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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXVII

lunes, 28 de julio de 2014

Capítulo vigesimoséptimo: Dyward

Mapa de Yutolandia

Región de Grass, Roahl

Chalsye y Ermine estaban en el patio, preguntando si alguien había había visto al Soldado Gides y al Ladrón Ilwulf.

"¿Dónde os habíais metido?" preguntó Chalsye. Gides e Ilwulf estaban de regreso, junto con la aprehendida Feidre Akish. Acababan de llegar al cuartel.

"Estábamos un poco preocupadas," dijo Ermine.

"Yo estaba entrenando en el patio cuando he visto a Gides salir, entonces lo he seguido, por curiosidad," se explicó Ilwulf.

"Yo me he despertado a medianoche, y he decidido salir a dar una vuelta. Entre pitos y flautas me he encontrado con una pequeña aventura nocturna," era el turno de Gides de dar explicaciones, "traemos una sorpresa para las mazmorras," dijo señalando a la Tiradora Feidre Akish.

Un alguacil tomó la Viera bajo su vigilancia y responsabilidad. Gides se disculpó un momento con su grupo, quería hablar a solas con Erna. La Gria se encontraba en su despacho, rellenando papeleo.

"Ehm, perdona Erna, el tipo que dijiste que podía enseñarme a ser más fuerte, ¿quién es y dónde puedo encontrarlo?" le preguntó Gides.

"Ah, sí... creo que olvidé decírtelo," dijo Erna, "y si te lo dije, te lo recuerdo, la persona que buscas es Dyward, es un Luchador experimentado, si lo consigues encontrar, seguro que sabrá transmitirte los conocimientos para ser un excelente Luchador."

"Si lo... ¿consigo encontrar?" Gides estaba perdido.

"Sí, por desgracia perdí el contacto con Dyward hace tiempo, así que desconozco su actual paradero," le explicó Erna, con los codos apoyados en la mesa y su mentón encima de sus manos.

*knock knock*

"¡¿Sí?!" respondió Erna al oir que alguien picaba la puerta, "pasa".

"Perdón por las molestias," dijo el joven Hume, que tenía pinta de ser un mensajero del cuartel, "no sabía que estabas reunida, ¿te va mejor que te pase el mensaje después?"

"Ya que he interrumpido mi conversación con Gides, adelante."

El joven se acercó a Erna, y le dijo a Gides, "lo siento, es información confidencial," acto seguido le cuchicheó algo a Erna en el oído. Ella cambió su expresión de la neutralidad al asombro, incluso con un toque de desconcierto.

"Eso es todo," dijo el mensajero.

"Puedes retirarte," le ordenó ella. Él abandonó el despacho, cerrando la puerta a su paso, dejando solos de nuevo a Erna y Gides.

"Me acaban de llegar buenas y malas noticias," anuncio Erna, cuya expresión era mínimamente triunfal, "¿por cuáles quieres que empiece?"

"Ehm... ¿las malas?"

"Tan sólo bromeaba, las buenas noticias son que puedo darte una pista sobre Dyward, las malas, que no te garantizo nada y que quien puede darte una pista está en el Monte Aldana," le contó Erna, ahora con una sonrisa en su boca para quitar tensión al momento.

"Aldana, ¿eh? creo que me lo pasaré muy bien allí," respondió el Soldado.

"De hecho me harías un favor enorme si fueses con tu clan, pues el Monte Aldana está bastante lejos y eso implicaría perder fuerza en Grass durante varios días. Confío en tí y sé que puedes hacerlo," Erna se había levantado y le decía eso pasándole el brazo por detrás del cuello, como gesto de confianza.

Por la mente de Gides pasó un pensamiento en el que él la agarraba y se besaban apasionadamente mientras ella le deseaba suerte en su nueva empresa. Pero sabía que nada bueno saldría de ello, Gides nunca había sido impulsivo en sus actos, tal vez cuando fuera agente del Ejército, con su reluciente capa azul, volvería a Grass y conseguiría algo más que arrancarle un beso...

"Y bien, ¿lo has entendido?" Erna le acababa de explicar en qué consistía si misión, pero Gides estaba en su mundo ideal y no se había enterado de nada.

"Ehm... Uhm... no," Gides se sintió mal, porque no podía dejar de mirarla a los labios mientras hablaba, y a la vez no quería quedar mal con ella.

"Digo que una vez llegues al Monte Aldana, tienes que encontrar un tipo llamado Warreth, que es Luchador, igual que Dyward. De hecho, como te he dicho antes, él fue discípulo de Dyward, así que tal vez sepa algo sobre su paradero. Un tipo algo problemático, el tal Warreth, por lo que contaba Dyward."

"¿De que conocías a Dyward?" le preguntó Gides por mera curiosidad.

"Fue instructor de Luchadores para el Ejército de Yutolandia durante un tiempo," le explicó Erna, "de hecho, Warreth llegó a entrar en el Ejército, pero al término de una misión tuvo una fuerte discusión con el líder del grupo y acabaron por llegar a las armas, los dos estaban bastante igualados, pero por desgracia Warreth lo mató. Fue un día aciago en que perdimos a un buen combatiente y a alguien que podría haber sido un buen líder, Warreth salió corriendo, y nos ha estado esquivando todo este tiempo, aunque no le queríamos hacer ningún daño. No sé, habiéndote contado toda esta historia tengo la sensación de que serás capaz de hacerle volver, aunque tampoco quiero añadirte presión."

"Bien, entonces partiremos cuanto ahh..." un bostezo interrumpió sus palabras.

"Creo que deberías echarte un rato antes de partir, no es un viaje fácil de aquí al Monte Aldana," le dijo Erna Gozzola.

Gides salió del despacho de Erna, y volvió al patio. Allí se encontró a Chalsye, que estaba practicando su técnica con el estoque. Ella le respondió que Ermine había salido a dar una vuelta y que Ilwulf se había ido a echar un sueñecito al ser preguntada por el resto del grupo. Gides le dijo que él también iba a tumbarse y que cuando despertara les explicaría la situación.

Efectivamente, Ilwulf estaba en la habitación que el Ejército de Yutolandia les había cedido, tumbado en su cama, ignorante de la aventura que les esperaba en su misión. Sin más dilación, Gides se tumbó en su cama y pronto se dejó abrazar por el reino de Morfeo.

En el pueblo de Grass Ermine disfrutaba del día paseando por las calles impregnadas de ese olor de salobre que tanto le gustaba. Describir las calles de Grass de nuevo sería de de necios, con sus paradas y tenderetes y sus edificios de piedra, unos más esplendorosos que otros. También pasó por varias tiendas de armas, y de ropa, y de accesorios, donde se probó varios y diversos estoques, y algo más de ropa. Pero como no tenía dinero se conformó con devolverlo todo al finalizar la sesión de pase de modelos.

Le entró algo de sed, así que entró en una taberna, allí notó que estaba siendo observada, pero no le dio mayor importancia, pues las tabernas suelen sitios donde las miradas se centran en el cliente más reciente en entrar. Pidió un refresco que pagó con algunas de las pocas monedas que llevaba, todavía no estaba habituada a las bebidas alcohólicas, que además solían ser bastante más caras. Vio una mesa pequeña desocupada y pensó que estaría bien sentarse ahí en vez de hacerlo en la barra.

*glup glup*

De pronto notó cómo alguien se acercaba a ella por detrás, se giró. No había nadie, tal vez ya iba siendo hora de volver al cuartel y reunirse con Chalsye y sus compañeros, comerían, y Gides les explicaría cómo le había ido su conversación con la Gria Erna Gozzola.

*glup glup*

Nada más terminarse el refresco dejó el vaso en la mesa y se levantó. Saludó a la tabernera por cortesía y abandonó el lugar, habiendo casi olvidado la pequeña anécdota. Poco después de salir volvió a tener esa sensación, así que optó por andar deprisa, no pensaba que quienquiera que fuese que la estaba siguiendo intentaría nada raro si andaba por lugares transitados. Se giró mientras caminaba, más que nada por si lograba detectar la fuente de su quebradero de cabeza.

*TOC*

Despistada como andaba, Ermine chocó contra un Bangaa y acabó por los suelos. Siempre que uno se choca contra alguien por la calle es contra un Bangaa o un Seeq, son verdades universales de Ivalice.

"¡Mira por dónde andasss!" el Bangaa se puso farruco. Ermine se dolía de la espalda y no prestaba atención, "¿me essstásss essscuchando, sssinvergüenza?"

Ya en el colmo de su cólera, el Bangaa acabó de perder los papeles y desenfundó su arma. La Viera se levantó y se dio unas palmadas para quitarse el polvo.

"¡Argh!" el Bangaa fue a atacar.

"No le tocarás ni un pelo," dijo una figura encapuchada, con un tono de total tranquilidad. El Bangaa se detuvo al verse apuntado por un arco, indignado, abandonó una pelea que no sabía si podía ganar. La figura encapuchada se descubrió.

"¿Lellyann?" Ermine parecía sorprendida.

Lellyann era una Viera Arquera, "¡Lellyann eres tú!" y Ermine y ella se abrazaron, felices reencuentros.

"Jeje... en parte ha sido culpa mía que te chocaras contra el Bangaa, pero quería seguirte para asegurarme de que eras tú," le contó Lellyann.

"¿También estabas en la taberna?" preguntó Ermine.

"¿En la taberna?" la expresión de Lellyann se tornó seria y preocupada, "¿quieres decir que alguien te estaba siguiendo en la taberna?"

"S-sí, ¿por?" Ermine empezaba a estar asustada y preocupada.

"Jeje... es broma," admitió Lellyann sacando la lengua, "te he visto entrar en la taberna, y quería observarte de cerca, hacía bastante que no te veía y no sabía si eras tú. No quería asustarte, lo siento."

1 quejas:

scaramanga dijo...

Una villana que conocerá el poder de las duchas de las cárceles de mujeres, nuevos personajes y un bangaa maleducado. Un poco de todo.