Capítulo Trigésimo: Trato hecho


Ermine estaba encantada con el ambiente festivo de la ciudad de Camoa, pues en el fondo seguía siendo bastante infantil. Se quedó embobada más de una vez mirando los productos, variopintos ellos, que los tenderetes le podían ofrecer. Ya iba siendo hora de regresar con Gides y los demás, cuando al torcer una esquina...
*FRSSS*
Una flecha atravesó las vestiduras de dos tipos y quedó clavada en la madera de un carro, justo enfrente de Ermine, que sorprendida vio dos personas que le resultaron familiares, enfrentándose a unos tipos con pintas de broncas.
"¡Llegas en buen momento, Ermine!" dijo la Viera que se parecía a Lellyann, Ermine acabó por deducir que realmente se trataba de Lellyann, y el Ninja era Ilwulf. "¡Tú e Ilwulf cubrid a Lulas Cressian!"
¿Lulas Cressian?¿Quién era Lulas Cressian? Ermine estaba algo descolocada. Ah, debía tratarse de la persona que estaba junto al carro de madera, la Viera desenfundó su estoque Aguijón.
"¡Vamos Lulas!" le instó Ilwulf al armero, estaban en condiciones de llevar a cabo el plan de retirada.
Al grito de "¡Jiá!" el chocobo se empezó a mover, primero lentamente, las ruedas inciaban su movimiento de giro y el carro ganaba velocidad.
"¡Eh, que se escapan!" gruñó el jefazo de los asaltantes. Lellyann y Ermine se interpusieron en su trayectoria hacia Lulas y el carro, mientras Ilwulf en carrera controlaba tenerlos a distancia, le susurró una dirección a Lulas y regresó con las Vieras.
"Aquí estoy," dijo el Ninja, katana en mano. Pasaron un segundo, dos segundos, tres, cuatro... el jefazo y sus dos esbirros miraban fijamente a sus tres oponentes, las dos Vieras y el Hume, mientras el armero Lulas Cressian huía hacia quién sabe dónde. Se creó un instante de tensión, finalmente desistieron.
"Vale, nos vamos," el jefazo dijo a sus palmeros, "pero nos hemos quedado con vuestras caras," añadió claramente hacia Ilwulf y las Vieras, con un gesto con los dedos de mirarse mútuamente.
"Así ha sido como Ilwulf y ellas dos me han rescatado," acabó de contar Lulas Cressian.
Ilwulf le había dado la dirección que les había dicho Gides, y allí se encontraba cuando Lellyann, Ermine y él regresaron.
"Llevo un carro con armas y armaduras, y voy de ciudad en ciudad, incluso por los caminos, vendiéndolas," les explicaba, "pero cada vez es más peligroso andar solo por estos mundos."
"Hablé con Lulas," interrumpió Ilwulf, "y creo que podemos llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, por lo menos durante un tiempo."
"Sí," llegó de nuevo el turno de Lulas Cressian para hablar, "Yo os acompaño con mi carro, donde podréis guardar vuestras armas en caso de no necesitarlas, a cambio vosotros me protegéis. Si el negocio me va bien, incluso os puedo obsequiar con armas de mi inventario."
"¿Qué opinas, Gides?" Ilwulf estaba visiblemente satisfecho, "a mi me parece un buen trato."
"Es, sin duda, un excelente trato," Gides dio su aprobación. "Bien, la cuestión es que mañana debemos partir ya hacia el Monte Aldana..."
La tabernera apareció, interrumpiendo la charla del Soldado.
"¿Os lo traigo ya?" preguntó.
"Bien, como ya es hora de cenar, y tenemos que comer bien, mi buena amiga, la tabernera, nos ha preparado una cena para chuparnos los dedos," terminó Gides. La algarabía y el jolgorio fue abrumador.
Todos estuvieron charlando y comiendo alegremente, sin preocuparse por nada que no fuera disponer de comida en el plato y bebida en el vaso. Se lo habían ganado y lo disfrutaron cada instante. Bandejas llenas de carne y verduras de todo tipo, cocinadas de las más variopintas maneras, asadas y fritas, con salsas y al vapor, incluso algun plato de carne cruda o macerada. Pescado y frutas, también.
La fiesta, el banquete, se alargó hasta altas horas de la noche, cuando la tabernera trajo algo de alcohol, para los más aguerridos. Uno a uno fueron cayendo, retirándose a los aposentos.
Llegó la hora de partir, oséase, la noche dio paso al día en Camoa.
"La tabernera nos ha preparado el desayuno y algo de comer para luego," dijo Gides, ella salía de la cocina con varias bandejas en mano y la recibieron con gritos del plan "¡Esa tabernera cómo mola, se merece una ola!" y todos levantaron los brazos, "¡Otra ola!" y volvieron a levantar los brazos, tanto o más efusivamente que la anterior, "¡Tsunamiii!" y todos levantaron ambos brazos al grito de "¡eh, eh, eh, eh!"
Había dulce y salado en grandes cantidades, crêpes dulces y saladas, gofres de chocolate, nata y dulce de leche, todo junto o por separado, tostadas con mermelada, con mantequilla o con embutido, croissants y algo más de bollería. Café, zumos y batidos, leche... tanto sirvió la tabernera, tanto se consumía.
"Así da gusto servir, casi ni tendré que lavar los platos de limpios que los estáis dejando," bromeó.
Finalmente, con el estómago lleno (demasiado), le agradecieron a la tabernera todas las exquisiteces que les había preparado e iniciaron su marcha hacia la Colina de Batiste, previo paso para llegar a su destino final, el Monte Aldana. Tomaron una salida diferente de la ciudad, y ya se notaba que todo hacía subida.
"Siento que tengamos que ir tan lentos por mi culpa," se disculpó Lulas Cressian.
"No pasa nada," dijo Gides, "tampoco tenemos mucha prisa."
Era cuestión de buscar caminos que fueran menos empinados que los que usaban las ágiles y gráciles Vieras, que en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraban en lo alto de los Altos de Shaug.
"Uoo, se ve todo Camoa desde aquí," dijo Ermine.
El chocobo de Lulas Cressian arrastraba el carro a su ritmo. El camino se iba allanando a medida que llegaban a la parte más alta, de forma que más que de un monte se trataba de una meseta. Tal y como habían observado las Vieras, la vista desde allí era espléndida, y, realmente, se veía todo Camoa. Llegados al punto más alto, el camino empezó su descenso, y el cuidado que tenía que tener ahora Lulas era para que el carro no se desbocase en un desnivel.
"Ojo, que hay un puente más adelante," dijo Ermine, que hacía de avanzadilla junto a las otras Vieras y había regresado para avisar.
Efectivamente, había varios puentes de madera, de apariencia frágil todos. Debían atravesar uno de ellos para seguir avanzando, de lo contrario les sería imposible llegar al Monte Aldana por esa ruta. Lo más difícil fue hacer pasar el carro por uno de los puentes, todos era igual de estrechos y parecían igual de inseguros. Por fin alcanzaron el punto medio.
"Jejeje..." se rió un Seeq. "Entregadme las mercancías del carro y no os pasará nada," dijo vehemente.
"¿Tú quién eres?"
Atrapados en el puente estaban Ilwulf y Gides, y Lulas Cressian con su carro y el chocobo. Las Vieras habían atravesado bastante rato antes y estos malandrines no habían caído en la cuenta de que iban juntos. Por lo pronto no había pistas de ellas, lo que podía ser una buena señal, o una mala señal.
"¿No habéis oído hablar de mí?" el Seeq Trampero se hizo el ofendido, "soy Aldor Evantius, y mi clan es famoso en todo Camoa por llevar a cabo las misiones más difíciles."
"Uhm... ¿y qué pinta el carro en vuestra misión?" preguntó Ilwulf, en modo facepalm.
"Unos nobles e indefensos conciudadanos de Camoa nos han encargado la recuperación de su carro, para que puedan seguir con su noble oficio de la compraventa de armas y armaduras."
"¿Eran tres tipos, así con pinta un tanto exóticas?" preguntó Ilwulf, de nuevo.
"Sí, y también me han confesado que aunque el título del capítulo contenga tres equis no significa que haya contenido 'extraño' *guiño guiño*"
Esto último no acabó de tener sentido para Ilwulf, pero ya sabía quiénes eran esos tres malandrines que habían encargado recuperar el carro, no podía ser nadie más que los tres panolis del principio del capítulo (y final del anterior), y ese Seeq se había dejado engañar.
"Creo que te han engañado," le dijo Ilwulf.
"¿Cómo?¡Nadie engaña a Aldor Evantius!" se reivindicó, "pero... ¿cómo sé que no sois vosotros los que me estáis engañando?"
Ahí le había dado.
"¡Ajá!" Aldor Evantius estaba muy orgulloso de sí mismo por haber encontrado ese argumento, "no intentéis nada raro porque estáis rodeados."
Hizo un gesto con la mano.
*FRSSSS*
De algún arbusto apareció una flecha y encima de ellos hubo una explosión.
*BOUM*
"¿Alguien tiene un plan?" preguntó Gides a Ilwulf y Lulas.
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXX
jueves, 23 de octubre de 2014 a 9:51 1 quejas
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXIX
lunes, 22 de septiembre de 2014 a 9:30 1 quejasCapítulo vigésimonoveno: Parada técnica en Camoa


El sol que indicaba el tercer día de viaje se alzaba con pereza sobre la Pradera de Bisga. Habían dedicado gran parte del segundo día a atravesar el Camino Vigg Norte en Bisga, procedentes del Camino Vigg Sur en Grass, incluso al forzar la marcha llegaron a la tan ansiada Pradera de Bisga. Verde y más verde, hasta más allá de donde alcanzaba la vista.
"Dicen que la Guardia Montada del Chocobo es capaz de recorrer Roahl en un día de punta a punta," explicaba Chalsye mientras caminaban. Ya hacía rato que habían recogido el campamento y se habían puesto en marcha.
El camino hasta los límites de la Pradera de Bisga transcurrió sin más contratiempos. Una señal en el camino indicaba que estaban cerca de la región de Camoa.
"Si no me equivoco, en breves llegaremos a la Pradera Díaz," anunció Gides, "manteneos cerca del grupo, porque es fácil perderse en la estrechez de sus caminos."
"Por si acaso, propongo que si alguien se pierde, nos encontremos en la entrada de Camoa, la ciudad," añadió Ilwulf.
"Me parece una buena propuesta," respondió Gides, "¿está todo el mundo de acuerdo?"
La respuesta general fue satisfactoria y afirmativa. Afortunadamente no tuvieron que lamentar pérdidas al llegar a Camoa puesto que lograron mantenerse unidos a lo largo del camino a través de la Pradera Díaz.
"¿Ves?, tampoco era tan difícil," dijo Lellyann al ver de lejos la ciudad de Camoa.
En la entrada de Camoa había unos tipos repartiendo panfletos a todo aquel que entraba y salía de la ciudad. Gides se encontró con uno de esos papeles en sus manos:
Un nuevo orden para Ivalice
¿Estás cansado de que te ninguneen y de que tu opinión no cuente para nada?¿Harto de que los políticos no se encarguen de lo que les toca?
Todo cambiará gracias al Frente Popular de Roahl, un proyecto político-militar organizado desde el pueblo y para el pueblo. Porque nosotros podemos.
Actualmente estamos reclutando miembros para llevar a cabo tareas...
Y el panfleto terminaba con la dirección donde el tal Frente Popular de Roahl reclutaba nuevos miembros.
"¡Bah!" espetó Gides y tiró el papel en la papelera más cercana. Comprobó cómo gran parte de la gente había hecho lo mismo que él, incluso sus compañeros de viaje.
"¿Frente Popular de Roahl?" Ilwulf hizo una cara como de ir restreñido, "esto parece que traerá problemas en un futuro. Los políticos no dejarán que unos hippies, armados eso sí, les quiten el puesto," y dicho esto tiró su papel.
Camoa apenas había cambiado en los días que habían pasado fuera. Era el centro neurálgico de todo aquel aventurero que se preciara, dando opciones de ir a las Colinas de Batiste, el Bosque de Targo o las Praderas de Bisga, es decir estaba lleno de gente, y siempre que hay gente de distintas procedencias hay una tendencia natural a que surjan problemas.
"Bien, hoy pasaremos la noche en Camoa, en un hostal, que es este de aquí," dijo Gides señalando una de las tabernas, "tenéis el resto de día libre para prepararos para la misión en el Monte Aldana. Aprovechadlo. Aquí a la hora de cenar."
Dicho esto, todo el mundo se fue por su cuenta a explorar la ciudad, y el Soldado Gides entró en el hostal.
"¡Jefa!" la propietaria de la taberna se quedó perpleja al oir esa palabra, en ese tono.
"¡Pero mira quién tenemos aquí!" dejó inmediatamente de fregar la barra con un trapo, se colocó el trapo en el hombro con un rápido gesto y anduvo hasta Gides.
*MUAC SMUAC*
Lo tenía agarrado entre sus brazos como si se tratara de su propio hijo, besuqueándolo. Ella era bastante ancha de huesos, y aunque le sobraba algo de carne, no parecía para nada gorda, y estaba bastante en forma a pesar de su avanzada edad, tanto física como mentalmente. Ningún ejercicio mejor para la cabeza que recordar los pedidos de los clientes y servirlos correctamente, y pasearse por las mesas completaba la dosis de ejercicio físico.
"Hacía días que no sabía nada de tí," le dijo ella, con cierto tono de regañina, "¿qué es de tu vida?"
"He estado ocupado con una misión," le explicaba él, "tuve que ir a Grass, y ahora tengo que ir al Monte Aldana, pero preferí aprovisionarme en Camoa por si las moscas."
"Entonces, ¿vas solo?"
"Precisamente de eso quería hablarte, jefa," la miró con la cara un poco más seria, "necesito una habitación para esta noche. Para cinco. Y también cena para cinco, y sería todo un detalle que mañana nos prepararas el desayuno para llevar."
"No te preocupes, cielo, déjamelo todo a mí."
"Me gustaría dejártelo todo pagado," Gides preparaba los guiles, "¿qué te debo?"
"Ya te he dicho que me lo dejes todo a mí, cielo," le dijo ella, "no me debes nada."
"¿Estás segura? Puedo pagarte, jefa, que no sea por el dinero," insistió Gides, poniendo los guiles encima de la mesa.
"Pues eso, que por el dinero no sea. Hay cosas que no se pagan con dinero, y tenerte aquí de nuevo es un placer."
Gides recogió los guiles repartidos por la mesa y los volvió a meter en la bolsa.
"Por lo menos déjame preparar la habitación donde voy a dormir," le dijo, "así aprovecharé para echarme un sueñecito hasta la hora de cenar."
No muy lejos de ahí, un grupo de camorristas, Humes y Bangaas en su mayoría, estaba causando estragos en la calle, provocando a todo cuanto pasara junto a ellos. Chalsye pasaba cerca de ahí, y lo primero que pensó fue en dar media vuelta y pasar por otra calle, pero sabía que si lo hacía, se lo estaría lamentando una temporada, así que reunió valor y empezó a caminar por la calle, con la espera de que la provocaran. No lo negaba, en el fondo de su corazón tenía ganas de repartir estopa.
"¡Eh, mirad, una Esgrimidora!" dijo uno de ellos.
"Será que no llega a Esgrimaga..." añadió otro de los provocadores con sorna. Era la oportunidad que había estado esperando Chalsye, que lo miró con desprecio, y después sonrió.
Con un movimiento rápido desenvainó su estoque, Flamberge, y se lanzó a por el provocador.
"¿¡Ah, sí!?"
La lluvia de golpes fue tremenda, hacia un lado, claro está porque al tipo no le había dado tiempo a sacar su arma. Uno de ellos, que tenía pinta de ser el cabecilla animó a los suyos.
"¡Venga, cretinos!¡Que nosotros somos más!" gritaba, jaleándolos.
Chalsye tenía que estar tan pendiente de no recibir impactos que apenas tenía ocasión de contraatacar, lo que causaba risas y nervios a partes iguales, lo primero porque la tenían bailando a su son, lo segundo porque no acertaban pese a tenerla rodeada. Y en ese momento, la Viera tropezó con un canto mal puesto de la calle, quedando a merced de sus oponentes.
"¡Ya es nuestra!"
"¡A por ella!"
*CLONK*
El tropiezo la había pillado por sorpresa y el dolor era fuerte, por lo que no vio cómo se habían tirado todos contra ella, así como tampoco vio el joven Hume que se había interpuesto entre ella y sus atacantes. Con una serie de rápidos movimientos con su katana desarmó a todos y cada uno de los camorristas.
"¡Y no volváis por Camoa!" los amenazó.
El apuesto joven ayudó a la Viera, que todavía estaba en el suelo, a levantarse.
"¿Puedes caminar?" le preguntó al ver el gesto de dolor que hacía al apoyar el pie en el suelo.
"Creo que sí, es ahora que me duele, pero mañana ya estará bien," dijo ella, fijándose en lo guapo que era el Yojimbo Hume, "si te va bien me podrías acompañar al hostal en el que me alojo. Por cierto, me llamo Chalsye."
"Yo me llamo Vaasi, encantado."
Hablando y hablando, acabó por descubrir que era de esa especie de asociación paramilitar, el Frente Popular de Roahl, de la que hablaba maravillas a pesar de hacer bastante poco que formaba parte.
"Queremos mejorar Ivalice, pero antes de expandirnos queremos empezar por Roahl, y posteriormente Flosis, aquí en Yutolandia. Si todo va bien aquí en Roahl, enviaremos gente fuera que hagan de semillas de este proyecto floreciente."
Eso sucedía cuando Ilwulf estaba defendiendo a un armero que se había encontrado por la calle de unos cuatreros. El armero, que según había dicho se llamaba Lulas Cressian, iba acompañado por un chocobo que arrastraba un carro con armas y armaduras de todo tipo.
Eran tres contra uno, puesto que Lulas no poseía dotes marciales.
"Veamos de que eres capaz, listillo," dijo uno de los rateros.
"Todo sería más fácil si nos dejárais vaciar el contenido de ese carro... jejeje"
"Apuesto a que no tenéis ni idea de manejar estas armas que lleváis, pero los comerciantes al veros pasan de tener problemas," dijo Ilwulf, más convencido de lo último que de lo primero.
"Dejémonos de cháchara," sentenció el tercero de los bergantes, "nosotros somos tres, y nos llevaremos el carro por derecho tras venceros en un justo combate. ¡Al ataque!"
*FRSSSSSSSTH*
Una flecha sobrevoló el improvisado campo de batalla y se plantó a los pies de uno de los cuatreros, deteniendo así su marcha.
"¡Eh, encanto! ¿necesitas una mano?" Lellyann le guiñó el ojo.
En ese momento los ánimos de Ilwulf subieron, ya no estaba todo perdido, y aunque no había visto luchar a Lellyann el hecho de que llevara un arco ya era suficiente de cara a galería. Esperaba que siendo compañera de clan de Chalsye y Ermine, por lo menos fuera igual de buena que Chalsye lo era con el estoque. Afortunadamente no iba muy errado.
*FRSSS* *FRSSS*
Dos flechas precisas se clavaron en un brazo y una pierna de distintos objetivos.
Inmediatamente retrocedieron, pensándoselo muy bien antes de proceder. Si atacaban a Ilwulf, Lellyann los cosía a flechazos, si se lanzaban a por Lellyann, el armero podría salir por patas cubierto por Ilwulf, y si se separaban...
"¡Dividámonos!" gritó el que parecía el cabecilla del grupo, él mismo fue a por el Ninja Ilwulf, pero sus dos compañeros no parecieron entender sus órdenes, con lo que todos volvieron a atacar a Ilwulf.
*FRSSS* *FRSSS*
*FRSS*
De nuevo, los tres enemigos retrocedieron al recibir sendos flechazos, mientras el cabecilla les echaba bronca.
"¡Alguno de vosotros tenía que ir a por la Arquera, cretinos!¡Necios!"
"No sabíamos quién," respondió uno de ellos, causando el facepalm inmediato de su interlocutor.
"Si os lo hubiera dicho no hubiera sido sorpresa," resopló, "tenía que salir de vosotros. Lo intentaremos una vez más, no falléis."
De forma totalmente previsible, uno de ellos hizo de cebo ante Lellyann que no sabía exactamente qué hacer. Podía atacar a su oponente, pero dejaba descubierto a Ilwulf, o podía atacar a los oponentes de Ilwulf, quedando ella sin cobertura. Tuvo una alocada idea.
Con una finta que le rompió la cadera a su oponente, Lellyann inició una carrera. Ayudándose de una de las paredes se colocó en posición de tiro mientras corría.
*FRSSS*
Con una flecha atravesó las vestiduras de ambos asaltantes y esta quedó clavada en la madera del carro.
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXVIII
lunes, 25 de agosto de 2014 a 9:30 1 quejasCapítulo vigésimoctavo: Rumores junto a la hoguera


Lellyann, la Viera Arquera, y Ermine ya regresaban al cuartel del Ejército de Yutolandia después de estar charlando todo el camino de vuelta.
"¡Alto!" les dijo un Seeq que montaba guardia, las dos Vieras se detuvieron al oir esa palabra. "¿Quiénes son ustedes y cuáles son sus motivos para entrar?"
"Yo soy Ermine, compañera de Gides e Ilwulf, que se encuentran dentro, somos conocidos de Erna Gozzola, y ella va conmigo," respondió Ermine educadamente.
El nombre de Erna fue el que actuó de palabra clave.
"Ehh, adelante, adelante, y perdón por las molestias," dijo el Seeq, "que tengan un buen día."
Ermine guió a su compañera a través del lugar, pensó que tal vez en la habitación habría alguien. Sin embargo al abrir vio que no había luz y que Gides e Ilwulf estaban durmiendo.
"El chico de ahí es Gides," le contó Ermine a Lellyann en voz baja, para no despertarlos, "es un Soldado del Ejército y el líder de su clan. El otro, el de los cabellos blancos es Ilwulf, era Ladrón de oficio, pero ahora es Ninja. Por lo que sé, un Juez ordenó que Gides formara el clan para mantener a raya y vigilado a Ilwulf, que debía ser partícipe. Pero en el tiempo que llevamos juntos, se ve que disfrutan con ello."
"¿Y Chalsye?"
"No sé dónde podría estar," Ermine quedó pensativa, "bueno, demos una vuelta por aquí, a ver si nos la encontramos."
Pero no fue así, al salir al patio de nuevo, fue Chalsye la que las encontró a ellas, antes de atravesar el umbral.
"¡Eh, Ermine! y... ¿Lellyann?" quedó completamente sorprendida, "¿eres tú, Lellyann? Ostras, aquí era el sitio donde menos esperaba encontrarte, dame un abrazo."
"Bueno, me he encontrado con Ermine en la ciudad," respondió ella, "y me ha puesto al corriente de todo, a ver si vamos ya a por Einnie, que le tengo unas ganas..."
"Yo creo que debemos reunirnos todas las del clan y hacernos fuertes, además, no sé si has conocido a Gides e Ilwulf, pero también nos ayudarán," Chalsye trataba de razonar con Lellyann.
"¿Y creéis que a esos dos Humes les incumbe lo que ocurrió con nuestro clan?" la Arquera parecía indignada.
"Los contraté para que me ayudaran" dijo Ermine, "cuando todavía no había encontrado a nadie de nuestro clan."
"Y precisamente, al no ser de nuestro clan no tendrán ningún problema en acabar con Einnie, sin dejarse llevar por sentimentalismos."
Lellyann no parecía estar muy de acuerdo, "¿sentimentalismos? si pudiera, partiría hacia Einnie y le clavaba cuatro flechas bien disparadas."
"¿Y por qué no lo has hecho ya?" le increpó Chalsye, "si hubieras querido habrías podido recabar información y lanzarte tú sola a la aventura. ¿Acaso no te veías con ganas?"
"¿Estás insinuando que no lo he hecho por cobardía, eh?¿Me estás diciendo esto?"
"Pues sí, te estoy diciendo que no lo has hecho por cobardía, porque sabes que Einnie es demasiado poderosa para que una sola persona se enfrente a ella," dijo Chalsye de forma tajante, "y por eso nosotras y Gides e Ilwulf te ayudaremos."
"¿Esos dos Humes son de fiar?" Lellyann seguía sin tenerlas todas consigo.
"Les confiaría mi vida si hiciera falta," dio Ermine por respuesta, "cosa que no es demasiado alejada de la realidad."
"Yo también creo en ellos," añadió Chalsye, "pero si vienes con nosotros tendrás la oportunidad de conocerlos más de cerca."
"Uhm... el chico del pelo blanco es bastante mono, ¿Ilwulf habéis dicho que se llamaba?" a Lellyann parecía empezarle a gustar la idea. "Claro que, la falta de luz podría darme una falsa imagen, así que... ¡Contad conmigo!"
"Me da la sensación de que no has cambiado ni un pelo," Chalsye suspiró.
*sigh*
El mediodía pasó sin mayores complicaciones, y por la tarde tocaba partir. Gides, Ilwulf, Ermine, Chalsye y Lellyann recogieron sus cosas y las empaquetaron.
"Despedíos de las comodidades del cuartel, porque me da que en varias semanas no volveremos a estar tan bien," dijo Ilwulf. Lellyann se acercaba a él, "¿y tú qué quieres?"
"Oh, nada, nada. Creo que tienes un bicho en la oreja..."
Ilwulf se pasó la mano por la oreja pero no detectó nada.
"Uhm, me debo haber equivocado ;)"
"Ya empezamos," soltaron a la vez en voz baja Ermine y Chalsye.
"Vamos a Monte Aldana," empezó Gides, "no sé si encontraremos muchos peligros, y no sé cuánto tardaremos en volver, por lo tanto, si alguien quiere abandonar el grupo, ahora es el mejor momento... ¿nadie?"
"Venga, ¡vámonos ya!" dijo una excitada Ermine, como si estuvieran saliendo de excursión.
"Sabes que no nos iremos hasta que saldéis vuestra cuenta con Einnie," dijo Chalsye.
"Uhm, también es cierto," respondió Gides.
Pronto abandonaron las inmediaciones de Grass para entrar en la archiconocida Llanura Baybold, lugar en el que sucedió la batalla nocturna entre los dos clanes. El paisaje era más bien pobre, poco había podido cambiar en el margen de dos días, unos montículos por ahí, unos parches de hierba por allá, y de tanto en cuanto un árbol, o varios.
"Si apuramos el paso, podremos llegar a las inmediaciones del Camino Vigg Sur con la Pradera de Bisga antes de que anochezca," intentó animarlos Gides.
"¿Y qué camino piensas seguir para llegar al Monte Aldana?" le preguntó Chalsye.
"¡Déjame, pesada!" le espetó Ilwulf a Lellyann, que se mantenía tan cerca como podía del Ninja.
"Es que eres tan mono y achuchable... :3"
Y eso que Lellyann no era fea, aunque tampoco era agraciada, para ser una Viera. Nada destacaba especialmente de su cara, pero llevaba el pelo ondulado, a diferencia de la moda de Vieras Arqueras de llevarlo liso, i el flequillo resaltaba más que uno liso. Por el resto, podría pasar por una Arquera cualquiera.
"Supongo que lo mejor será atravesar la Padrera de Bisga hacia el este, pasar de Camoa a la Colina de Batiste y acercarnos por ahí al Monte Aldana," respondiendo Gides a la pregunta de Chalsye, "¿tienes alguna opción mejor?"
"No, creo que pasar por Camoa para abastecernos nos hará bien," comentó ella.
El paisaje empezó a cambiar por uno más plano, artificialmente plano, hecho casi expresamente para carros con mercancías. Por aquí habían venido de Camoa, y eso notó Ermine.
"Por aquí vinimos el otro día," contenta de haberlo recordado.
"Cierto," añadió Ilwulf, "busquemos un lugar con gente y acampemos, mejor estar preparados antes de que caiga la noche y no veamos tres en un burro."
"Me parece una buena idea," Gides dio apoyo a la idea de Ilwulf.
"Ay, mi Ilwulf, qué listo que es..." dijo Lellyann.
Era entrada la noche ya, cuando encontraron varios grupos de gente que acampaban en la frontera entre Grass y Bisga. Ilwulf estaba algo molesto, primero por tener que aguantar a Lellyann, y segundo porque se habían retrasado demasiado, y era muy oscuro para acampar en condiciones.
"Que conste que yo ya os lo decía, que nos diéramos prisa, pero no, no entiendo cómo hemos reducido el paso, con lo bien que íbamos," se quejó, "y encima la pesada esta no para de acosarme."
"Vale, vale, ya paro :3" dijo Lellyann dándose por aludida.
Gides habló de nuevo, "en cualquier caso, no deberíamos entretenernos mucho, busquemos un sitio y acampemos," mirando de sacar hierro al asunto, sin cambiar de tema.
Finalmente encontraron un lugar entre varios grupos, a unos diez metros de todos ellos. Todos tenían sus tiendas de acampada y un esplendoroso fuego en el que estaban reunidos.
"Jo, qué envidia... ò3ó" dijo Ermine, observándolos de lejos.
Afortunadamente, la organización fue tan buena que, en un breve lapso de tiempo ya tenían las tiendas a punto y un hermoso fuego estaba a punto de arder.
"Cuidad bien de las tiendas, que una de ellas me la ha dejado Erna y se la tengo que devolver, la otra es mía y preferiría no tenerla que llevar a reparar hasta dentro de mucho tiempo, ¿entendido?" el resto del grupo aceptó.
Acabando de cenar, se reunieron de nuevo frente al fuego. Antes de empezar a hablar de temas triviales, Lellyann le preguntó a Gides acerca de la misión.
"Perdona si ya lo has contado Gides pero, ¿podrías explicarme cuál es la misión?"
"Ah, sí, no sé a quién se lo he contado y a quién no, pero os lo explicaré," dio un trago de agua de su petaca antes de iniciar la explicación, "creo que no soy lo suficiente fuerte para estar a vuestro nivel en combate así que se lo conté a Erna Gozzola, la Arpía. Según ella, Dyward es un Luchador experimentado, que podría transmitirme los conocimientos para ser un Luchador."
"¿Y ese tal Dyward está en el Monte Aldana?" preguntó Lellyann.
"Un momento, un momento, ahora voy a ello," Gides pidió calma para seguir contando la situación, "por desgracia Erna perdió el contacto con Dyward hace tiempo, así que desconoce su actual paradero. En Monte Aldana, tal vez, encontremos un tipo llamado Warreth. Este tal Warreth, para no alargarme mucho más, tuvo un problema con el Ejército y huyó. Él cree que el problema fue su culpa y no quiere saber nada del Ejército, pero Erna sabe que no fue así, así que si consigo traer a Warreth a Grass para que hable con Erna, muy probablemente nos acabe dando algún dato del paradero de Dyward."
"¿No es todo como muy rocambolesco?" Ilwulf había ido siguiendo la historia que narraba Gides.
"Lo sé, pero es la única pista que tenemos, y... qué narices, ella está indagando el paradero de Einnie, creo que nosotros podemos encargarnos de esto, ¿verdad que sí?"
"¡Faltaría más!"
"¡Claro que sí!"
"¡Apuesta el culo a que sí!"
Luego la conversación fue degenerando a temas más triviales, como era de esperar. Y cómo no, Lellyann era quien estaba en el ojo del huracán.
"Venga chicos, si tuviéseis que elegir a una de nosotras para... bueno para 'eso', ¿a cuál de nosotras elegiríais?"
"No pienso responder a eso," dijo Ilwulf, que sí que quería responder, pero esperaba a que fuera Gides el que hablara primero.
"Uhm... no os pongáis celosas, eh, pero yo creo que me quedaría con Chalsye," dijo Gides, "es fuerte, inteligente y muy guapa, lo tiene todo," lo que no dijo era que a quien quería de verdad era a Erna Gozzola, su amor platónico.
La cara de Chalsye era un poema.
*fuii-fiu*
"Venga, Ilwulf," insistió Lellyann con cara de pilla, "Gides ya ha dado su respuesta, ¿con qué nos sorprenderás?"
"mmmm..." murmuró algo ininteligible, rojo como un tomate, pero eso no se veía porque era oscuro y el fuego disimulaba los colores.
"No te hemos oído," dijo Ermine.
"Me gustas tú Ermine," respondió él con un hilillo de voz, "tan inocente y frágil, pidiendo ser protegida sin saberlo."
Tras cambiar de tema unas cuantas veces más ninguno sin la chicha que podía tener el tema anterior, se pusieron de acuerdo para ir a dormir. Apagaron el fuego a instancias de Ilwulf, y se dividieron en chicos y chicas, o Humes y Vieras. La primera noche les costó dormir, ya sea por los nervios o porque todavía no estaban cansados de verdad. Finalmente todos consiguieron conciliar el sueño, y a diferentes velocidades se despertaron con las primeras luces del sol.
"Intentemos ir con la máxima celeridad posible," dijo Gides al grupo mientras desayunaban algo, "estaría bien que llegásemos al borde de la Pradera de Bisga con Camoa esta tarde."
Como ellos, el resto de grupos que había acampado estaban recogiendo todo, incluso había algún grupo que ya había partido.
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXVII
lunes, 28 de julio de 2014 a 11:53 1 quejasCapítulo vigesimoséptimo: Dyward


Chalsye y Ermine estaban en el patio, preguntando si alguien había había visto al Soldado Gides y al Ladrón Ilwulf.
"¿Dónde os habíais metido?" preguntó Chalsye. Gides e Ilwulf estaban de regreso, junto con la aprehendida Feidre Akish. Acababan de llegar al cuartel.
"Estábamos un poco preocupadas," dijo Ermine.
"Yo estaba entrenando en el patio cuando he visto a Gides salir, entonces lo he seguido, por curiosidad," se explicó Ilwulf.
"Yo me he despertado a medianoche, y he decidido salir a dar una vuelta. Entre pitos y flautas me he encontrado con una pequeña aventura nocturna," era el turno de Gides de dar explicaciones, "traemos una sorpresa para las mazmorras," dijo señalando a la Tiradora Feidre Akish.
Un alguacil tomó la Viera bajo su vigilancia y responsabilidad. Gides se disculpó un momento con su grupo, quería hablar a solas con Erna. La Gria se encontraba en su despacho, rellenando papeleo.
"Ehm, perdona Erna, el tipo que dijiste que podía enseñarme a ser más fuerte, ¿quién es y dónde puedo encontrarlo?" le preguntó Gides.
"Ah, sí... creo que olvidé decírtelo," dijo Erna, "y si te lo dije, te lo recuerdo, la persona que buscas es Dyward, es un Luchador experimentado, si lo consigues encontrar, seguro que sabrá transmitirte los conocimientos para ser un excelente Luchador."
"Si lo... ¿consigo encontrar?" Gides estaba perdido.
"Sí, por desgracia perdí el contacto con Dyward hace tiempo, así que desconozco su actual paradero," le explicó Erna, con los codos apoyados en la mesa y su mentón encima de sus manos.
*knock knock*
"¡¿Sí?!" respondió Erna al oir que alguien picaba la puerta, "pasa".
"Perdón por las molestias," dijo el joven Hume, que tenía pinta de ser un mensajero del cuartel, "no sabía que estabas reunida, ¿te va mejor que te pase el mensaje después?"
"Ya que he interrumpido mi conversación con Gides, adelante."
El joven se acercó a Erna, y le dijo a Gides, "lo siento, es información confidencial," acto seguido le cuchicheó algo a Erna en el oído. Ella cambió su expresión de la neutralidad al asombro, incluso con un toque de desconcierto.
"Eso es todo," dijo el mensajero.
"Puedes retirarte," le ordenó ella. Él abandonó el despacho, cerrando la puerta a su paso, dejando solos de nuevo a Erna y Gides.
"Me acaban de llegar buenas y malas noticias," anuncio Erna, cuya expresión era mínimamente triunfal, "¿por cuáles quieres que empiece?"
"Ehm... ¿las malas?"
"Tan sólo bromeaba, las buenas noticias son que puedo darte una pista sobre Dyward, las malas, que no te garantizo nada y que quien puede darte una pista está en el Monte Aldana," le contó Erna, ahora con una sonrisa en su boca para quitar tensión al momento.
"Aldana, ¿eh? creo que me lo pasaré muy bien allí," respondió el Soldado.
"De hecho me harías un favor enorme si fueses con tu clan, pues el Monte Aldana está bastante lejos y eso implicaría perder fuerza en Grass durante varios días. Confío en tí y sé que puedes hacerlo," Erna se había levantado y le decía eso pasándole el brazo por detrás del cuello, como gesto de confianza.
Por la mente de Gides pasó un pensamiento en el que él la agarraba y se besaban apasionadamente mientras ella le deseaba suerte en su nueva empresa. Pero sabía que nada bueno saldría de ello, Gides nunca había sido impulsivo en sus actos, tal vez cuando fuera agente del Ejército, con su reluciente capa azul, volvería a Grass y conseguiría algo más que arrancarle un beso...
"Y bien, ¿lo has entendido?" Erna le acababa de explicar en qué consistía si misión, pero Gides estaba en su mundo ideal y no se había enterado de nada.
"Ehm... Uhm... no," Gides se sintió mal, porque no podía dejar de mirarla a los labios mientras hablaba, y a la vez no quería quedar mal con ella.
"Digo que una vez llegues al Monte Aldana, tienes que encontrar un tipo llamado Warreth, que es Luchador, igual que Dyward. De hecho, como te he dicho antes, él fue discípulo de Dyward, así que tal vez sepa algo sobre su paradero. Un tipo algo problemático, el tal Warreth, por lo que contaba Dyward."
"¿De que conocías a Dyward?" le preguntó Gides por mera curiosidad.
"Fue instructor de Luchadores para el Ejército de Yutolandia durante un tiempo," le explicó Erna, "de hecho, Warreth llegó a entrar en el Ejército, pero al término de una misión tuvo una fuerte discusión con el líder del grupo y acabaron por llegar a las armas, los dos estaban bastante igualados, pero por desgracia Warreth lo mató. Fue un día aciago en que perdimos a un buen combatiente y a alguien que podría haber sido un buen líder, Warreth salió corriendo, y nos ha estado esquivando todo este tiempo, aunque no le queríamos hacer ningún daño. No sé, habiéndote contado toda esta historia tengo la sensación de que serás capaz de hacerle volver, aunque tampoco quiero añadirte presión."
"Bien, entonces partiremos cuanto ahh..." un bostezo interrumpió sus palabras.
"Creo que deberías echarte un rato antes de partir, no es un viaje fácil de aquí al Monte Aldana," le dijo Erna Gozzola.
Gides salió del despacho de Erna, y volvió al patio. Allí se encontró a Chalsye, que estaba practicando su técnica con el estoque. Ella le respondió que Ermine había salido a dar una vuelta y que Ilwulf se había ido a echar un sueñecito al ser preguntada por el resto del grupo. Gides le dijo que él también iba a tumbarse y que cuando despertara les explicaría la situación.
Efectivamente, Ilwulf estaba en la habitación que el Ejército de Yutolandia les había cedido, tumbado en su cama, ignorante de la aventura que les esperaba en su misión. Sin más dilación, Gides se tumbó en su cama y pronto se dejó abrazar por el reino de Morfeo.
En el pueblo de Grass Ermine disfrutaba del día paseando por las calles impregnadas de ese olor de salobre que tanto le gustaba. Describir las calles de Grass de nuevo sería de de necios, con sus paradas y tenderetes y sus edificios de piedra, unos más esplendorosos que otros. También pasó por varias tiendas de armas, y de ropa, y de accesorios, donde se probó varios y diversos estoques, y algo más de ropa. Pero como no tenía dinero se conformó con devolverlo todo al finalizar la sesión de pase de modelos.
Le entró algo de sed, así que entró en una taberna, allí notó que estaba siendo observada, pero no le dio mayor importancia, pues las tabernas suelen sitios donde las miradas se centran en el cliente más reciente en entrar. Pidió un refresco que pagó con algunas de las pocas monedas que llevaba, todavía no estaba habituada a las bebidas alcohólicas, que además solían ser bastante más caras. Vio una mesa pequeña desocupada y pensó que estaría bien sentarse ahí en vez de hacerlo en la barra.
*glup glup*
De pronto notó cómo alguien se acercaba a ella por detrás, se giró. No había nadie, tal vez ya iba siendo hora de volver al cuartel y reunirse con Chalsye y sus compañeros, comerían, y Gides les explicaría cómo le había ido su conversación con la Gria Erna Gozzola.
*glup glup*
Nada más terminarse el refresco dejó el vaso en la mesa y se levantó. Saludó a la tabernera por cortesía y abandonó el lugar, habiendo casi olvidado la pequeña anécdota. Poco después de salir volvió a tener esa sensación, así que optó por andar deprisa, no pensaba que quienquiera que fuese que la estaba siguiendo intentaría nada raro si andaba por lugares transitados. Se giró mientras caminaba, más que nada por si lograba detectar la fuente de su quebradero de cabeza.
*TOC*
Despistada como andaba, Ermine chocó contra un Bangaa y acabó por los suelos. Siempre que uno se choca contra alguien por la calle es contra un Bangaa o un Seeq, son verdades universales de Ivalice.
"¡Mira por dónde andasss!" el Bangaa se puso farruco. Ermine se dolía de la espalda y no prestaba atención, "¿me essstásss essscuchando, sssinvergüenza?"
Ya en el colmo de su cólera, el Bangaa acabó de perder los papeles y desenfundó su arma. La Viera se levantó y se dio unas palmadas para quitarse el polvo.
"¡Argh!" el Bangaa fue a atacar.
"No le tocarás ni un pelo," dijo una figura encapuchada, con un tono de total tranquilidad. El Bangaa se detuvo al verse apuntado por un arco, indignado, abandonó una pelea que no sabía si podía ganar. La figura encapuchada se descubrió.
"¿Lellyann?" Ermine parecía sorprendida.
Lellyann era una Viera Arquera, "¡Lellyann eres tú!" y Ermine y ella se abrazaron, felices reencuentros.
"Jeje... en parte ha sido culpa mía que te chocaras contra el Bangaa, pero quería seguirte para asegurarme de que eras tú," le contó Lellyann.
"¿También estabas en la taberna?" preguntó Ermine.
"¿En la taberna?" la expresión de Lellyann se tornó seria y preocupada, "¿quieres decir que alguien te estaba siguiendo en la taberna?"
"S-sí, ¿por?" Ermine empezaba a estar asustada y preocupada.
"Jeje... es broma," admitió Lellyann sacando la lengua, "te he visto entrar en la taberna, y quería observarte de cerca, hacía bastante que no te veía y no sabía si eras tú. No quería asustarte, lo siento."
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXVI
lunes, 9 de junio de 2014 a 13:04 2 quejasCapítulo Vigesimosexto: Cuento del amanecer


"Definitivamente, está muerto," dijo Gides mientras tomaba el pulso a Broisse.
"Las flechas parecían venir de ahí," Ilwulf señalaba una zona en los tejados. Con la defunción de Broisse, el trío de maleantes quedaba reducido a dos, Mervin Jagko y Feidre Akish.
La misma Feidre, que andaba magullada tras su previo enfrentamiento con Khyros y los otros dos, a sabiendas de que una pelea cara a cara contra ellos tres podría resultar fatal, se desplazaba arrastrándose, deseando que la nube que acababa de tapar la brillante luna se quedara ahí quieta. También iba con sumo cuidado de no hacer ruido.
Ilwulf les guiñó el ojo a sus camaradas, confiado, parecía contar con un estratagema.
"¡Parece que la Viera se nos ha escapado!¡Maldición!" lo decía en voz alta, prácticamente gritando, y cabe decir que resultaba una actuación bastante convincente, "¡Será mejor que abandonemos su captura!"
"¿Era necesario este numerito?" le preguntó Gides, que se rascaba la cabeza con expresión de recelo.
"Era necesario," respondió Ilwulf, con media sonrisita socarrona, "ahora yo iré por los tejados, probablemente la Viera haya bajado la guardia si nos ha oído."
"¿Y nosssotrosss?"
"Vosotros estad atentos a una señal mía, si vamos todos por los tejados seremos más fácilmente detectables y no nos desplazaremos tán rápidamente."
Dicho esto, Ilwulf se ayudó de una caja de madera y un toldo de una parada para alcanzar el tejado más próximo. Se desplazaba tan silenciosamente que parecía que alguien hubiese eliminado el sonido.
Ah... La brisa fregándole la cara como agua de colonia, el silencio de la noche. Al fin y al cabo Ilwulf era un lobo solitario que se encontraba en su salsa en misiones individuales. Era lo que había vivido desde pequeño, depender únicamente de él mismo, siempre había encontrado la manera de solucionar sus propios problemas. Detestaba el hecho de que otras personas dependieran de él, y detestaba tener que tomar decisiones que afectaran al resto de sus camaradas, estaba claro que no servía para comandar tropas.
Dejando de lado ese ensimismamiento, volvió a la realidad, la busca y captura de Feidre Akish.
La Viera había oído la treta de Ilwulf, por su naturaleza desconfiada no se lo acababa de creer, pero sus alternativas eran pocas, y su mejor baza era seguir alejándose de sus perseguidores en dirección a la guarida, donde le esperaba Mervin Jagko.
Tendría que explicarle a Mervin que Broisse había sido eliminado porque tenía la lengua floja. Seguro que lo entendería, y seguro que se alegraría, tendrían más recompensa a repartir, salvo que... ¡Oh, cómo había podido ser tan ingenua! Era mejor que Mervin no descubriera que Broisse había sido aniquilado, por lo menos no antes de repartirse las ganancias.
Tal vez esas fueran las peores dos flechas que había lanzado Feidre en toda su vida. Posiblemente las más precisas, pero ya se estaba arrepintiendo. Ya iba siendo hora de abandonar los tejados de Grass, se había alejado lo suficiente, se ayudó de una de las cornisas para descender...
¡Estaba ahí!
Ilwulf vio cómo la Viera estaba a nivel de suelo.
"¡Está aquí!¡Gides!¡Khyros!" gritaba con el deseo de poder atraparla, y para tal fin se lanzó desde el tejado hacia ella.
"¡Vale ya tanto alboroto!" gritó un vecino desde una de las ventanas cercanas.
La Viera vio venir al Ninja, y con una agilidad notable lo esquivó justo en el instante en que él pensaba que la había atrapado. De la velocidad que llevaba del descenso, y el poco margen de maniobra que tenía, causaron que Ilwulf cayera mal, dándose un fuerte golpe en la zona pectoral.
Notaba un dolor tremendo, por el que se estaba agitando como loco, y encima le costaba respirar. Era una sensación muy desagradable.
Su enemigo había bajado la guardia, pensó Feidre que en ese mismo instante no tenía en mente huir. Lentamente tomó el gran arco que le colgaba de la espalda, y con una virguería se lo colocó en posición de ataque, del carcaj que llevaba sacó una flecha y tensó la cuerda, apuntando a Ilwulf.
"Acabaré con tu sufrimiento," dijo ella.
Era más fácil decirlo que hacerlo, Feidre intentaba apuntar a las zonas vitales, sin embargo los movimientos convulsivos de Ilwulf, tan impredecibles, desconcertaban a la Viera, que lo intentaba una y otra vez.
"Venga, venga, detente unos segundos, pequeño cabr..."
Dos sombras se acercaban por el callejón hacia ella, Feidre no se lo pensó dos veces y abortó. Ya tendría tiempo de acabar con ellos junto a Mervin. En ese momento, Feidre se apuntó una nota mental: no mencionar a Broisse.
"¡Ya llegará vuestro turno...!" soltó ella.
"¡Y lo estaré esperando, zorra!" gritó el mismo vecino de antes, "¡ahora dejadme dormir de una vez!"
Por cuestiones éticas, tanto Gides como Khyros dieron preferencia al estado de Ilwulf antes que a Feidre Akish. Khyros llevaba algunos objetos curativos con los que pudieron restaurar algo la salud del Ninja.
Apoyado contra una de las paredes de uno de los edificios de la calle, Ilwulf parecía tener mejor aspecto, o por lo menos es lo que se podía deducir de su tono de voz, ya que la iluminación era más bien pésima. Les contó cómo había tenido el accidente.
"Por lo que cuentas y la dirección en la que ha salido corriendo, tengo la sensación de que su guarida está en esta dirección," Gides señalaba una zona mientras hablaba.
"Me temo que no essstásss en condicionesss de luchar," le dijo Khyros a Ilwulf, que estaba haciendo un esfuerzo titánico para levantarse.
"Khyros tiene razón, ya nos las apañaremos solos, lo mejor será que vuelvas al cuartel," Gides ayudó al Ninja a sentarse de nuevo, apoyando su espalda contra la pared.
El Bangaa y el Hume dejaron atrás a Ilwulf, aunque éste último con molestias y dolores, no se dio por vencido y los iba siguiendo de lejos. Estaban aproximándose a las afueras de Grass.
"¿No nosss la habremosss passsado?" Khyros observaba los alrededores, poco convencido. Gides sabía que estaban tras la pista correcta pero no tenía nada que lo demostrase. El sol empezaba a despuntar en el este, iluminando sutilmente el escenario.
Una agradable brisa hacía bailar los matojos de hierba. Ante ellos se extendía una frondosa llanura, adyacente a la Llanura Baybold. Al fondo de todo se divisaban unas montañas, no muy altas, por cierto.
En una choza en algún lugar indeterminado de esa llanura una Viera y un Hume tramaban planes.
"Ya va siendo hora de reunirnos con el cliente," dijo Mervin Jagko. La Bailarina Raenan estaba atada a una silla, Mervin la desató del mueble sin liberarle las manos. "Vamos."
Feidre abrió la puerta para que Mervin y Raenan pudieran pasar, el primero tirando de la segunda, para acto seguido cerrarla.
"Veo algo," dijo Gides. En su campo de visión habían aparecido tres puntos, dos iban juntos y el tercero iba algo más a su bola. Khyros todavía no conseguía divisar lo que Gides, finalmente entraron en el campo de visión del Bangaa.
"Sssí, esssa esss Raenan."
"Mejor esperemos, a ver si se acercan," dijo Gides, "si atacamos a lo loco nos verán a la legua."
Esa estrategia pareció convencer al Trilero, que aún así no hubiera dudado en lanzarse al ataque. Mervin Jagko no parecía acercarse a Grass, el plan de Gides no acabó de funcionar.
"Ahora sssí, ¡tenemosss que ir a por ellosss!" exigió Khyros. El Soldado ya no tenía autoridad moral sobre estrategias, así que se dedicó a seguir los movimientos del Bangaa.
Con una carta en mano, el Trilero la lanzó contra los pies de la Viera, a la que pilló desprevenida y cayó al suelo.
"¿Qué ha pasado?" Feidre Akish se levantó del suelo. Mervin se detuvo.
Khyros se desplazaba rápidamente contra Feidre, que se estaba levantando, y la arrolló empujándola con el hombro. Gides llegó poco después. Mervin Jagko reaccionó rápidamente.
"No os acerquéis o la mato," dijo perdiendo la compostura mientras sujetaba a Raenan, con una katana en su cuello, "si hacéis lo que os digo nadie resultará herido," ahora ya parecía controlar la situación.
"¡Ayuda, ayuda!" gritó Raenan agitándose, sin conseguir librarse de su captor.
Y aunque la situación era desesperada, Khyros parecía extrañamente tranquilo. Mervin les dio las primeras órdenes.
"Bien, bien," empezó, "ahora poned las manos donde pueda verlas."
Las manos de Gides y Khyros quedaron en alto, para goce de Mervin Jagko, que esbozó una sonrisa de poderío.
"Ahora os quedaréis quietos, mientras yo y mi camarada nos alejamos. No déis ni un paso mientras pueda veros," Mervin Jagko empezó a desplazarse de espaldas, con los gritos de ayuda de Raenan de fondo, "¡vamos, Feidre!"
Feidre Akish, con la desidia reflejada en sus ojos, tomó su arco, y con movimientos poco gráciles se desplazó hasta Mervin Jagko. Ese estado llamó la atención de Gides.
"¿Qué le ocurre a la Viera?" le preguntó a Khyros, cuando Mervin estuvo a una distancia prudencial, sin bajar los brazos.
"Essspera y verásss," respondió críptico el Bangaa.
Lo que estaba claro es que Feidre no parecía estar en su mejor estado, con el arco apuntándolos, giró unos grados y sin pestañear lanzó dos flechas contra Mervin Jagko, en el cuello, tal y como había hecho con Broisse. Pero esta vez lo había hecho desde un estado alterado, sin ser consciente de ello. De repente quedó quieta como una estatua.
Raenan se desplomó, quedando de rodillas, y sosteniéndose con las manos atadas. Khyros salió corriendo hacia ella, para abrazarla y consolarla.
"La Viera esss toda tuya," le dijo a Gides.
"Espera, que te ayudo," dijo Ilwulf.
"Pero... ¿tú qué haces aquí?" le regañó el Soldado, "tenías que haber regresado al cuartel, estás lesionado."
"Ya... pero me daba cosa regresar herido sin nada que pudiera explicarlo..." Ilwulf intentó darle un tono apenado.
"Bueeeno."
"¡Graciasss por todo!" Khyros estaba emocionado, "no sssé lo que hubiera hecho sssin vosssotrosss."
"¡Gracias chicos!" Raenan también estaba emocionada, casi en estado de choque.
"No sssé cómo osss lo podría agradecer," Khyros y Raenan se abrazaron.
"Da igual, nos conformamos con ver que estáis los dos bien," respondió Gides.
Raenan y Khyros volvieron a Grass. Gides e Ilwulf usaron las cuerdas de Raenan para atar a Feidre Akish, aprovechando que todavía estaba en estado catatónico. El amanecer dio paso al jolgorio habitual de Grass.
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXV
lunes, 26 de mayo de 2014 a 6:30 1 quejasCapítulo Vigesimoquinto: Cuento de medianoche


Era plena noche en Grass, que al tratarse de una ciudad importante, incluso de noche el ritmo no paraba, por lo menos en el puerto. No se puede detener un barco porque sí. Y en el cuartel del Ejército de Yutolandia tres cuartos de lo mismo, los malhechores y buscones no respetaban el descanso nocturno. Sin embargo, la habitación donde dormían Gides, Chalsye, Ermine y el bueno de Jens Rhudd, y desde pocas horas antes, Ilwulf, estaba en profundo silencio, prácticamente ajena a todo lo que ocurría, salvo por los pasos que se detectaban por los pasillos ocasionalmente.
Algo hizo que Gides despertara de golpe, y esa inexplicable sensación también impedía que pudiera volver a pegar ojo de nuevo. A pesar de ello, el Soldado se revolvía en la cama, cambiando inútilmente de posición, y cerrando los ojos a la espera de que por arte infundido el sueño le volviera. Con ojos como platos, y sin poder dejar de seguir los pasos que se oían de fuera de la habitación, acabó por levantarse de la cama.
Intentó hacer el menor ruido posible, para no interrumpir el descanso de sus compañeros de habitación, como le había pasado a él. Al abrir la puerta, inevitablemente, se coló un haz de luz. Antes de cerrar la puerta con sumo cuidado, Gides vio una de las camas que estaba vacía aunque con las sábanas revueltas. No le dio más importancia, igual alguien había tenido que ir al baño. Pasó a ser, ahora que caía en la cuenta, uno de esos pasos casi imperceptibles para la habitación, pero que prestando atención se captaban.
Un Soldado Dragón armado con una lanza hacía la ronda nocturna en esa sección del cuartel. Gides se preguntó cómo no lo había oído antes, por el rechinar de la armadura al ritmo de su movimiento al andar unido al eco del pasillo. El Bangaa lo saludó con la mano, emulando cierta forma militar. Después de que Gides, al verlo, le devolviera el saludo, siguió con su tarea de vigilancia. Los pasillos estaban iluminados por cristales infundidos de magia que brillaban.
Como no sabía bien qué hacer o adónde ir, acabo por salir al patio, donde los reclutas que tampoco podían dormir o bien que tenían que estar de reserva, a punto de cualquier emergencia, practicaban sus artes marciales, ya fuera solos, ejecutando ejercicios, o en compañía, con armas de pega. En el patio había varios cristales de luz a modo de focos. Gides dio un garbeo y al final acabó yendo a la puerta principal, donde un Paladín y un Guerrero estaban de guardia.
"Hola, buenas noches," saludó Gides.
"Buenas, ¿sales?" le preguntó el Paladín, el Guerrero seguía a lo suyo.
"Sí, no puedo dormir así que voy a dar una vuelta por Grass, a ver si así me viene el sueño," le explicó Gides.
"Ay, la de noches en vela que he pasado, y algunas de ellas antes de entrar de turno de guardia..." le contó el Paladín, "son lo peor. ¡Que vaya bien!"
Entre las personas que estaban usando el patio como recinto de entrenamiento, Ilwulf estaba leyendo 'El sombrío camino del Ninja' donde se explicaban conceptos útiles para aquellos Humes que querían aprender el oficio, aprovechando los cristales de luz para su lectura. De refilón vio que Gides estaba saliendo del cuartel, así que decidió poner a prueba algunos de los conceptos en caso de que su compañero se metiera en problemas.
El clima era muy agradable, probablemente porque el mar amortiguaba los cambios bruscos de temperatura. Gides estaba disfrutando el paseo nocturno cuando le vino a la cabeza uno de los bailes que una bailarina estaba interpretando cuando habían llegado a Grass ese mismo día. Pensó que tal vez la podría volver a ver, sólo tenía que recordar en qué calle se encontraba.
Los edificios tenían un aspecto diferente respecto a cómo se veían a plena luz del día, por lo que era algo más complicado orientarse. Ilwulf se estaba preguntando qué era lo que buscaba Gides, que miraba y remiraba las calles. Más pronto que tarde lo descubriría.
Había poca gente en las calles, como era de esperar, los clanes que estaban de paso a esas horas ocupaban habitaciones de posadas y dormían. Los posaderos más avispados intentaban apretujar cuantos clientes pudieran en una habitación, algunos restaurantes estaban todavía abiertos, haciendo la última caja del día, mientras clientes en obvio estado de embriaguez narraban pasajes de su anodina vida.
Gides dobló la esquina, sí, era por ahí, que esa mañana había visto esa bailarina. El Ninja neófito, Ilwulf, se arrimó a la esquina para poder seguir los movimientos de su compañero. Un Trilero hablaba con la bailarina, seguidamente la tomó de la mano y con la otra arrastraba un carrito. Gides se aproximó a ellos, Ilwulf, de la mejor manera que pudo los siguió, intentando oír la conversación.
"Perdonad," Gides se había plantado delante del Trilero y la bailarina, "¿cómo os llamáis?" le preguntó a ella.
La pregunta los pilló por sorpresa, pero finalmente ella respondió, "Raenan."
"Nunca había visto a nadie bailar como vós," dijo Gides, "esta mañana me habéis robado el corazón, con esos movimientos tan gráciles y llenos de ritmo..."
Raenan se ruborizó. El Trilero que la acompañaba parecía estar perdiendo la paciencia.
"¿Y a mí no me preguntasss cómo me llamo?" espetó el Trilero de repente.
"Er... Uhm..." Gides no sabía qué decir.
"Me llamo Khyrosss. Y ahora sssi nosss permitesss, Raenan y yo tenemosss que ir a dormir para dessscansssar, que mañana tenemosss que sssseguir actuando. Losss guilesss no nosss losss regala nadie."
Anonadado todavía se hallaba, cuando Khyros y Raenan prosiguieron con sus quehaceres. Gides suspiró, mirando al infinito.
"¡Aaaah!" gritó Raenan.
Tardó Gides en entender lo que acababa de ocurrir, y reaccionar. Un Yojimbo apareció detrás de Khyros y lo atacó por la espalda para, acto seguido, salir corriendo. El Bangaa fue pillado por sorpresa totalmente. Un Ninja se llevó a Raenan, y fue entonces cuando gritó. Gides empezó la persecución.
*FLISSSSS*
Una flecha se clavó a sus pies, a modo de aviso. Miró rápidamente los tejados, allí vio una Tiradora. La Tiradora escapó, pero no vio que tenía alguien detrás, que le hizo tropezar. Era otro Ninja y no parecía tener relación con los secuestadores, la agarró y se dejó caer del tejado, usando una lona de un tenderete para amortiguar el descenso.
El Ninja se descubrió la cara.
"¿Ilwulf?" preguntó extrañado Gides.
"Te he visto salir del cuartel y he decidido seguirte por si te metías en problemas," le explicó Ilwulf.
"¿Y este traje tan chulo?"
"He decidido cambiar de oficio," dijo Ilwulf, "estoy practicando el oficio de Ninja gracias a un libro que me dio Gram Benn. Hoy hemos ido a ver qué encontrábamos en la guarida de los ninjas, y había trajes chulísimos de Ninja. Hemos arrasado con todo lo que podíamos llevar."
"Entonces... supongo que has visto lo que acaba de ocurrir."
"Sí."
Gides se acercó a Khyros, que estaba noqueado, e intentó despertarlo. Tras varios golpecitos en la cara, el Bangaa despertó. Por los gestos que hacía parecía que la cabeza le dolía bastante. El espíritu guerrero innato de los Bangaa se hizo presente en el Trilero y pronto se recuperó, dispuesto a dar guerra.
"Grrrr," gruñó.
"Tranquilízate, Khyros," intentó calmarlo Gides, "tenemos uno de los secuestradores."
Khyros entró en modo ira y se lanzó al ataque de Ilwulf y la Tiradora, el Ninja, viendo que el Bangaa iba a por los dos, sonrió señalando a la Viera. Gides intentó detenerlo, agarrándolo del brazo, pero la fuerza del Bangaa era tanta que lo levantó a peso muerto mientras daba zancadas. Khyros, con el brazo libre, golpeó a la Viera con todas sus fuerzas.
Por suerte para la Viera, Gides se había colgado, sin saberlo, del brazo bueno de Khyros, obligándolo a usar su brazo malo restando potencia a su puñetazo. Aún así, acabó escupiendo sangre.
"¡¿Dónde essstá Raenan?!" Khyros se encaraba con la Viera mientras le hacía la pregunta. Gides intentó interponerse entre Khyros y ella, para tratar de calmar la situación.
"Calma, no sacarás nada de golpearla sin sentido," se giró mirando a la Viera, "¿Cómo te llamas?"
La Viera le escupió en la cara. Gides se secó la cara con la capa, intentando mantener la compostura. Por su mente corría hacer como Khyros, pero sabía que no tenía que dejarse llevar por los instintos.
"A ver. Tranquilidad. Podemos hacer esto por las buenas o por las malas," al decir esto último hizo un gesto con la cabeza, señalando a Khyros, "ya sé que esta amenaza está muy manida, pero si lo hacemos por las malas no te va a gustar. Repito, ¿cómo te llamas?"
La Viera no parecía estar dispuesta a colaborar. Gides volvió a darse la vuelta. "Toda tuya," le dijo a Khyros.
El Bangaa dio un golpe certero a la Tiradora, esta vez con el brazo bueno. Ella acabó saltando varios metros, frotándose la cara, el lugar donde había recibido el puñetazo lleno de ira de Khyros. Ilwulf la tomó de nuevo, para evitar que escapase.
"Y bien, ¿vas a responder?" le susurró Ilwulf en la oreja.
"Feidre... Akish..." respondió la Viera.
"Bien, Feidre Akish, parece que ya hemos avanzado algo," dijo Gides, "¿qué queréis de Raenan y Khyros?¿os ha contratado alguien?"
Feidre meditaba sus respuestas.
"El cliente nos encargó secuestrar a la bailarina, pero nunca reveló su identidad, ni sus fines," Feidre miró a su alrededor. El arco había quedado en el tejado pues se le cayó cuando el Ninja la empujó, y a pesar de todo, estaba en clara inferioridad numérica. Tendría que seguirles el juego.
"¡Aaaaaaaaaaaaaaaahh....mfphfmmpfh"
Raenan consiguió gritar, aunque el Ninja le tapó la boca rápidamente, colocándole la mordaza de nuevo asegurándose de que estaba bien sujeta.
"Mervin, Feidre hace rato que no nos sigue, ¿crees que estará bien?" preguntó el Yojimbo.
"Ella sabe cuidarse sola, Broisse," respondió Mervin Jagko, "pero si tanto te preocupa, regresa a ver si te la encuentras. Yo voy tirando a nuestra guarida. Si al amanecer no habéis vuelto, me reuniré con el cliente al lugar acordado."
"OK," el Yojimbo, Broisse, regresó a por Feidre Akish, la Viera Tiradora, mientras Mervin Jagko se llevaba a Raenan.
Feidre Akish había conseguido dar evasivas, Khyros oyó el gritó de Raenan, y usó una de sus técnicas de Trilero para dejarla inmovilizada.
"Essstá por allí," dijo Khyros, "la Viera no podrá moverssse en un buen rato."
Dejándola de lado, Gides e Ilwulf siguieron a Khyros que parecía saber dónde se había producido el grito. La fortuna quiso que Broisse se cruzara con el trío, está claro que fortuna para Khyros, porque el Yojimbo maldijo toda su mala suerte al verlos. No podía luchar cara a cara contra ellos porque tenía las de perder, así que dio media vuelta.
"Arrrgh... ¡que no essscape!" gritó Khyros.
Broisse tomó su espada en movimiento y lanzó un Kamaitachi contra Khyros. El Bangaa tomó el ataque de frente, aunque esto no lo detuvo. De pronto se encontraron persiguiendo a Broisse, en vez de buscar a Raenan, con el Trilero lanzando cartas contra el Yojimbo.
La persecución terminó cuando Broisse entró en un callejón del que no pudo escapar, de esas en que estás intentando despistar a tus perseguidores doblando esquinas.
"¿Dónde essstá Raenan?" Khyros, Gides e Ilwulf habían acorralado a Broisse.
"Ehr..." Broisse se encontraba en un aprieto. Era curioso cómo Feidre había resistido, dentro de lo posible, a sus envites y en cambio Broisse parecía tan dispuesto a soltar prenda al encontrarse rodeado. Estaba claro que entre los delincuentes también hay clases. "Uhm... si os lo digo, ¿me soltaréis?"
*FSSSSSH FSSSSSH*
Dos flechas se clavaron en el cuello de Broisse, era difícil decir si estaba muerto o no, por los regueros de sangre. Alguien los había estado siguiendo, pero no vieron a nadie.
"¿Estás seguro de que Feidre está inmovilizada?" le preguntó Ilwulf a Khyros. "Estoy seguro de que ha sido ella."
"Parece que el essstado alterado no le ha durado lo sssuficiente."
"Pues ahora el tipo este no nos sirve."
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXIV
lunes, 21 de abril de 2014 a 9:30 0 quejasCapítulo Vigesimocuarto: After hours


"Somos del destacamento de Grass del Ejército de Yutolandia," se presentó un Paladín, "ah... ¡Hola, Erna!"
Un grupo de unas quince personas, lideradas por el Paladín que estaba hablando con Erna, habían venido avisados por un mensaje de Gram Benn. Habían traído una carro de madera arrastrado por chocobos, era un carro cubierto aunque con ventanas, donde estaban instando a entrar a los vencidos en combate por parte de los clanes participantes.
Gides lo miraba con curiosidad. Nunca había visto un artefacto similar en Camoa, y movido por la singularidad de la situación, le preguntó a un Defensor que por ahí merodeaba.
"Perdona, con tanta gente ahí dentro, ¿ya aguantará ese carro?¿no intentarán huir en cuanto tengan la oportunidad?" El Defensor se giró.
"Lo dudo," dijo de forma contundente aunque poco agresiva el Defensor. "El carro essstá protegido mágicamente y lleva variosss sssellosss, para reforzarlo."
Un Seeq Lanista que llevaba a cuestas a Daleighna la echó dentro del carro, que estaba prácticamente lleno, y cerró la puerta.
"Bien, ya podemos regresar," dijo el Paladín a su tropa. Un Chocodomador, ayudado por uno de sus compañeros, montó en el chocobo que parecía liderar el arrastre, y pronto empezaron a rodar las ruedas del carro. El resto del grupo se puso en marcha en dirección a Grass, el Paladín se despidió de Erna y con paso ligero se colocó a la altura del primer chocobo.
"¿Qué tenéis pensado hacer, vosotros?" Haelle y Jowena, y Adanh y Jens Rhudd, al haber ayudado a capturar a los malhechores habían sido exculpados de todo proceso penal.
"No sé, de momento iré a Grass y veré qué se cuece por ahí," dijo Adanh, "tal vez me aliste a algún barco pesquero."
"Yo tal vez me apunte a las filas del Ejército de Yutolandia, no estaría mal recibir entrenamiento," respondió Jens Rhudd, "esto de ayudar a capturar malotes me ha gustado, jajaja..." añadió.
"Nosotras partiremos hacia Morabella," dijo Haelle. "Tal vez dentro de un tiempo nos traslademos a Ordalia, tengo ganas de viajar en barco volador," añadió Jowena.
Las dos Vieras tenían un largo camino hacia Morabella. El resto tenía como objetivo llegar hasta Grass, Gram Benn le cuchicheó a Ilwulf, "¿quieres que te lleve al arsenal del clan de Ninjas?"
"Gram Benn y yo queremos ir a investigar unas cosas por aquí, volveremos luego," se excusó el Ladrón, y él y el Seeq se separaron del grupo principal.
Ya hacía rato que había amanecido, el sol brillaba radiante, y esto favorecía caras alegres y buen humor, a pesar de no haber dormido esa noche. Unos hablaban, otros bromeaban entre ellos. No muy lejos se podía oir el pelotón del Ejército de Yutolandia marchar.
Gides caminaba, siguiendo el paso de sus compañeros, aunque con la cabeza puesta en otra parte, obervaba el viento suave agitar las briznas de hierba en el borde del camino. Tenía en la cabeza la batalla nocturna, y aunque todo eran flashes, siempre terminaba con él siendo noqueado. Si quería que su clan prosperase, y siendo un poco egoísta, llegar a ser agente del Ejército de Yutolandia, tenía que hacerse más fuerte. ¿Quién podría ayudarle?
"Erna, perdona..." tal vez ella podría ayudarle, al fin y al cabo ella era agente y seguramente tendría algún contacto o alguien que le podría ayudar.
"¿Sí?"
"Ehm... Por casualidad... ¿conoces a alguien que pueda enseñarme a ser más fuerte?" le costó horrores preguntárselo, tal vez por miedo a que ella pensase que era un debilucho, pero al final lo consiguió.
"Uhm..." Erna empezó a pensar, mirando hacia el cielo mientras caminaba. "A ver... conozco a un tipo que es Luchador, pero hace mucho tiempo que no sé nada de él. Era un instructor de su oficio y se llamaba Dyward, es todo cuanto sé."
"G-gracias," Gides se sonrojó. "Pensaba que tú pensarías que soy demasiado débil... y no sabía si preguntártelo."
"Aunque lo seas, si me lo preguntas es porque quieres dejar de serlo, esto dice mucho en tu favor."
Gides se aproximó al borde del camino de nuevo, para seguir observando la hierba mecerse al ritmo del viento. Una nube acababa de interponerse en el camino de los rayos de sol y todos miraron al cielo, no había más nubes cercanas.
...
"Sí, es por aquí," dijo Gram Benn, llevando el liderazgo. Gram Benn e Ilwulf se habían separado del grupo para ir a inspeccionar la guarida del clan liderado por los Ninjas Vegis y Vegil.
"¿Estás seguro?" pero tan pronto como Ilwulf preguntó, la puerta entró en su campo de visión. De una embestida el Seeq dejó la puerta totalmente abierta.
*POM*
"No tiene pérdida," dijo Gram Benn, "mientras examinas el arsenal yo iré a ver si se han dejado algo en las habitaciones... ya sabes, para hacer negocios y ganar unos giles, y esas cosas."
Primero venía el pasillo curvo que daba a la sala común. La sala común, con sus mesas y sus sillas, estaba tal y como el Seeq la recordaba unas horas antes. A lado y lado estaban las habitaciones de los miembros rasos, el Seeq le dio las indicaciones a Ilwulf.
"Si vas por este pasillo, es la puerta que queda a tu izquierda."
Ilwulf siguió los pasos que le había dado Gram Benn. De mientras, él, entró en una de las habitaciones que daba a la sala común. Allí había algunas armas, y armaduras y giles. Gram Benn fue habitación por habitación examinando los rincones, y finalmente los envolvió con un par de sábanas de las camas.
El Ladrón abrió la puerta que Gram Benn le había dicho que quedaba a su izquierda, ahora quedaba enfrente. Dentro de la habitación había muchas armas y armaduras del oficio de Ninja, Ilwulf dio una vuelta pensando cómo podía cargar con todo, al salir de la pequeña habitación vio cómo el Trampero se las había ingeniado.
De las habitaciones donde todavía quedaban sábanas Ilwulf tomó unas cuantas, y de la misma manera que el Trampero, colocó los aperos y ató los cabos bien sujetos.
"¿Ya has cogido todo lo que puedas?" le preguntó Gram Benn, con una sonrisilla en la boca.
"No, ¿por qué lo preguntas? He cogido lo que creo que puede serme útil, para no cargar más peso del necesario."
Gram Benn y el Ladrón salieron de la guarida tan cargados que casi no se distinguía qué era paquete y qué persona. El Seeq había convencido al Ladrón de que con lo que sacara de la venta de la chatarra podría ayudar en la economía del clan.
"Y ellos no lo necesitarán en un largo tiempo... jajaja," reía Gram Benn.
"Mejor tenerlo en nuestras manos que dejar que los saqueadores se lo lleven todo," añadió Ilwulf.
"Sí, bien dicho, jajaja."
Ya era casi mediodía. El sol estaba alcanzando el punto más alto del cielo.
"Empiezo a tener hambre," dijo Ilwulf. Su estómago le dio la razón.
"Cuando lleguemos a Grass podrás hartarte de lo que quieras, cuanto menos nos detengamos más pronto llegaremos," trató de ser positivo en su respuesta.
...
Grass seguía tal y como la habían dejado unas horas antes, con el bullicio habitual, gente de aquí para allá y de allá para aquí. Erna alcanzó al destacamento del Ejército que llevaba el carro espetando un "buff... el papeleo que me espera", que ahora avanzaban mucho más lentos debido al cúmulo de gente por las calles. Adanh se despidió ahí.
"Ha sido un placer luchar a vuestro lado, pero creo que esto de la lucha no es lo mío, necesito un tiempo de reflexión. ¡Nos vemos!"
El Soldado pronto se perdió entre la muchedumbre. El barullo de gente obstaculizó las fervientes palabras de despedida que, pocos instantes después, apenas llegaban a las orejas de Adanh. Había sido un socio temporal interesante.
Los que quedaban en el grupo se lo tomaron con calma para llegar al cuartel de Grass del Ejército de Yutolandia. Gides quedó prendado de una chica que estaba cantando en la calle, Ermine y Chalsye admiraban baratijas en unos tenderetes. Finalmente acabaron por llegar a las inmediaciones del cuartel. Al parecer Erna estaba en su despacho escribiendo informes, así que se abstuvieron de pasar a molestar.
Los cabecillas estaban siendo juzgados. Un Paladín del Ejército los guió a sus aposentos para invitados de nuevo, donde preparó una de las camas para Jens Rhudd, quien al despertar tenía pensado alistarse. Estaban tan cansados que tan pronto como se tumbaron quedaron fritos.
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Crónicas de Ivalice: Historia de una Condena - Extra IV
viernes, 18 de abril de 2014 a 9:30 0 quejas
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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXIII
lunes, 10 de marzo de 2014 a 6:30 1 quejasCapítulo Vigesimotercero: En ocasiones oigo Bosses


Tras la caída de los lugartenientes, tanto los líderes Ninja como las Vieras Asesinas seguían a su bola, ajenos a lo que ocurría a su alrededor. No fue hasta que notaron que algo fallaba en el ambiente para tratarse de una fiera batalla que no se detuvieron.
"Quién... ¿quién ha ganado?" preguntó Vegis.
Pero obtuvo la respuesta a su pregunta automáticamente cuando en mitad de la noche una Gria con una enorme espada le miraba a él, como si se tratara del mismísimo diablo. Porque... ¿le miraba a él, no? Vegis movió su cabeza levemente para obtener un plano más exacto de la situación. No, no le miraba a él al fin y al cabo.
"Aunque me habéis tocado demasiado los cimbreles," dijo Erna, la Gria, "estoy dispuesta a negociar," y bajó su espada.
Dalla fijó la mirada en Erna. La cara de la Gria no era de negociación, no invitaba a ello. Vegil, el otro Ninja, hizo el primer gesto.
"Veamos qué puedes ofrecernos," le dijo Vegil a Erna.
"Vaya, vaya, una persona inteligente, parece," Erna relajó su posición aunque sin bajar la guardia un ápice, "aunque la pregunta correcta es ¿qué me podéis ofrecer a mí? Pensad que no estáis en posición de ventaja, precisamente."
Vegil se sintió desautorizado, retrocedió.
"¿Cómo sabemos que podemos confiar en tí?" le preguntó Dalla. "Por lo pronto parece que no has dudado en reducir a los miembros de nuestro clan ni a nuestros lugartenientes."
Lugartenientes. Vegil analizó el campo de batalla con la mirada en busca de Lynelet. Ah... ahí estaba, inconsciente aunque increíblemente bella. Estaba a su merced. ¿En qué estaba pensando? Vegil se frotó la cara, retomando su atención a la situación real y presente. Lo cierto es que la Viera tenía un punto en lo que decía, aunque odiase admitirlo.
"La confianza es lo que tiene, que es una cuestión de... confianza," respondió Erna, "lo tomáis o lo dejáis."
Era tentador poder salir de ese atolladero, o eso pensaban Dalla, Vegis y Vegil. La sed de sangre de Daleighna le impedía razonar.
Para Erna y su grupo la situación era sencilla, podían atacar a cualquiera de los dos grupos, que para ganarse el favor de la Gria, el grupo opuesto la ayudaría. En cambio para los dos grupos estaban entre la espada y la pared, cualquier movimiento en falso sería fatal.
De hecho, Erna Gozzola estaba siendo extremadamente generosa, pues eran suficientes como para atacar a los cuatro líderes con ventaja de número.
Daleighna tuvo un cruce de cables.
"¡Aa-haa-haaa!" chilló, corriendo hacia Erna, con su katana en mano.
*CLINK*
*CLONK*
Erna recogió su espadón, que había clavado en el suelo, justo a tiempo para defenderse de la ofensiva de Daleighna. Era obvio que eso rompía cualquier atisbo de resolver las cosas civilizadamente.
"¡Venga, no me jodas!" Erna repelió a Daleighna y seguidamente, dando una vuelta sobre sí misma tomando inercia, alcanzó su objetivo.
*CLONK*
Daleighna bloqueó el golpe. La espada de Erna era tan larga que esquivarla no era una opción si no lo tenía absolutamente claro. De la fuerza aplicada, Daleighna fue desplazada casi un metro.
Dalla no tenía claro cómo actuar, como tampoco Vegis ni Vegil.
"Aah, ¡a la mierda!" espetó Dalla. La Viera fue en ayuda de su compañera de clan.
Gides e Ilwulf se interpusieron en su trayectoria. El Ladrón rápidamente cubrió la retaguardia de Dalla, para evitar que escapase. Ella lo intentó, fintando hacia una dirección, corriendo hacia otra. Ahora se desplazaba hacia su derecha, ahora hacia su izquierda. El resto de compañeros rodearon a Vegis y Vegil, excepto Jens Rhudd, que con su arco cubría todos los frentes.
Todo parecía estar decidido.
La katana de Dalla empezó a brillar.
"Yo que vosotros me apartaría," les dijo a Gides e Ilwulf. Instantes después con una agilidad prodigiosa desapareció de su vista.
*BRBRBRBRBRBRBROOOOOUUMMMMMMM*
Fueron alcanzados por una onda de choque mágica azulada, el ataque fue definitivo. Cuando la explosión luminosa amainó Gides e Ilwulf se encontraban totalmente inconscientes en el suelo. Dalla parecía agotada tras su ataque, la poderosa habilidad Filo Artema, que consume una gran cantidad de magia.
La gema pactal de Gides brillaba. La bendición de los jueces de Ivalice les protegía de la muerte en combate.
Fue un momento impresionante, que dejó a todo el mundo parado. Dalla recuperó la compostura, aunque eso no rellenó su barra de puntos de magia. La situación había dado un pequeño vuelco, ahora que ni Ilwulf ni Gides podían combatir. Daleighna siguió atacando salvajemente a Erna.
*CLINK*
*CLONK*
La Gria esquivaba los movimientos de la Viera, cubriéndose con la espada, que estaba clavada en el suelo. Aunque Daleighna era rápida, su técnica no era gran cosa, lo que no le restaba ni un ápice de peligro ni Erna podía bajar su guardia. Chalsye se aproximó a Daleighna, con cierto miedo en su cuerpo después de lo que acababa de presenciar. Gram Benn acababa de desaparecer en la oscuridad de la noche. Ermine siguió a Chalsye en su intento de detener a Dalla.
Vegis y Vegil habían quedado prácticamente descubiertos, pues únicamente Haelle y Adanh tenían las capacidades combativas suficientes como para hacerles frente. Jowena, la Maga Verde, a pesar de llevar una maza carecía de poder ofensivo. Jens Rhudd disparó un tiro de aviso.
*FIUUU*
Los Ninjas se separaron, esquivando el proyectil. Empezando por Chalsye, Jowena fue imbuyendo a sus compañeros uno a uno de un hechizo de protección física.
"¡No tenemos que dejarle tiempo para actuar!" Chalsye avisó a Ermine, refiriéndose a Dalla. "Ya has visto lo que ha hecho con Gides e Ilwulf."
Estoques en mano, Chalsye y Ermine no dejaban apenas respirar a Dalla. Al mismo tiempo, Haelle se enfrentaba a uno de sus exlíderes, Vegis, o tal vez se trataba de Vegil.
"¿Crees que puedes vencerme, Haelle?" le dijo el Ninja a la Viera, "veo que Jowena también está aquí..." Llevaba una Kikuichimonji, así que debería tratarse de Vegil.
Haelle entabló combate contra Vegil, cada uno tratando de dar un golpe certero a su oponente. Vegil, de forma voluntaria o involuntaria, dejó un hueco en su defensa, que Haelle aprovechó. La Viera usó su habilidad Ráfaga Azul para vaciar la barra de magia de Vegil.
Chalsye vio de soslayo el reflejo azul, lo que le dio la idea de usarlo contra Dalla.
"Ermine, necesito que inmovilices a Dalla cinco segundos," Dalla seguía esquivando los ataques que provenían de distintas direcciones, Ermine soltó su estoque Aguijón y ante la sorpresa de Dalla se abalanzó contra ella, abrazándola tan fuerte como podía.
"Ya... está... Chalsye..." dijo con esfuerzo Ermine. Chalsye no se lo pensó dos veces y tomando su estoque Flamberge con dos manos lanzó su habilidad Ráfaga Azul, como había hecho Haelle con Vegil, contra Dalla. Eventualmente, Dalla se liberó de Ermine, que terminó por los suelos.
Chalsye retomó el ataque, sin riesgo de recibir el poderoso ataque Filo Artema. De hecho, una vez consumida la magia, Dalla era incapaz de usar sus habilidades. Ermine se arrastró por el suelo, hasta alcanzar su estoque.
El sol empezaba a asomar más allá de Grass, del continente de Roahl y de Ordalia. Gram Benn reapareció junto a los vencidos Gides e Ilwulf, y en ellos usó unas colas de fénix para curar su estado de inconsciencia.
"Me... duele la cabeza... urgh," dijo Gides a la vez que se sujetaba la cabeza, que le dolía y notaba como si se la estuvieran golpeando cual tambor.
Echó un vistazo a su alrededor. Parecía que todo había terminado.
Ermine les contó a los dos lo que había sucedido, "Chalsye y yo hemos luchado contra Dalla, que estaba esquivando nuestros golpes, hasta que ha quedado exhausta y la hemos ensartado. Una vez vencida hemos ido a ayudar a Adanh, que era el que parecía tener más problemas a pesar de estar apoyado por Jens. Vegis contra tres no ha durado mucho. Entonces hemos ayudado a Haelle, Vegil no ha supuesto mucho desafío. Al ir a ayudar a Erna, ha sido espectacular. Ha usado su espada, de apoyo, para saltar y agarrar a Daleighna con las piernas por el cuello. Con un extraño movimiento la ha dejado tumbada en el suelo y rápidamente ha cogido la espada, que estaba clavada en el suelo, y con el pomo la ha golpeado firmemente en un punto, noqueándola."
En la lejanía un grupo numeroso se acercaba.
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Muramasa
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