalaba un punto hacia el que todos dirigieron la mirada. Era Duccus, que estaba haciendo esfuerzos inhumanos para mantenerse a flote a pesar de la corriente.
"¿Vale la pena ayudarle?" comentó Olward. Nolas le transmitió sus dudas al mafioso.
"¡¿Qué motivos tenemos para ayudarte, Duccus?!"
"Creo que nadie... de vosotros," cada vez le costaba más mantenerse a flote, y el hecho de que fuera poco atlético, por decirlo de alguna manera, no ayudaba, "... sabe... cómo salir de aquí."
El puerto ya estaba inundado y era imposible salir por ninguna de las puertas. Duccus tenía un punto en su argumento.
"Tiene razón," admitió Thara, "nadie de nosotros sabe cómo salir de aquí."
"¡Voy!" Monty se libró de casi toda su ropa, a excepción de los pantalones, y se lanzó al agua.
*SHPLOF*
Ciertamente la corriente era bastante fuerte, incluso a alguien entrenado como Monty le costaba nadar. De mientras, en el barco, estaban buscando una cuerda que lanzar para cuando Monty volviese. Duccus estaba tan cerca, Monty casi lo llegó a tocar con las yemas de los dedos, pero Duccus se rindió ante el poderío del agua y empezó a hundirse.
"¡Relájate! Respira pausadamente" le aconsejó Monty, pero era harto complicado que Duccus lo hubiera oído.
Monty tomó aire y se sumergió. Duccus estaba hundiéndose, pero Monty logró cogerlo y lo llevó hasta la superficie. Con esfuerzo lo arrastró hasta el barco, donde esperaba Barlos en una cuerda.
"Dame la mano," dijo Barlos, y Monty hizo lo que le decía. Tiró de la cuerda, "agarra bien a Duccus," y la cuerda empezó a subir. Finalmente se encontraban los tres en la cubierta del barco.
"Bien," dijo Nolas, "¿y ahora nos puedes decir cómo salir de aquí?"
"No será fácil," dijo Duccus, que estaba tumbado en el suelo, "hay una rueda que se tiene que girar para abrir la puerta del ascensor, pero ahora mismo está sumergida."
"No hay problema, ahora voy," se ofreció Monty.
"Espera, hay un pequeño problema," Duccus se acababa de incorporar, "para que el ascensor funcione la puerta tiene que estar cerrada, se cierra una vez se deja de dar vueltas a la rueda que enrolla la cadena, por lo que tienes que nadar muy rápido si quieres subir con nosotros. Si no lo consigues tendrás que volver a abrir la puerta."
"Espero conseguirlo."
*CHOF*
Mientras Monty nadaba hacia la enorme puerta de piedra del ascensor, Duccus hacía las de capitán dirigiendo su tripulación temporal. El barco no tardó en ponerse en marcha, aunque muy lentamente porque eran Olward y Nolas en un lado y Barlos y Thara en el otro los que llevaban los remos.
Monty llegó hasta la puerta y se sumergió para saber dónde estaba la rueda de la que le había hablado Duccus. Efectivamente, era una rueda, la típica de los castillos medievales para abrir puertas grandes, aunque estando debajo del agua, Monty estaba pensando cómo ideárselas para moverla. Cuando se empezó a quedar sin aire volvió a la superficie. El barco iba muy despacio.
"¡Puerta!" gritó Duccus a pleno pulmón, cuando ya el barco estaba llegando a la puerta.
Monty volvió junto a la rueda y con todo su empeño se plantó e hizo fuerza para mover la rueda.
*ffffFRFRFRFRFR*
Al llegar al límite de la cadena Monty espero un rato, todo lo que le permitía su reserva de oxígeno, y volvió rápidamente a la superfície.
"Arf, arf," jadeaba, era cierto que la puerta se estaba cerrando muy deprisa, pero si le echaba ganas podría conseguir atravesar la puerta.
Ya se preocuparía de subir al barco una vez atravesada la puerta. ¿Y si quedaba aplastado al no poder cruzar? Eso le dio un empujón para seguir moviendo brazos y piernas. El barco ya había atravesado la puerta y estaba esperando.
De pronto notó que no podía nadar más. Había algo duro debajo de él. ¡Era la puerta, que se estaba cerrando! Con la poca fuerza que le quedaba se puso de pie, y antes de que la enorme puerta se cerrara, aplastándolo como un molesto insecto, dio un salto formidable.
*CHOF*
"¡Eh, chaval!" gritó Duccus, al estar en un espacio encerrado el eco era muy molesto, "necesito una última cosa, el sistema de ascensor funciona con un resorte que, en condiciones normales, el mismo barco acciona, pero ahora con tanta agua no llega. Es un botón muy grande. Necesitarás hacer fuerza."
Monty al oír eso se dio un chapuzón de nuevo, tal y como había dicho Duccus, ahí había un gran botón, pequeño para el tamaño del barco. ¿Cómo podía pulsarlo?
"¡Peón!" gritó Monty, aunque al estar debajo del agua sólo salieron burbujas, el aire comprimido reforzado con Busoshoku Haki tuvo el efecto deseado, y el gran botón fue accionado. El nivel del agua empezó a subir, y Monty volvió a la superficie rápidamente, antes de de que se le agotaran las fuerzas.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXV
jueves, 24 de julio de 2014 a 9:00 1 quejasCapítulo Vigesimoquinto: Tiroteo en la plaza
"¡Maldito Duccus!" exclamó Barlos.
Él y Thara encabezaban el grupo, les seguía Monty, y Nolas había querido venir a pesar de haberle contado el peligro que corría. Shaunt, algo más precavido que el alcalde, se había quedado en el ayuntamiento.
El grupo avanzaba por las calles de Belos, intentando alcanzar el círculo interno de la ciudad. En otro lugar, desconocido, alguien informaba a Duccus de los movimientos de sus potenciales enemigos.
"Bien, si quieren guerra, tendrán guerra," dijo mientras soltaba una risa malévola, "y encima, el alcalde va con ellos. Dos pájaros de un tiro..."
Duccus salió de la habitación donde estaba metido, una especie de despacho, muy oscuro, pobremente iluminado por antorchas. Se encendió un puro y aspiró el humo. Atravesó un pasillo de piedra y llegó a un salón bastante espacioso y mucho mejor iluminado.
"¡Quiero una línea defensiva alrededor del perímetro del círculo!¡Y lo quiero ya!" ordenó.
"¿Por qué?¿qué ocurre?" preguntó uno de los secuaces que se estaba preparando para salir, en ese momento se abrochaba un cinturón con munición.
"Nolas y sus chicos están de camino, y quiero el mejor recibimiento para el alcalde," explicó Duccus al tiempo que, de nuevo, emitía una risa malévola. "¡No quiero que pasen!¿Entendido?"
"¿Cuántos son?" preguntó un anónimo. Duccus se vio acorralado por la pregunta, eran tan solo cuatro personas de las cuales una era el alcalde, que no tenía conocimientos marciales conocidos. Finalmente respondió.
"¡No os dejéis engañar por los números! Son 4, pero ay del pobre que deje que pasen," amenazó Duccus. "Si cazáis a uno de ellos, traédmelo vivo."
Casi todos los que estaban holgazaneando en el gran salón, dicho esto, se pusieron en marcha. Olward seguía en la base subterránea, reparando los barcos, ajeno a todo el barullo que se estaba montando.
Ya casi se divisaba la calle que llevaría al grupo al círculo interno de Belos, con Barlos y Thara en la vanguardia. Doblaron la esquina y siguieron avanzando...
*PEW* *PEW*
*RATTATATATA*
"¡Retirada!¡Retirada!" gritó Barlos al ver que eran recibidos con plomo en forma de balas, mientras su coleta tomaba forma de exclamación.
Dio media vuelta, recogiendo a Thara, tirándola del yukata, antes de que ella pudiera reaccionar. Monty y Nolas Izold que iban detrás vieron que Barlos y Thara acababan de pasar junto a ellos, y fue al ver la barricada que entendieron por qué. Cobijados en esa última esquina, maldecieron a Duccus.
"¡Seguro que ha sido él el que lo ha organizado todo!" dijo fastidiado Barlos.
"Tiene que haber un modo de entrar," comentó Thara.
"Sólo se me ocurre una manera, y es derrotando a todos los esbirros," dijo Monty, y añadió, "pero usted señor Bolas mejor que no venga, estará más seguro en el ayuntamiento."
"Gracias por preocuparte por mi seguridad, Monty," dijo sonriendo Nolas, "pero estoy seguro de que estaré a buen recaudo junto a Barlos y Thara. Además, confío en mis posibilidades," añadió confiado.
"Bien, entonces," dijo Monty, "si queréis voy yo de cebo."
"¿No te pasará nada?" Thara parecía preocupada al oir eso.
"Jaja..." Monty se frotó la nariz, "yo también confío en mis posibilidades."
Habiendo dicho esto, con un ágil movimiento salió de su cobijo en la esquina. Los esbirros de Duccus estaban manteniendo la posición a sabiendas de que el grupo de cuatro tenía como objetivo penetrar sus defensas, al ver a Monty abrieron fuego de nuevo.
*PEW* *PEW*
*RATTATATATA*
Por algún extraño motivo, ninguna bala lograba acertarle, a pesar de que Monty virtualmente se encontraba en su trayectoria. Caminaba tranquilamente, capa al viento, disfrutando de la expresión de incredulidad en las caras de los esbirros.
"¡No es humano!" gritó uno. Era el tipo de respuesta que había estado esperando Monty, obvio era que no sabían que se trataba del Kenbunshoku Haki, o Mantra para la gente de Skypiea.
"¡Traed los lanzacohetes, rápido!" dijo otro.
De pronto la ráfaga de balas y plomo se detuvo. Frente a él se plantó un tipo corpulento, grandote, armado con un lanzacohetes, y a juzgar por su expresión estaba apuntando a Monty. Confiado, el villano apretó el gatillo, convencido de que le sería imposible a ese criajo evitar un proyectil de esas características.
Lejos de esquivarlo, Monty se lanzó contra el obús, preparando un puñetazo.
*ZAP*
*BOUUUM*
A causa del impacto, el obús estalló. Monty sonreía, era lo que había estado esperando, ahora su dial de impacto estaba cargado. Sin embargo, prefería no usar los diales cargados si no era contra un rival de entidad, así que se conformó con usar el Busoshoku Haki. Con suma rapidez se colocó frente al tipo del lanzacohetes, que estaba recargando el arma.
"Mi turno," dijo Monty.
Nolas y Thara y Barlos se lo miraban con incredulidad, con la diferencia que Monty iba con ellos y no contra ellos.
"¡Peón!" gritó Monty, anunciando su técnica.
Dio una palmada en el aire, apuntando a su objetivo, quedando la mano abierta a poca más de medio metro. No parecía ocurrir nada, pero instantes después el sujeto salió volando, como si hubiera sido golpeado por un bate invisible. Eso causó más nerviosismo entre los seguidores de Duccus, que concentraron el fuego en Monty.
"¡Ya podéis venir!" dijo mientras daba un salto.
Barlos y Thara, seguidos por Nolas Izold, salieron también del cobijo de la esquina, ahora que todos estaban entretenidos con Monty. El círculo interno era una plaza relativamente ancha, un buen sitio para la defensa, estratégicamente hablando, y un infierno para los atacantes, en ese caso Barlos y Thara. Había una fuente de piedra casi en el centro, y todos los edificios, aunque bajos (no tenían más de dos plantas) tenían balcones. Como oferta del día, los balcones estaban ocupados por individuos armados, repartiendo balas a 2x1.
Barlos iba armado con su trabuco, que era muy efectivo a corta y media distancia, pero la dispersión hacía perder efectividad con la distancia. Thara, por su parte,...
"¡Bastardos malnacidos!" gritaba mientras disparaba y recargaba sus pistolas a una velocidad desenfrenada.
*PEW-PEW*
"¡Os arrancaré la cabeza de cuajo!" lo cual era irónico porque atacaba desde la distancia.
"Es muy escurridizo," comentó un tipo que estaba disparando al alcalde.
Y es que con una serie de movimientos raros, cuasi serpenteantes, más parecidos a una danza exótica que a otra cosa, Nolas Izold esquivaba las ráfagas de balas que recibía. En ese momento estaba con las manos en alto, con su cuerpo ondeando.
Monty avanzaba repartiendo estopa, de balcón en balcón, donde a Barlos y Thara les era más difícil llegar. Barlos seguía el perímetro de la plaza en sentido inverso al de Monty, y Thara desde el centro de la plaza, había abandonado las dos pistolas y ahora llevaba un fusil de asalto.
"¡Malditas cucarachas!¡Os descuajaringaré!" seguía gritando Thara.
*RATATATTATATATATATATA*
Tras descargar el cargador entero del rifle, lo lanzó y de alguna parte sacó un bazooka. Tomó posición y disparó.
*BOUUM*
El terreno ya empezaba a estar libre de esbirros, Barlos se acercó a Thara, quién seguía armada con el bazooka.
"Tranquilízate, Thara, ya no hay peligro," le dijo Barlos.
Thara cambió radicalmente de expresión, de la de restreñida a la que tenía antes de entrar en batalla. Los pocos esbirros que quedaban estaban entrando en sus guaridas.
El Kenbunshoku Haki de Monty notó algo. En uno de los tejados había un tirador, preparado para realizar su faena.
"¡Cuidado, agachaos!" advirtió Monty, al tiempo que dio un salto acompañado de una voltereta en el aire, y lanzó varias patadas, "¡Alfil!".
Una lluvia de hojas de energía cortantes procedentes de los Diales Hacha en sus piernas se dirigía al lugar en el que se encontraba el tirador, que después del ataque ya no representaba una amenaza.
"Uhm... ¿qué?¿qué hago yo con esto?" Thara se había dado cuenta de que llevaba un bazooka en sus manos, lo tiró inmediatamente, "¿y mis pistolas?"
"No sé, tú sabrás, son tuyas," respondió Barlos, posiblemente habituado a encontrarse con escenas similares.
Mientras buscaba, Nolas estaba analizando los edificios.
"¿Cuál de ellos será?" preguntó. Nadie de los presentes parecía tener la respuesta.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - Extras V
miércoles, 28 de mayo de 2014 a 11:14 1 quejas
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXIV
lunes, 19 de mayo de 2014 a 6:30 2 quejasCapítulo Vigesimocuarto: Corta Primavera
Con la llegada de la corta primavera en Belos las calles se llenaban de vida, las paradas florecían y la gente aprovechaba para hacer las compras de toda la semana, para así evitar tener que salir los días de otoño o invierno, demasiado fríos, lluviosos o nevados. Y el ciclo se repetía sin cesar.
Un hombre de mediana edad paseaba, junto con su carro de la compra, de parada en parada. Olward había vivido toda su vida en Belos, y toda su vida se había dedicado a trabajar la madera, como su padre le enseñó. Para no perder la tradición, Olward enseñaba a su hijo el oficio. Esa mañana esperaba un paquete de tierras lejanas.
"¿Qué te pongo, Olward?" le preguntó el pescadero.
"Ponme lo más bueno que tengas, hoy tengo algo que celebrar," respondió él.
El pescadero reflexionó unos instantes, ante la petición de su cliente. Instantes después llenaba un cucurucho de papel de unas exquisitas pescadillas que asemejaban su gusto a las preferencias del comensal.
"Con esto no puedes fallar, si tienes invitados," le advirtió el pescadero. Olward pagó la compra, se despidió del pescadero y se fue.
Saludaba a sus amigos y conocidos, a los primeros efusivamente, a los segundos, no tanto. Frutas, y verduras y carne. Las frutas y verduras, en su mayoría, eran de invernadero, debido a los bruscos cambios de temperatura de la isla. También los había de mercaderes que venían en barco, aunque de estos había más bien pocos, y sin embargo iban bien cotizados.
Las carnicerías se proveían de corrales y granjas de la misma isla, los granjeros, a pesar de todo, compraban ganado cuando algún mercader se presentaba, para poder diversificar las razas.
Olward notó algo extraño. Al girarse vio tres personajes de la banda de Duccus, el mafioso con cara cerdícola, que parecían estar siguiendo a alguien. No le daban muy buena espina y los consideraba una especie de parásitos en Belos, pero no osaba decirles nada por miedo a represalias. Marchó un poco más rápido para sacárselos de encima, pero entonces vio que ellos también aceleraban el paso.
"Mierda, mierda, mierda..." dijo en voz baja Olward, "espero que no me estén siguiendo a mí."
Para descubrirlo torció la esquina y esperó. El corazón le iba a cien, un corazón bien sano libre de infartos, por cierto, y las manos le temblaban. Los maleantes no aparecían, habría sido todo fruto de su imaginación. Ahora volvería a su casa, le entregaría a su esposa la compra y ella empezaría a cocinar las pescadillas. Después entraría en el taller y regañaría a su hijo por no tratar la madera con el debido respeto. Llamarían a la puerta y por fin recibiría su tan ansiado pedido.
Pero no iba a ser así.
De pronto vio un pie, luego otro y sin apenas darle tiempo tres caras lo miraban y se acercaban a él.
"¡Está ahí!" dijo uno de ellos de forma bastante audible.
"¡Es él!" dijo otro de los granujas de Duccus, "o por lo menos la descripción coincide."
La descripción hablaba de un hombre de mediana edad, de cabellos oscuros y algo de barba. Lo rodearon como gitanillos, sin darle opción a escapar. Uno de ellos habló.
"¿Eres Olward, el carpintero?" le preguntó, antes de darle tiempo a responder añadió "más te vale decir la verdad. A mis compañeros y a mí no nos gustan los mentirosos."
Uno de los que restaban callados se petó los nudillos de las manos, en posado claramente amenazador.
Por su mente pasaban diálogos como '¿qué queréis de mí, malandrines?' o 'iros a tomar por saco, desgraciados', pero sabía que hacerse el gallito ahora no le reportaría beneficio alguno.
"Sí, lo soy," dijo Olward.
"Bien, pareces inteligente," le dijo el hombre con el que estaba conversando, "sabemos donde vives, así que no intentes nada raro. El señor Duccus quiere verte, y quiere verte ya."
La cabeza de Olward hervía con posibles situaciones, finalmente, sabiendo que oponer resistencia no le daría más que problemas, habló.
"Ehm... primero tendría que pasar por casa para dejar la compra, mi mujer encontraría raro que tardara tanto rato," dijo de forma serena.
"Uhm..." caviló su interlocutor, "tienes razón."
En ese momento, del ayuntamiento salía Nolas Izold, el alcalde, junto con Barlos y Thara, sus guardaespaldas, y el joven Monty iba con ellos. Nada más ver el grupillo de malandrines Barlos se puso en estado de alerta, y así lo indicaba su coleta.
"Nosotros te acompañamos," le dijo el tipo que estaba hablando con Olward, "por si acaso."
En ese momento se dieron cuenta de que estaban siendo observados y abandonaron la escena.
"¿Qué estáis mirando?" dijo uno de los indeseables cuando pasaron por su lado, pero la situación no se caldeó más que eso.
La mañana pasó sin problemas para el alcalde, que recibía la aceptación de la gente de Belos. Era una persona querida. El clima era muy agradable y para descansar del garbeo se sentaron en una terraza, para tomar algo.
"Bien, ¿qué queréis tomar? Invito yo," les dijo Nolas.
"Un batido," dijo Barlos.
"Una copa de helado..." dijo tímidamente Thara.
"Uhm... no sé, un... refresco de cola," dijo Monty leyendo algo de la carta que le llamó la atención.
El camarero tomó nota del pedido. Conversaron un poco más y encargaron algo de comida para llevar. Finalmente, llegaron de nuevo al ayuntamiento. Una señora se acercó corriendo al verlos.
"¡Alcalde!¡Alcalde!" parecía nerviosa y angustiada, de alguna manera.
"¿Qué pasa, Kallin?" la expresión del alcalde cambió de su habitual de bonachón a fruncir el ceño. Que Olward estuviese teniendo tratos con Duccus como había visto antes no auguraba nada bueno. Kallin era la esposa de Olward.
"Olward, es Olward," le resultaba complicado articular una frase con sentido.
"¿Qué ocurre con Olward?" preguntó Barlos.
"Ha venido esta mañana... pero enseguida a vuelto a salir," dijo Kallin.
"¿Y qué hay de extraño en esto?" preguntó esta vez Thara.
"Estaba esperando un cargamento de madera buena, llevaba días excitado con la idea," les explicó Kallin, "por eso me extraña que haya desaparecido hoy mismo, que era cuando tenía que llegar."
El primer círculo, o el círculo más interno de Belos, tenía una atmósfera propia, algo más oscura que el resto de la isla. Dentro de uno de los locales, bastante ajado, en un subterráneo se encontraba Olward. El subterráneo estaba pobremente iluminado por torchas. Era un subterráneo enorme en el que Duccus guardaba sus barcos.
Los barcos estaban anclados en un espacio cuadrado de agua, contenido por placas de cemento, por el que se veía una salida. Probablemente daba al mar, pero Olward no estaba preocupado por eso, en cambio recordaba su conversación con Duccus.
"He tenido ciertos problemas con mi carpintero de barcos..." la expresión de Duccus era bastante autoexplicativa.
"¿Y qué pinto yo aquí?" preguntó Olward, extrañado.
"Por favor, no me hagas reír, mis fuentes saben y me dicen cosas," en un tono que no aceptaba réplica, "ha llegado a mi saber que en tus ratos libres reparas barcos, y yo necesito alguien que repare mis barcos."
"Uhm..."
"Puedo convencerte por las buenas o por las malas," le dijo Duccus, "por las buenas tendrás buena reputación entre mi gente y te garantizo que no tendrás ni un problema con nadie en Belos, y no te faltará nada ni a tí, ni a tu familia. Si es por las malas... bueno, prefiero no contártelo."
El estado de los barcos era bastante deficiente y le llevaría un tiempo ponerlos a punto. Sin embargo Olward era bastante práctico y cuanto antes se pusiera en marcha antes podría irse.
"De momento me fiaré de tí y no te pondré guardias, espero que no me des motivos para hacerlo," dicho esto Duccus se largó por las escaleras por las que habían entrado.
Por lo menos lo habían dejado trabajar solo, cosa que era de agradecer. Su única preocupación era poder comunicarse con su esposa, Kallin.
Nolas Izold se encontraba en su despacho junto con Monty, y Barlos y Thara.
"Creo que Duccus ha llegado demasiado lejos," dijo Nolas enfadado, "tenemos que hacer algo."
"¡Propongo destrozar su local!" la personalidad guerrillera de Thara afloraba.
"Lo que sí está claro es que tenemos que hacer algo con Duccus," dijo Barlos, "no puede andar por Belos como Pedro por su casa, pensando que puede hacer lo que le venga en gana sin dar cuenta de ello."
"Si tenemos que ir a su guarida me apunto," añadió Monty, "quiero ver si tiene barcos."
*TOC TOC*
"¡Adelante!"
Por la puerta del despacho entró Shaunt con un papel enrollado, resultó ser un mapa del círculo interno de Belos.
"El local de Duccus creemos que es este," dijo Shaunt señalando uno de los edificios del mapa, "en realidad todos los locales son de Duccus, pero sospechamos que algunos de ellos contienen otras mercancías."
"Esta primavera será muy corta..." dijo Nolas Izold.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXIII
lunes, 14 de abril de 2014 a 6:30 1 quejasCapítulo Vigesimotercero: Tras el tirador
"¡He visto una sombra moverse!" advirtió Barlos, a la vez que su coleta tomaba la forma de un signo de exclamación. "¡Ahí!" señaló, pero la sombra acababa de desaparecer.
Monty tomó carrerilla y saltó al borde del edificio, no tenía del todo claro si llegaría a la azotea de enfrente, y menos Barlos y Thara, que lo miraban con recelo. Al llegar a la cornisa Monty estiró su cuerpo, consiguiendo colgarse de ella.
Barlos y Thara regresaron al interior del ayuntamiento mientras Monty se las apañaba para subir a la azotea. En estos momentos el tirador debía andar lejos de ahí en esos momentos.
*arf arf*
Monty jadeaba, y como acto de clemencia por su esfuerzo y sudor, primero le cayó una gota, después otra, y así empezó a llover. Desde la posición en la que se encontraba se podía ver el salón donde Nolas había recibido el disparo.
Por su parte, Barlos y Thara descendían las escaleras camino de la calle, aunque estaban preocupados por el estado de Nolas, sabían que su deber era encontrar al causante del incidente.
"¿Estará bien Monty?" preguntó Barlos, "es un salto muy arriesgado."
"Más le vale seguir vivo," respondió Thara sin dejar de correr. Habían llegado al piso a nivel de calle, la recepcionista estaba escondida debajo del mostrador y asomó la cabeza cuando oyó que los pasos se alejaban. Al salir notaron que la lluvia ya se había hecho con las calles.
"¿Por dónde vamos?" Barlos no tenía la cabeza clara en ese momento.
"Creo que hay un callejón no muy lejos de aquí," Thara se puso de líder provisional.
*chip chap chip chap*
Las sandalias de Thara chapoteaban a cada paso que daba, sus calcetines se mojaban, para su desgracia.
"Y ahora se pone a llover... me voy a poner perdida, y como llueva mucho más igual pillo un resfriado," Thara no parecía estar muy contenta con el tiempo.
"Mañana llega la primavera," dijo Barlos optimista. Era de noche y llovía, dos de los motivos más poderosos para no encontrar gente por la calle, sin embargo las ventanas brillaban tenuemente, lo que quería decir que la gente estaba en sus casas. A pocos metros se encontraba el callejón que había mencionado Thara.
*chip chap*
"¡Alto!" Barlos y Thara estaban apuntando con sus armas a un tipo que venía del callejón, llevaba sus manos en los bolsillos, pero al verse superado en fuerza y número levantó las manos enseguida. El sombrero que llevaba impedía que pudiesen verle la cara con claridad, pero Barlos hubiese jurado que su expresión era un tanto ladina. Al no presentar peligro alguno lo dejaron seguir con su camino.
"Un tipo sospechoso," dijo Thara, "no me daba muy buena espina."
Después de rehacerse del pequeño percance con ese hombre siguieron el callejón, oscuro pero vacío, para acabar llegando a la calle de detrás del ayuntamiento, por la que no circulaba ni un alma.
"Tenemos que buscar otro callejón," anunció Barlos, "el tirador se ha ido hacia la parte trasera de su edificio, no sé si Monty lo habrá podido alcanzar."
"Si vamos por ahí, creo recordar que había otro callejón," Thara señalaba hacia su derecha.
"Me parece bien," dicho esto se pusieron en marcha de nuevo. Tal y como había dicho Thara, no muy lejos se podía ver otro callejón, igual de oscuro y vacío que el anterior. Se adentraron en él y lo atravesaron rápidamente...
*chip chap*
"¡Alto!" Thara y Barlos apuntaban con sus respectivas armas a quienquiera que fuese que los estaba apuntando con un rifle, pero bajaron sus armas cuando vieron que se trataba de Monty.
"¿Qué tal te ha ido?" le preguntó Thara, Monty le entregó el arma mientras narraba su relato.
"Al llegar al otro lado he mirado por todos los sitios, pero no he tenido suerte. Al asomarme a la parte trasera he visto la sombra que estaba bajando por las escaleras exteriores así que lo he seguido, pero como se ha deshecho del rifle al huir me ha despistado. Ha huído por el callejón por el que habéis venido, creo."
"¡Joder!" exclamó Barlos, "igual era el tipo sospechoso con el que nos hemos cruzado, pero como no iba armado no nos hemos preocupado..."
"Y Nolas ha quedado desprotegido... ¡Mierda!" exclamó Thara, "¡volvamos!"
El grupo de tres retomó el callejón y rápidamente se metieron en el otro callejón, preocupados por el estado del alcalde, igual el tiro era para despistar, y la intención real era precisamente, lo que habían conseguido, dejarlo totalmente desprotegido. Estaban llegando al ayuntamiento.
Al oír pasos la recepcionista se agachó, ocultándose, pero ninguno de los tres prestaron mucha atención. Al ver que se trataba de ellos, ella llamó su atención.
"¡Eh, chicos!"
Barlos se giró, mientras su coleta tomaba la forma de un signo de interrogación. El resto del grupo se detuvo junto con Barlos, y vieron a la recepcionista que se levantaba, los tres se aproximaron al mostrador de recepción.
"¿Ha entrado alguien?" le preguntó Thara.
"Desde que habéis salido, no. No ha entrado ni salido nadie," respondió, "¿qué ha pasado?"
"Alguien ha disparado un tiro contra la ventana," le explicó Thara, evitando mencionar que el alcalde había sido alcanzado, "hemos salido para ver si alcanzábamos al malhechor, pero se nos ha escapado, y pensábamos que tal vez lo que querían era dejar al alcalde desprotegido."
"Pues no, no ha entrado nadie," insistió la recepcionista.
La comitiva regresó al despacho de Nolas Izold, lo hicieron con tranquilidad después de oír a la recepcionista, y reafirmarse en sus palabras. Una de las doncellas estaba acabando de desinfectar la herida en la pierna de Nolas, la otra sujetaba una venda, mientras Shaunt observaba.
"Aquí está la pequeña cabrona," Nolas les enseñaba a sus guardaespaldas y a Monty la bala, que habían extraído de su pierna, depositada en un pequeño cuenco metálico, también había restos de sangre. "Por lo menos puedo alegrarme de que esté entera y no me hayan quedado restos en el interior de la pierna," al tiempo que decía esto la doncella de la venda vendaba su pierna fuertemente.
"Me quedaría más tranquilo si mañana por la mañana te pasaras por la consulta de algún médico," le dijo Shaunt.
"Sí, tal vez debería verme un médico, pero hoy es demasiado tarde, esperaré a mañana, puesto que no me duele mucho," Nolas Izold movía su pierna, comprobando si haciendo algún gesto le dolía, pero no, todo parecía correcto. Barlos y Thara se ofrecieron para acompañar a Nolas a su habitación. Si bien no vivía ahí, siempre había un par de habitaciones con camas listas por si tenía que trabajar hasta tarde o levantarse muy temprano. "Me sentiría más seguro si, además de vosotros," dijo a sus guardaespaldas, "Monty también se quedase conmigo esta noche, si no te importa," esta vez sus palabras iban dirigidas a Monty.
"N-no, claro que no me importa," de hecho, Monty tampoco tenía ningún sitio en el que dormir, aunque tenía varias de sus cosas en la consulta de la doctora Nelson.
"Entonces perfecto, todo arreglado," Nolas parecía especialmente satisfecho, Shaunt le había contado cómo se había ocupado de los esbirros de Duccus, por lo menos hasta el momento en que Shaunt fue derribado y perdió el conocimiento.
Shaunt abandonó el despacho de Nolas para volver a casa. Las dos doncellas también abandonaron el despacho, pero en su caso era para seguir ocupándose de sus tareas. La habitación en la que tenían que dormir tenía seis camas, tres a cada lado, cada una con su correspondiente mesilla de noche, estaba todo muy compacto aunque había espacio de sobras. Otro aspecto de la habitación que llamaba la atención de Monty era que no había ventanas.
"¿Por qué esta habitación no tiene ventanas?"
"Jejeje... buena pregunta. La más importante es que el arquitecto no lo comprobó y el jefe de obras tampoco... Pero ya que tiene este defecto desde tiempos inmemoriales se ha usado para alojar invitados que tienen que pasar la noche, ya que al no tener ventanas es un aspecto de la seguridad menos que se tiene que comprobar, y el sol ni ninguna luz tampoco molestan," le explicó Nolas.
"Dicho esto, alcalde, usted debería colocarse en una de las dos camas del fondo," le dijo Barlos, mientras su coleta le rascaba la cabeza.
Antes de dormirse, Monty les estuvo explicando cómo había sido su estancia en Skypiea. Nolas y Barlos y Thara quedaban anonadados tras cada historia que Monty les contaba. Y así, el sueño fue invadiendo el espacio hasta que todos quedaron dormidos.
Y tan lentamente como la luna se había levantado, a pesar de no verse a través de esta habitación, el sol fue tomando su lugar, y con él, la primavera. Corta primavera de dos días, acompañada de un sol radiante.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXII
lunes, 24 de marzo de 2014 a 6:30 1 quejasCapítulo Vigesimosegundo: Primer aviso
"El bueno de Shaunt," respondió Argan.
"¿Qué ha pasado?" preguntó la doctora Nelson mientras se ponía la bata.
"Hemos tenido un encontronazo con los hombres del tal Duccus," le contó Monty. "Creo que sólo está inconsciente, pero me quedaré más tranquilo si le echáis un vistazo."
Argan iba plasmando y tocando la cabeza de Shaunt mientras la doctora Nelson observaba. Finalmente el chico llegó a una conclusión.
"No tiene nada, un poco de reposo y como nuevo," afirmó Argan, aunque esperando que la doctora hablara.
"Efectivamente, Argan, has mejorado tus habilidades diagnósticas," le reconoció la doctora, que seguidamente se dirigió a Monty, "Así que nada más llegar ya te has hecho enemigos, ¿eh? y para más inri, es el tipo más peligroso de todo Belos."
Monty no sabía qué decir, parecía que los problemas se acercaban a él sigilosamente hasta atacar por sorpresa. Ya le había pasado con Sasar en Skypiea.
"Pero no te preocupes, si no te acercas por el anillo central de Belos, probablemente te dejará en paz, al fin y al cabo sólo eres un crío," dijo la doctora para calmarlo.
*TOC TOC*
"Llaman a la puerta," dijo Monty.
"Voy a ver quién es," Argan abandonó la sala. Volvió en breves momentos. "Es el alcalde Nolas Izold, quiere verte, Monty. ¿Qué habrás hecho ya?" le preguntó Argan con cierto tono entre sorpresa y curiosidad.
Monty caminó por los pasillos de la clínica, pensando qué podría querer Nolas de él. Finalmente llegó a la puerta, donde, efectivamente se encontraba Nolas Izold, acompañado de sus guardaespaldas Barlos y Thara.
"¡Hombre, Monty!" empezó el alcalde.
"¿Cómo me has encontrado?" preguntó Monty, frunciendo el ceño.
"Pero cómo me preguntas esto Monty, soy el alcalde y tengo mis fuentes," contestó Nolas con una sonrisa. "En fin, venía por si quieres echarle una visita al ayuntamiento, esta tarde."
"Aah... ¡me encantaría!" eso acababa de levantar los ánimos de Monty.
"Recuerda, esta tarde, te espero..." dijo Nolas apuntando a Monty con los dedos y moviendo las manos mientras se alejaba. Barlos y Thara lo seguían de cerca.
"¡Joñe, Monty!" exclamó Argan, "no llevas ni un día rondando por aquí y ya te conoce hasta el alcalde..."
"Sí, es gracias a Shaunt, por cierto, ¿qué tal está?" Monty se interesó por Shaunt.
"Estoy bien," Shaunt ya había despertado, "gracias por preocuparte por mí, Monty."
"¿Sabes qué?¡El alcalde me ha invitado al ayuntamiento!" Monty estaba excitado.
"Si quieres puedo acompañarte, así lo encontrarás con más facilidad," le propuso Shaunt. A Monty pareció gustarle la idea.
El día fue transcurriendo sin más complicaciones, al caer el sol Shaunt y Monty se pusieron en marcha. Esta vez no tomaron riesgos y rodearon el anillo central de Belos, lejos del feudo de Duccus. Se tomaron con humor el asalto que habían sufrido pocas horas antes. No tanta gracia le parecía hacer a un tipo que los vigilaba desde una azotea, con un rifle con catalejo acoplado.
"Hay demasiada policía rondando," se dijo el tipo de la azotea a sí mismo. Abandonó su posición.
El ayuntamiento era un edificio de tres pisos, bastante ancho, en el que se podía leer la inscripción 'City Hall'. La puerta de entrada doble estaba justo en el medio. Entrando, al fondo, se encontraba la recepción capitaneada por una señorita que les preguntó cuál era el motivo de su visita.
"El alcalde me ha invitado a pasar la tarde," le dijo Monty.
"¿Nombre?" le preguntó ella.
"Monty," la señora parecía revisar notas, finalmente encontró el nombre en alguna de ellas.
"Sí, el despacho del alcalde Nolas está en el tercer piso, Shaunt ya sabe dónde," le dijo la señorita amablemente.
El suelo estaba enmoquetado con una alfombra roja, y los muebles decorativos de madera parecían estar en muy buen estado. Shaunt guió a Monty a través de un pasillo, seguido de las escaleras, hasta llegar al tercer piso. Una vez allí se encontraron con Barlos, que estaba de patrulla por la planta.
"Hombre, Monty," le saludó el guardaespaldas, "¿Qué tal, Shaunt?"
Barlos y Shaunt se dieron la mano y se abrazaron.
"¿Os conocéis?" preguntó Monty.
"No te lo he contado todo, Monty," empezó confesando Shaunt, "trabajo en el ayuntamiento, tengo asiento en el consejo. De ahí que conozca al alcalde y sus planes tan de cerca."
En la entrada al despacho de Nolas estaba Thara.
"¡Hola!" les saludó.
"Hola, Thara," devolvió Shaunt el saludo.
"No puedo decir mucho, pero Nolas te ha preparado una sorpresa..." le contó Thara a Monty, algo emocionada.
"¡Thara, que te oigo~!" gritó Nolas desde su despacho. La puerta estaba entreabierta, para poder controlar mejor si algo sucedía en el interior. "¡Pasa, Monty!"
Monty entró en el despacho, seguido de Shaunt. Era una estancia bastante grande, en la que nada más entrar, en línea recta, estaba el escritorio que presidía la sala. A cada lado había un gran ventanal, y entre los dos ventanales, pegado a la pared, un reloj de torre. El escritorio estaba lleno de papeles.
"¡Sorpresa!" dijo Nolas Izold. Tenía preparada una mesa con mucha comida, y dos doncellas acababan de traer más platos.
"¡Vaya, cuánta comida!" exclamó un sorprendido Monty. Y bendita sorpresa. La verdad es que desde que estuvo en Skypiea no había tenido una comida decente.
"Toma asiento," le instó Nolas. "¡Barlos!¡Thara!"
Sus guardaespaldas, Barlos y Thara, dejaron sus tareas de vigilancia para unirse al festín a instancias de su protegido.
"Shaunt me contó cómo te había encontrado en la playa de Belos, te llevó a varios médicos pero nadie supo qué hacer contigo, pero por lo que se ve, la doctora Nelson tuvo la suerte de saber lo que se hacía. Supongo que debía tratarse de algún tipo de medicina alternativa," le contaba Nolas Izold mientras cenaban.
La noche había caído lentamente, oscureciendo el cielo a su paso, pintándolo de pequeños topos luminosos. Fuera hacía un frío invernal, y la poca gente que paseaba lo hacía metida dentro de cálidos abrigos, con bufandas y guantes. De nuevo, en la azotea de uno de los edificios próximos, un tipo apostado buscaba su objetivo.
"Venga, vamos, muévete un poco más..." el tipo hablaba consigo mismo como si hablara con Nolas.
Nolas acababa de contar un chiste y se empezó a reír, el tirador estaba a punto de pulsar el gatillo... pero Nolas recuperó su posición inicial, cubierto por la pared.
"¡Rayos!" exclamó el tipo con el rifle, "con lo fácil que es tirar a matar... Duccus nos dijo que nada de matar, que teníamos que dejarlo fuera de circulación temporalmente. Venga, señor alcalde..."
*BANG*
La bala salió disparada del cañón del rifle, cortando el aire. El tirador observaba el fruto de su dedicación.
*CRASH*
Los vidrios del ventanal quedaron hechos trizas en la parte por la que la bala había atravesado, Monty reaccionó tarde. La bala había herido a Nolas en la pierna.
"¡Todo el mundo a cubierto!" gritó Thara. Pero Monty desoyó su consejo y se acercó a la ventana. Vio como una sombra se alejaba de la azotea del edificio de enfrente.
"¡A la azotea!" gritó Monty, "¡he visto un tipo sospechoso!"
"¡Vamos!" dijo Barlos.
"Yo me quedo con Nolas y las doncellas," les dijo Shaunt.
Barlos, seguido de Thara y Monty, abandonaron el despacho de Nolas. Pasaron de largo de las escaleras por las que Monty y Shaunt habían subido, y unos pasillos más allá, se encontraron con una puerta.
"Rápido, el tipo puede estar lejos cuando lleguemos," dijo Monty.
"Calma, tranquilidad y buenos alimentos," dijo Barlos buscando la llave en su llavero, "aquí está."
*CLOC*
La puerta no opuso más resistencia y el grupo de tres subió a la azotea del ayuntamiento. El edificio era un tanto más alto que los edificios de su alrededor, desde ahí se podía apreciar la separación de los anillos.
"Han disparado desde ahí," Thara señalaba el edificio del anillo interior.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - Extras IV
viernes, 21 de marzo de 2014 a 9:30 0 quejas
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XXI
lunes, 17 de febrero de 2014 a 6:30 2 quejasCapítulo Vigesimoprimero: Sombras en Belos
"¡No quiero problemas...!" oyó Monty que decía Shaunt. Estaba en la zona de rocas de la playa, tal y como le había dicho la doctora Nelson. Junto a él había dos tipos, uno de ellos lo tomó de las solapas de su abrigo. Monty no consiguió oír lo que decían, pero el tono parecía amenazador.
Se acercó hasta ellos.
"Señor," Monty se dirigía a Shaunt, obviando la presencia de los dos tipos, "gracias por ayudarme antes."
"Ya hablaremos," le dijo uno de los hombres a Shaunt, el que lo había cogido de la solapa. Los dos sospechosos echaron una mirada furtiva a Monty y se fueron.
"Menos mal que has venido, no sé lo que hubieran hecho de estar solo," Shaunt estaba visiblemente afectado, aunque claramente agradecido.
"¿Qué pasa con estos dos?" le preguntó Monty.
"Dicen que les debo dinero, pero no les debo nada," le contó Shaunt. "Son esbirros de un mafioso llamado Duccus, que controla gran parte de los bajos fondos de Belos, y una pequeña parte de los negocios honrados. Con todo el poder en la sombra, nunca se ha presentado para alcalde, y eso que si tirara de unos cuantos cables ganaría sin apenas esfuerzo, pero supongo que no le interesa. El actual alcalde de Belos, Nolas Izold, está haciendo todo lo que está en sus manos para acabar con él, sin llegar a la sangre, claro está."
"Me gustaría conocer al tal Nolas," dijo Monty, "parece un tipo honrado."
"Ah, bien, si quieres te llevo a dar una vuelta por Belos, puede que Nolas esté en el ayuntamiento."
Shaunt hizo de guía de Monty por Belos. Su expansión había tenido lugar desde el centro de la isla, que era donde estaba el casco antiguo, y donde se vivía peor, los intereses de Duccus impedían tumbar los edificios. Debido a que era el peor sitio de Belos, la sensación de inseguridad era bastante elevada ahí. Era frecuente ver policías patrullar la zona. Rodeando esta parte, había un anillo de edificios algo más nuevos. El tercer anillo de edificios eran los mejor preparados para el cambiante clima de Belos, los más modernos y los más visibles desde el exterior de la isla.
"Nolas quiere empezar a construir el cuarto anillo con los edificios más altos," Shaunt señalaba unas obras.
"¿Más altas?" Monty estaba alucinando. El tercer anillo de edificios llegaba a los cuatro pisos, y en Skypiea normalmente eran como mucho de dos pisos.
En el edificio en obras, aunque más bien parecía un agujero, se encontraron con Nolas Izold.
"Buenos días, alcalde," le saludó Shaunt.
"Buenas, Shaunt," Nolas le devolvió el saludo.
Nolas Izold era un hombre joven bastante anodino y tirando a delgaducho. Si no fuera porque sus facciones así lo indicaban, se diría que era bastante proclive a coger resfriados, pero se le veía bastante sano. Iba vestido de forma elegante, seguramente debido a su cargo público, pero eso no impedía que llevase un estilo "peculiar" de peinado, acentuado por el color celeste y brillante de su cabello.
"¿Quién es este mancebo que te acompaña?" le preguntó Nolas, refiriéndose claramente a Monty.
"¿Es usted Nolas? Me lo imaginaba más espectacular," dijo Monty.
"Jajaajajajaa..." Shaunt intentó pasar desapercibida la declaración de Monty, "ay, estos niños de hoy en día tienen unas ocurrencias..."
"¿Cómo te me imaginabas?" le preguntó en tono curioso y amigable.
"Algo mayor y más corpulento, con un aura más..." le dijo Monty.
"¿Más imperial? Jajajaja" añadió Nolas.
"Mmm... sí, puede que sea una buena definición," respondió Monty.
"Por cierto, ¿cómo te llamas, chico?" le preguntó Nolas Izold a Monty.
"Me llamo Monty y nací en la isla de Surebia, aunque he recibido entrenamiento en Skypiea," se presentó Monty. "Me gusta comer y luchar, y estoy buscando un médico para mi tripulación."
"¿La isla del cielo?¿existe?" preguntó un tipo que acompañaba a Nolas Izold. "Pensaba que era una leyenda."
"Esta brújula la conseguí ahí," le dijo Monty señalando su log-pose. "Igual que esta capa y este brazalete de oro."
Nolas hizo ademán de presentar a sus dos acompañantes.
"Te presento a mis dos guardaespaldas, él es Barlos y ella es Thara," Nolas los señaló con las manos mientras decía sus nombres.
Barlos llevaba un trabuco en sus manos. Si se tuviera que destacar algún rasgo distintivo, sin lugar a dudas era la coleta que llevaba, fina y larga, que lo ayudaba a expresar su estado de ánimo tomando distintas formas.
Thara tenía una cara y un cabello al estilo yamato nadeshiko, por definirlo de alguna manera, sumado a un kimono o yukata o parecido. Su porte era elegante, por lo que las dos pistolas resultaban un tanto fuera de lugar. En cualquier caso, el hecho de que ella fuera la guardaespaldas, ya resultaba chocante de por sí.
"¿Qué tal, Monty?" Barlos le dio la mano.
"Encantada," dijo Thara. Monty fue a darle la mano y quedó completamente descolocado cuando ella le dio dos besos.
"¿Sabéis de alguien que me pueda dar un barco?" preguntó Monty, sin venir a cuento.
Ante el estupor inicial, Nolas Izold respondió.
"Aquí en Belos ya no hay nadie que se dedique a la construcción de barcos, aunque hay varios grupos que se dedican a la reparación y desguace de barcos," le explicó el alcalde.
"Duccus tiene una pequeña flota, tal vez podrías convencerle para que te diera uno," dijo en tono jocoso Barlos. Thara sonrió.
"¿Duccus era el mafioso, no?" preguntó Monty.
"Jajaja... veo que Shaunt ya te ha contado los tejemanejes de Belos," la intervención de Monty pareció haberle hecho gracia. "La gente, sobretodo los del círculo interno, le tienen gran aprecio, y los habitantes de los círculos más externos lo respetan. Pero sus métodos de negociación son, cuanto menos, cuestionables."
"Bueno, Monty, se nos hace tarde, si me acompañas comeremos algo en mi casa," le propuso Shaunt.
Dejaron a Nolas y sus guardaespaldas donde los habían encontrado y regresaron por el camino por el que habían venido.
"Si vamos por este callejón atajaremos un rato de camino, ¿qué me dices?" Shaunt había parado frente a un callejón no muy lóbrego, indicándolo.
"Vayamos," respondió Monty.
Los dos entraron. Al principio era relativamente ancho, incluso agradable para ser un callejón. Cruzaron varias calles, a través de los círculos de edificios, por lo que el callejón se iba haciendo más estrecho, irregular, zigzagueante y mugriento. Estaba claro que estaban llegando al círculo interno de Belos. Los bajos fondos.
"Vaya, vaya, ¿quién tenemos aquí?" dijo un hombre. Era uno de los esbirros de Duccus que había amenazado a Shaunt en la playa.
"El señor Duccus sigue esperando sus berris, Shaunt," dijo el otro de los esbirros. Varios sicarios más los habían rodeado. "Y al señor Duccus no le gusta que le hagan esperar."
Una sombra apareció detrás de ellos.
"Señor Duccus," dijo otro de los palmeros.
"Efectivamente, al señor Duccus no le gusta que le hagan esperar," dijo la sombra, que resultó ser un hombre. Era un hombre corpulento, pero no parecía fuerte. La definición de Shaunt en cuanto a mafioso era acertada, no, lo siguiente. Llevaba un traje oscuro con rayas blancas y finas y unos zapatos mocasines o similar. Un sombrero de fedora a conjunto con el traje cubría una cabeza similar a la de un cerdo, con un bigote fino, unas gafas de sol triangulares, y cerraba la descripción un puro. "Haced con ellos lo que os plazca, pero no los matéis todavía," dicho esto pasó a través del corro que se había formado alrededor del Shaunt y Monty y se fue, caminando plácidamente.
Pocos instantes después de que Duccus desapareciera de la escena, el grupo de esbirros empezó a atacar. Monty intentó usar el mantra, pero oía demasiadas voces como para intentar evitar golpes. Shaunt no atacaba, pero intentaba defenderse y esquivar las embestidas de los atacantes.
Uno de los asaltantes llevaba un bate de hierro o acero. Al intentar batear a un descuidado Shaunt, Monty se interpuso en la trayectoria, cargando los diales de sus manos. Desafortunadamente, el choque contra Shaunt fue inevitable, y el tipo quedó inconsciente en el suelo.
Si una ventaja tuvo el hecho de que Shaunt hubiera quedado fuera de combate, era que ahora toda la atención estaba centrada en Monty. Ya se ocuparía de Shaunt después de ahuyentara esos petimetres.
Monty, corriendo, se agarró contra uno de los hombres de Duccus y aprovechando la inercia del salto caminó por la pared sin soltar al hombre. A cada tipo que se le acercaba, recibía una fuerte patada, mientras Monty caminaba de una pared a la otra dando vueltas. La mayoría de sicarios estaba noqueada, y los pocos que quedaban en pie huyeron aterrorizados, tachando a Monty de demonio. Monty, de nuevo con los pies en el suelo, dejó al hombre en el que se había sujetado, que cayó mareado al suelo.
Tan solo quedaba en pie el hombre del bate, que corrió hacia Monty con el susodicho en alto. Monty usó el mantra para esquivarlo fácilmente y colocarse a sus espaldas, el golpe de gracia lo ejecutó con un puñetazo amplificado por un dial cargado.
*PAF*
Buscó entre los cuerpos inconscientes el de Shaunt y lo llevó en brazos, como un saco. Suspiró. Este pequeño entrenamiento le había ido de maravilla para desentumecerse. Giró hacia una dirección, pero no tenía ni la más remota idea de dónde se encontraba. Por suerte acabo encontrando un policía. Al preguntar por la consulta de la doctora Nelson, el agente se ofreció a acompañarlo.
Pasaron por delante del callejón, donde otro policía estaba examinando la zona.
"Menuda reyerta, ¿eh?" dijo Monty, el único que sabía lo que había ocurrido en realidad.
"Debe tratarse de un conflicto entre bandas," dijo el policía que lo acompañaba.
Poco rato después estaba frente a la puerta que enseguida reconoció. El policía se marchó tras despedirse. Argan, el aprendiz, apareció poco después de que Monty, llevando a Shaunt a cuestas, entrara.
"¿Qué ha ocurrido?" preguntó.
"Los hombres del tal Duccus nos han tendido una emboscada," dijo Monty, "he tenido la mala suerte de chocar contra Shaunt, y ha quedado inconsciente, creo que no es nada grave, pero mejor que os lo miréis vosotros."
"Sí, bien hecho, si me acompañas..." Argan lideraba la comitiva a través de los pasillos.
"Déjalo aquí," Argan se refería a una de las camas, seguidamente lo examinó, "todavía tiene pulso, lo que le quedará un chichón, nada que no pueda curarse."
"¿Y la doctora?" preguntó Monty.
"Almorzando, es hora de comer, ¿tú ya has comido?" le preguntó el aprendiz de médico.
"No, Shaunt me había invitado a su casa cuando nos asaltaron," dijo Monty.
"¿Qué ocurre?" la doctora Nelson hizo acto de presencia.
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - Extras III
miércoles, 29 de enero de 2014 a 9:30 1 quejas
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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XX
lunes, 13 de enero de 2014 a 6:30 2 quejasCapítulo Vigésimo: La isla de Belos
El esquife de Monty caía al vacío, medio afectado por la gravedad, medio saltándose una de las leyes más elementales de la física, el clon de Sabrion y el mismo Monty pugnaban por mantener la pequeña y frágil embarcación recta.
"Es importante que el esquife no se dé la vuelta, o podrías perder todo su contenido," dijo Morth.
Era más fácil decirlo que hacerlo, "ya lo intento, ya," se quejaba Monty.
Cada vez el clon de Sabrion era más débil, pues se estaba alejando a pasos agigantados de su punto crítico, que era el cuerpo real de Sabrion. Monty debía realizar el trabajo que hasta ahora habían hecho entre los dos.
"Hasta... otra,... Monty..." dijo Morth, medio desvaneciéndose.
"Debes guardar tu posición de Dios de Skypiea hasta que regrese, y entonces lucharemos de nuevo," dijo Monty, que a pesar de estar usando sus fuerzas al máximo, tenía los ojos inundados de lágrimas.
En Skypiea, junto a la shandiana Yavina y Zan For, Sabrion lloraba.
"¿Qué te ocurre?" le preguntó la chica.
"Monty... volverá," dijo el Dios de Skypiea.
"Jajaja, no lo dudo," dijo Zan For, "si alguien es capaz de volver a Skypiea, ese es Monty."
Morth se desvaneció completamente, dejando a Monty solo, en plena caída. El chico pudo descubrir que lo único que tenía que hacer era mantener el peso del esquife equilibrado, así que cuando consiguió encontrar la posició ideal se quedó quieto como una estatua.
*ZIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIU*
Monty tuvo para bien contemplar cuánto le faltaba para tocar suelo, agua, para ser más exactos. Una enorme extensión de agua alcanzaba más allá de donde sus ojos podían llegar, era difícil calcular la distancia que lo separaba de un fatídico impacto que podría destrozar la diminuta embarcación, y todavía más lo era calcular el tiempo que tardaría.
Nadie podría ayudarlo, y nadie se preocuparía por él, si fracasaba en su aterrizaje. Alguien que quería llegar a ser un pirata conocido y reconocido no podía morir así. Ese pensamiento caló hondo en su mente, dejándolo en un estado de trance, un sueño en vigília, allí podía contemplarse él, en primera persona, tripulando un bajel; de las varias sombras que habitaban el barco, una de ellas parecía hacerse algo más nítida, era una silueta femenina...
Con Monty en trance, fue su voluntad la que invocó el Busoshoku Haki, aunque extrañamente, la voluntad de Monty rodeó incluso el barco, evitando que la embarcación sufriera daño alguno al impactar contra el mar azul. Monty había quedado completamente exhausto, sin conocimiento. Solo la corriente del mar, aunque otras fuentes cuentan que fue un Rey del Océano, enormes y feroces bestias, domada por un poderoso Haoshoku Haki, el que arrastró el esquife a tierra firme. El caso es que Monty acabó llegando a una isla.
"¿Qué es eso?" se preguntaba un tipo que había llegado a unas zonas de rocas. A juzgar por su equipo iba a pescar; abandonando el área rocosa caminó por la playa, donde un esquife había encallado.
Era un día frío, nuboso, otoñal. El tipo iba abrigado, acorde con el tiempo. Las olas lo saludaron con su movimiento de vaivén, dejando sus pies humedecidos, mojados. En el momento en que descubrió que allí dentro había un cuerpo, sabía que ese día no podría dedicarse a pescar. La curiosidad pudo con él y lo primero que hizo fue abrir los sacos.
En uno de ellos había comida, en otro... unas extrañas caracolas.
Por fin, el tipo centró su atención en el chico que estaba estirado, deseando que no estuviera muerto. Le tomó el pulso, muy débil aunque constante, era una buena noticia. Con esfuerzo, el desconocido sacó a Monty de la embarcación y lo dejó tumbado en la arena de la playa, lejos de las olas. Seguidamente vació el esquife, dejando los sacos al lado de Monty, y finalmente arrastró el pequeño barco hasta la zona de rocas, oculto de la mayoría de miradas, o eso creía él.
Con cuerdas que llevaba en un zurrón, ató los dos sacos entre ellos y los colocó de manera que al levantar a Monty para llevarlo recostado sobre su espalda, el mismo Monty trasladaba los sacos. Al cabo de un rato llegó a la zona habitada de la isla, una ciudad cuyas casas estaban hechas de barro y piedra.
*toc toc*
Llamó a una de las puertas. Esperó pacientemente a que quienquiera que fuese que esperaba, abriera.
"¿Quién es?" inquirió una voz desde el otro lado de la puerta.
"Argan, soy Shaunt, es bastante urgente, ¿está la doctora Nelson?" el tipo identificado como Shaunt con voz un tanto desesperada, y es que no cada día uno se encuentra con un cuerpo de alguien inconsciente en la playa.
Argan abrió la puerta. Era un chico joven, por su apariencia. Se le veía bastante inseguro y tenía ojeras, aunque era difícil de decir si eran causadas por falta de sueño o su cara ya era así. Llevaba una especie de bata blanca, se encontraban, óbviamente, en una consulta médica, y a juzgar por las palabras de Shaunt, era la consulta médica de la doctora Nelson.
"¿Qué ocurre?" preguntó Argan. Era una escena cuanto menos rocambolesca, y es que Shaunt tenía la cara roja y sudada del esfuerzo, con un chico a cuestas, y un par de sacos colgando, balanceándose.
"Me he encontrado a este chico cuando iba a pescar y he pensado que tal vez requiriese atención médica," dijo Shaunt. "No tengo ni idea del tiempo que lleva inconsciente, pero cuando le he tomado el pulso, era débil."
"La doctora Nelson no se encuentra aquí en estos momentos," dijo Argan, "pero de momento llevemos al chico a una sala de curas."
Argan iba delante, caminando con paso decidido, seguido de Shaunt, que lo seguía como buenamente podía. Argan abrió una puerta.
"Déjalo encima de esa camilla," la camilla era una estructura de piedra, acolchada.
Como le había dicho Argan que hiciera, Shaunt dejó a Monty encima de la camilla. Argan estuvo de una lado para otro, examinando y comprobando.
"Si tienes que hacer cosas, yo me encargo del chico," le dijo Argan a Shaunt. Éste último, a pesar de estar preocupado por el estado del chico, sabía que no podía hacer nada más, así que se fue.
...
"¿Dónde estoy?¿¡Dónde estoy!?" Monty había abierto los ojos. A través de la ventana los copos de nieve caían ajenos a lo que ocurría dentro de la sala de curas. "No recuerdo nada..."
"¡No te muevas!" le dijo una voz femenina, con un tono severo en su voz.
Estaba estirado encima de la camilla de piedra donde lo había dejado Shaunt, boca arriba. Varias decenas de agujas finas, largas y flexibles estaban ensartadas en su cuerpo.
"¿Qué me estáis haciendo?" se quejó el chico.
"Ahora que has despertado, te quitaremos las agujas, pero estate quieto," le dijo la doctora. "Ayúdame, Argan, a quitarle las agujas. Recuerda, con suavidad."
"Enseguida, doctora Nelson," el chico Argan se colocó en posición opuesta a la doctora y empezaron a remover las agujas desde los pies. Las fueron dejando encima de una placa metálica.
"Argan, necesito que te encargues de limpiar las agujas mientras converso con nuestro joven paciente," dijo la doctora Nelson.
"Entendido, doctora Nelson," Argan se llevó la placa con las agujas.
"A ver, primero de todo, ¿recuerdas cuál es tu nombre?" le preguntó la doctora Nelson, en parte por rutina, en parte por curiosidad.
"Me llamo Solbion D. Montenegro, aunque todo el mundo me llama Monty," respondió Monty, dejando claro que no se estaba inventando el nombre, y que lo recordaba perfectamente. La doctora Nelson se estremeció al oír Montenegro.
"Bien, Monty," se dirigió a el, "yo soy la doctora Morgana Nelson." Era una mujer de unos treinta años a juzgar por su apariencia general y su cara, sus ojos eran de color violeta o rojizo, era difícil de definir aunque extramadamente fácil perderse en ellos, de cabellos largos, grisáceos, tal vez plateados, y ondulados. Era difícil ignorar un busto prominente aunque proporcionado y en armonía con el resto del cuerpo, que firmaría el mismísimo Eiichiro Oda. Cerraba la descripción unas piernas fuertes y firmes, de esas que no te las acabas en un día.
Llevaba una bata blanca así que era difícil describir sus brazos, pero a juzgar por las manos, fuertes, seguro que eran acorde con el resto del cuerpo.
"Respecto a tu pregunta, Monty, estamos en la isla de Belos, en la Grand Line," le dijo la doctora, "aunque si dispones de un log-pose," refiriéndose a la brújula que llevaba Monty en la mano derecha en forma de pulsera, "es probable que esto último ya lo sepas. Me dijo el hombre que te trajo hasta aquí que te encontró en un esquife, y tuvo la deferencia de llevar también tus pertenencias. Están ahí," dijo Morgana señalando los sacos.
"Menos mal, ¿dónde está ese señor? quiero agradecerle sus esfuerzos," dijo Monty.
"Antes de nada, Monty, ¿de dónde vienes?¿recuerdas algo que te llevara a caer inconsciente?"
"Nací en una isla que se llama Surebia, pero por causas que serían muy largas de explicar, acabé en Skypiea, allí conocí al viejo Zan For y al Dios de Skypiea, y entrené con ellos."
"No recuerdo haberle dado alucinógenos," susurró Morgana, "prosigue, Monty."
Monty le contó algunas cosas sobre sus dos años en Skypiea hasta que llegó al momento del descenso. "Estaba cayendo sin poder frenar la caída, cuando me he quedado dormido, por cierto, tu cara me suena y no sé de qué, ¿nos hemos visto en alguna parte? En fin, a partir de aquí no recuerdo nada más, hasta que me he despertado aquí, con un montón de agujas clavadas."
"No sé si decírtelo o no, porque no sé si entenderás lo que te voy a decir," le dijo la doctora Nelson.
"Bueno, haré un esfuerzo," dijo un no muy convencido Monty.
"Si no lo entiendes, no pasa nada," la doctora Nelson empezó la explicación, "cuando llegué aquí, hará un par de días, Argan, mi ayudante y aprendiz, me dijo que había estado analizando tu estado durante mi ausencia. Yo llegué poco después de que Shaunt te hubiera dejado aquí. Noté restos de energía espiritual o Ki, emanando de tu cuerpo, lo que significa que, consciente o inconscientemente, usaste el Haki, probablemente durante el rato que estuviste dormido en el barco si no recuerdas haberlo usado momentos antes."
"Ajá," respondió Monty.
"¿Estás entendidendo algo?" le preguntó Morgana.
"No, pero parece que estás disfrutando con la explicación," afirmó un contundente y honesto Monty.
"¡Argh!"
La doctora se tranquilizó antes de proseguir.
"En fin, que si nadie hubiera hecho nada, el Haki que tu cuerpo emanaba para protegerte hubiera acabado por dejarte muy muy débil, una especie de estado de muerte en vida, pero Argan me recordó un tratamiento para vaciar el Ki remanente, que te apliqué. Las agujas canalizan el Ki, expulsando el Ki que rodea el cuerpo y cerrando el grifo, por decirlo de alguna manera, del que todavía permanece en el cuerpo. Además, el tratamiento fortalece, en menor grado, la mente y el cuerpo del que lo recibe."
"¿Quieres unirte a mi tripulación?" le preguntó Monty de repente.
"¿Cómo?" Morgana parecía sorprendida.
"¿Que si quieres formar parte de mi tripulación?" volvió a preguntarle Monty, ahora con otras palabras. "Si quiero atravesar la Grand Line, necesitaré un médico."
"No, no, yo estoy bien donde estoy. Además el tiempo de Belos es perfecto," Morgana no parecía muy atraída por la idea, "cada dos días cambiamos de estación. Ahora estamos en invierno, mañana pasaremos a la primavera, dos días de buen tiempo, y dentro de dos estaremos en verano, pasando calor bajo un sol de justicia. Las paredes de las casas de Belos están hechas de barro y piedra especial, que aislan en gran medida el tiempo del exterior, ya sea frío o calor."
"Bueno, en ese caso le tendré que preguntar a Argan, ¿hay más médicos en Belos?" preguntó Monty.
"Hay otros centros médicos, sí," le respondió Morgana.
"Es increíble, en Surebia teníamos únicamente a Arleigh, claro que el pueblo era bastante pequeño."
"Además, por lo que me han dicho, llegaste en un esquife en el que apenas caben dos personas, ¿cómo voy a llevarme todo lo que necesito para curar, ahí?" le espetó Morgana.
"Bueno, bueno, no te pongas así, ya encontraré la manera de convenceros a tí o a Argan. Me has dicho que un hombre me llevó hasta aquí, ¿no? me gustaría conocerle y darle las gracias," le pidió Monty a Morgana conocer a Shaunt.
"Sí, claro, seguramente lo encontrarás en el lado sur de la isla, cerca de la playa, en una zona de rocas. Si quieres puedes dejar tus cosas aquí, no creo que entre nadie y se lleve únicamente dos sacos," le explicó Morgana.
"Gracias por todo, si acaso después volveré," Monty le agradeció a la doctora Nelson y al aprendiz Argan todo lo que habían hecho por él. Estaba todo nevado, aunque varios valientes con palas mantenían los caminos transitables. La capa de Sabrion abrigaba más de lo que Monty había pensado.
Idea Original/Plagiada por
Muramasa
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