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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - I

jueves, 17 de mayo de 2012

Capítulo Primero: Prólogo

Todo empezó en el pueblo de Camoa, región del Pueblo de Camoa, continente de Roahl, Yutolandia, Ivalice. Era un soleado día de mercado, el pueblo rebosaba jolgorio y había gente por todas partes. No cabía ni un alfiler en la plaza central entre paradas, mercaderes y clientes, y los posaderos se fregaban las manos amasando una gran cantidad de guiles.

En ocasiones se producían reyertas, ya sea porque había gente que salía borracha de los bares, o porque los precios parecían excesivos. El Ejército de Yutolandia patrullaba las calles de Camoa precisamente para evitar ese tipo de penosos espectáculos.

Y precisamente, se acababa de formar un cúmulo de gente. Parecía que dos caminantes estaban a punto de enzarzarse en una pelea, y la gente, atraída por el morbo, formó un círculo a su alrededor. Por suerte ninguno de los dos iba armado y no pasaría de una pelea a puño descubierto, sin embargo las ofensivas empezaron y los puños y las patadas volaban.

Una pareja de soldados humes del Ejército de Yutolandia se acercaron al barullo.

"¡Gides!¡Ven conmigo, que pararemos esta pelea!" - dijo uno de los soldados, entonces se metió en el meollo, esperando que el soldado llamado Gides lo acompañara.

El soldado iba avanzando entre la multitud, pero Gides no conseguía entrar. Hacía poco que había entrado en el ejército. Prefirió esperar a fuera, aunque eso significaría llevarse una bronca de su compañero, y también de su superior, el Paladín Brigh. Gides aprovechó para cotillear las paradas, ahora que tenía un respiro.

No muy lejos, un hume con pintas extrañas aprovechaba que todo el mundo estaba distraído para tomar prestados bienes ajenos. Gides estaba mirando extasiado la cantidad de artefactos extraños que allí había y que no sabía para que servían, y no vio al ladrón. Sin embargo, este último pecó de ingenuo y empezó a vaciar la parada donde se encontraba Gides. Era obvio que no había visto que delante suyo tenía un soldado del ejército. Gides se abalanzó sobre el ladrón inmovilizándolo.

De pronto el cúmulo de gente se disolvió. El soldado experimentado había logrado detener la pelea, deteniendo a los causantes.

"¡Gides!¿Dónde te has metido?" - gritó el soldado mientras buscaba a Gides.

Giró la vista y vio a Gides en el suelo agarrando fuertemente a un tipo que hasta hace poco había estado intentando escapar pero había cesado su movimiento al ver al otro soldado.

"Hombre, Gides, este es tu primer detenido, ¿no es cierto? me alegro por tí." - comentó el soldado.

En las afueras del pueblo se encontraba la caserna del Ejército de Yutolandia, que es donde se dirigían el soldado llamado Gides, su compañero y los tres detenidos: el ladrón y los causantes de la reyerta. Caminaban por el empedrado, abriendo la comitiva el soldado, atados los detenidos y cerraba la comitiva Gides. A lo lejos empezaba a divisarse un pequeño edificio con la insignia del ejército.

El grupo entró en el edificio donde un Defensor Bangaa pidió identificación a los soldados y examinó a los detenidos. El soldado enseñó a Gides el procedimiento a seguir cuando detenían a alguien. Lo primero era encerrarlo en la prisión. Gides llevó al ladrón a la zona de celdas y lo encerró. Como el crimen no era grave y su cara no aparecía en los carteles de buscados por la justicia, únicamente tendrían que esperar a que un juez dictara sentencia.

Gides volvió con el soldado, que estaba tomando declaración a los dos humes que se habían estado peleando. A esos dos probablemente les tocaría pagar una multa y podrían marchar, pues esclarecer los hechos parecía complicado y no paraban de echarse la culpa mútuamente.

Al cabo de un rato, vino corriendo un moguri caballero mogu de resplandeciente y dorada armadura gritando:

"¡Kupó-pó!¿Quién es Gides?, kupó?"

Todavía respiraba aceleradamente, pues había venido corriendo, debía tratarse de una comunicación urgente.

"Yo soy Gides" - dijo Gides
"Comunicación oficial del Comité de Jueces del Ejército de Yutolandia. El Juez Moryell está libre. Kupó."
"Ehr... hmm... gracias, supongo. Digo... ¡Recibido!" - dijo Gides
"Mogu se despide" - dijo el moguri, dio media vuelta y abandonó la sala.

El soldado se acercó a Gides y le dijo:

"Hmmm, el Juez Moryell... Es un curioso personaje que suele tener una particular visión de las cosas. Te deseo suerte con su sentencia." - comentó el soldado.

Gides volvió a la zona de celdas, abrió la celda donde estaba recluso el ladrón y lo llevó con él.

Una vez en la zona de tribunales de la caserna tuvo lugar el juicio. El Juez Moryell un hume de avanzada edad, con un traje de juez de combates, es decir una armadura metálíca marcada con la insignia del Ejército de Yutolandia, una capa con la insignia y un casco con visera, que no lo llevaba puesto sino en las manos. Parecía mentira que con todo el peso que conllevaba vestir la armadura se pudiera mantener en pie. Aparte de eso se le veía bastante jovial, aunque con un aire bastante ido. Frente a él estaba Gides, abrumado por la situación, y el ladrón que miraba la sala con curiosidad.

"Veamos..." - dijo el Juez Moryell rompiendo el incómodo silencio - "¿Podría decirme su nombre?"
"Hmmm... Gi-Gides. ¡Gides! Soldado del Ejército de Yutolandia" - gritó nervioso Gides. El juez lo miró extrañado.
"No me refería a usted, preguntaba el nombre al acusado." - aclaró el Juez Moryell.
"Me llamo Ilwulf" - respondió el acusado.
"Bien, señor Ilwulf, se le acusa de robatorio. Si le tengo que ser sincero no veo en su cara un ápice de maldad, y son muchos años de juez. ¿Me podría decir por qué ha cometido el crimen?" - dijo el juez.
"Hmm..." - Ilwulf no parecía querer hablar.
"No quiero obligarte a hablar pero si no lo haces puede ser peor." - afirmó Moryell.
"Fui obligado" - murmuró Ilwulf.
"Ya decía yo que no veía maldad en tí. Creo que ya tengo pensada la sentencia" - dijo Moryell.

Hubo una pausa. Entonces habló el Juez Moryell.

"La sentecia es..." - empezó a decir Moryell, dándose aires de importancia, con tono épico.