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Pocket Tales of the Braves - Capítulo 4

viernes, 7 de octubre de 2011

Capítulo 4: Un nuevo amanecer

Continente de Johto
Ciudad Endrino


Ryuuna estaba sentada en un cómodo sofá, pero apenas podía disfrutar de su comodidad porque Dratini estaba en siendo intervenido en la sala de operaciones. El montañero volvía de recepción, donde un Chansey había curado y chequeado sus pokémon, y empezó a caminar de un lado a otro. Era una imagen extraña porque parecía que el que estaba nervioso era el montañero y la que estaba traquila era Ryuuna; nada más lejos de la realidad. Y de pronto entró la madre de Ryuuna al Centro Pokémon.

"¿Qué tal estás, hija?" dijo la madre, a lo que la chica respondió:"Hecha polvo", y la madre se giró y le comentó al montañero:"Gracias por acompañar a mi hija, es la primera vez que lucha con pokémon." El montañero se disculpó y partió hacia las montañas de nuevo. Ryuuna estaba ahora que había venido su madre algo menos nerviosa. La madre abrazó a la hija, mientras ésta no podía evitar reprimir algunas lágrimas, entonces se sentaron. Ryuuna confesó que no volvería a partir hasta que fuera mayor. Su madre miró al cielo, y suspiró.

Al cabo de un rato la enfermera Joy de Ciudad Endrino salió de la sala de operaciones acompañada de un Chansey y un Blissey y detrás el Dratini que ya estaba completamente restaurado. Ryuuna se alegró de ver al Dratini y viceversa, y corrieron a saludarse. Ryuuna, su madre y el Dratini se despidieron de la enfermera Joy y los Chanseys y el Blissey y volvieron a casa. Nada más entrar la madre le dio una bofetada a Ryuuna. "¿Cómo se te ocurre decir que no volverás a partir?" Ryuuna estaba sorprendida, su madre no le había pegado más que dos veces en su vida y esta era la tercera. Ryuuna lo comprendió pero necesitaba reflexionar así que subió a su habitación, hoy había sido un duro día.

Ryuuna lloraba pausadamente, pensando en todo lo que le había ocurrido. Su madre estaba en el salón cuidando del Dratini, que quería ir con Ryuuna "No, pequeñín, esto tiene que hacerlo sola" y lo acariciaba. Finalmente Ryuuna cayó presa del sueño. Un rato más tarde su madre entró en su habitación, y viendo que su hija dormía tan plácidamente apagó la luz y volvió al salón. Y cayó la noche.

A la mañana siguiente Ryuuna abrió los ojos. No recordaba qué había soñado y apenas recordaba cuándo había caído dormida pero lo importante era que había recuperado la pasión de nuevo, por su cabeza pasaban frenéticamente tácticas de combate. Estaba como abducida, mirando al infinito, y su madre y el Dratini la miraban con curiosidad; estuvo a punto de meterse la cucharada de cereales por el ojo de tan distraída como andaba, y estuvo un buen rato embadurnándose la mano con mantequilla antes de darse cuenta que la tostada seguía aún en el plato. Acabado el desayuno Ryuuna volvió a despedirse de su madre, que le susurró al oído:"Lo siento" y Ryuuna respondió:"Gracias." Con pose épica Ryuuna partió por segunda vez de lo que consideraba su hogar.

Ryuuna se dirigió hasta la salida sur de Ciudad Endrino, con ánimos renovados, dispuesta a comerse el mundo. Y con un nuevo amanecer en lo alto del cielo, llegó hasta la Ruta 45.