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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - XXX

jueves, 23 de octubre de 2014

Capítulo Trigésimo: Trato hecho

Mapa de Yutolandia

Región de Grass, Roahl

Ermine estaba encantada con el ambiente festivo de la ciudad de Camoa, pues en el fondo seguía siendo bastante infantil. Se quedó embobada más de una vez mirando los productos, variopintos ellos, que los tenderetes le podían ofrecer. Ya iba siendo hora de regresar con Gides y los demás, cuando al torcer una esquina...

*FRSSS*

Una flecha atravesó las vestiduras de dos tipos y quedó clavada en la madera de un carro, justo enfrente de Ermine, que sorprendida vio dos personas que le resultaron familiares, enfrentándose a unos tipos con pintas de broncas.

"¡Llegas en buen momento, Ermine!" dijo la Viera que se parecía a Lellyann, Ermine acabó por deducir que realmente se trataba de Lellyann, y el Ninja era Ilwulf. "¡Tú e Ilwulf cubrid a Lulas Cressian!"

¿Lulas Cressian?¿Quién era Lulas Cressian? Ermine estaba algo descolocada. Ah, debía tratarse de la persona que estaba junto al carro de madera, la Viera desenfundó su estoque Aguijón.

"¡Vamos Lulas!" le instó Ilwulf al armero, estaban en condiciones de llevar a cabo el plan de retirada.

Al grito de "¡Jiá!" el chocobo se empezó a mover, primero lentamente, las ruedas inciaban su movimiento de giro y el carro ganaba velocidad.

"¡Eh, que se escapan!" gruñó el jefazo de los asaltantes. Lellyann y Ermine se interpusieron en su trayectoria hacia Lulas y el carro, mientras Ilwulf en carrera controlaba tenerlos a distancia, le susurró una dirección a Lulas y regresó con las Vieras.

"Aquí estoy," dijo el Ninja, katana en mano. Pasaron un segundo, dos segundos, tres, cuatro... el jefazo y sus dos esbirros miraban fijamente a sus tres oponentes, las dos Vieras y el Hume, mientras el armero Lulas Cressian huía hacia quién sabe dónde. Se creó un instante de tensión, finalmente desistieron.

"Vale, nos vamos," el jefazo dijo a sus palmeros, "pero nos hemos quedado con vuestras caras," añadió claramente hacia Ilwulf y las Vieras, con un gesto con los dedos de mirarse mútuamente.

"Así ha sido como Ilwulf y ellas dos me han rescatado," acabó de contar Lulas Cressian.

Ilwulf le había dado la dirección que les había dicho Gides, y allí se encontraba cuando Lellyann, Ermine y él regresaron.

"Llevo un carro con armas y armaduras, y voy de ciudad en ciudad, incluso por los caminos, vendiéndolas," les explicaba, "pero cada vez es más peligroso andar solo por estos mundos."

"Hablé con Lulas," interrumpió Ilwulf, "y creo que podemos llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, por lo menos durante un tiempo."

"Sí," llegó de nuevo el turno de Lulas Cressian para hablar, "Yo os acompaño con mi carro, donde podréis guardar vuestras armas en caso de no necesitarlas, a cambio vosotros me protegéis. Si el negocio me va bien, incluso os puedo obsequiar con armas de mi inventario."

"¿Qué opinas, Gides?" Ilwulf estaba visiblemente satisfecho, "a mi me parece un buen trato."

"Es, sin duda, un excelente trato," Gides dio su aprobación. "Bien, la cuestión es que mañana debemos partir ya hacia el Monte Aldana..."

La tabernera apareció, interrumpiendo la charla del Soldado.

"¿Os lo traigo ya?" preguntó.

"Bien, como ya es hora de cenar, y tenemos que comer bien, mi buena amiga, la tabernera, nos ha preparado una cena para chuparnos los dedos," terminó Gides. La algarabía y el jolgorio fue abrumador.

Todos estuvieron charlando y comiendo alegremente, sin preocuparse por nada que no fuera disponer de comida en el plato y bebida en el vaso. Se lo habían ganado y lo disfrutaron cada instante. Bandejas llenas de carne y verduras de todo tipo, cocinadas de las más variopintas maneras, asadas y fritas, con salsas y al vapor, incluso algun plato de carne cruda o macerada. Pescado y frutas, también.

La fiesta, el banquete, se alargó hasta altas horas de la noche, cuando la tabernera trajo algo de alcohol, para los más aguerridos. Uno a uno fueron cayendo, retirándose a los aposentos.

Llegó la hora de partir, oséase, la noche dio paso al día en Camoa.

"La tabernera nos ha preparado el desayuno y algo de comer para luego," dijo Gides, ella salía de la cocina con varias bandejas en mano y la recibieron con gritos del plan "¡Esa tabernera cómo mola, se merece una ola!" y todos levantaron los brazos, "¡Otra ola!" y volvieron a levantar los brazos, tanto o más efusivamente que la anterior, "¡Tsunamiii!" y todos levantaron ambos brazos al grito de "¡eh, eh, eh, eh!"

Había dulce y salado en grandes cantidades, crêpes dulces y saladas, gofres de chocolate, nata y dulce de leche, todo junto o por separado, tostadas con mermelada, con mantequilla o con embutido, croissants y algo más de bollería. Café, zumos y batidos, leche... tanto sirvió la tabernera, tanto se consumía.

"Así da gusto servir, casi ni tendré que lavar los platos de limpios que los estáis dejando," bromeó.

Finalmente, con el estómago lleno (demasiado), le agradecieron a la tabernera todas las exquisiteces que les había preparado e iniciaron su marcha hacia la Colina de Batiste, previo paso para llegar a su destino final, el Monte Aldana. Tomaron una salida diferente de la ciudad, y ya se notaba que todo hacía subida.

"Siento que tengamos que ir tan lentos por mi culpa," se disculpó Lulas Cressian.

"No pasa nada," dijo Gides, "tampoco tenemos mucha prisa."

Era cuestión de buscar caminos que fueran menos empinados que los que usaban las ágiles y gráciles Vieras, que en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraban en lo alto de los Altos de Shaug.

"Uoo, se ve todo Camoa desde aquí," dijo Ermine.

El chocobo de Lulas Cressian arrastraba el carro a su ritmo. El camino se iba allanando a medida que llegaban a la parte más alta, de forma que más que de un monte se trataba de una meseta. Tal y como habían observado las Vieras, la vista desde allí era espléndida, y, realmente, se veía todo Camoa. Llegados al punto más alto, el camino empezó su descenso, y el cuidado que tenía que tener ahora Lulas era para que el carro no se desbocase en un desnivel.

"Ojo, que hay un puente más adelante," dijo Ermine, que hacía de avanzadilla junto a las otras Vieras y había regresado para avisar.

Efectivamente, había varios puentes de madera, de apariencia frágil todos. Debían atravesar uno de ellos para seguir avanzando, de lo contrario les sería imposible llegar al Monte Aldana por esa ruta. Lo más difícil fue hacer pasar el carro por uno de los puentes, todos era igual de estrechos y parecían igual de inseguros. Por fin alcanzaron el punto medio.

"Jejeje..." se rió un Seeq. "Entregadme las mercancías del carro y no os pasará nada," dijo vehemente.

"¿Tú quién eres?"

Atrapados en el puente estaban Ilwulf y Gides, y Lulas Cressian con su carro y el chocobo. Las Vieras habían atravesado bastante rato antes y estos malandrines no habían caído en la cuenta de que iban juntos. Por lo pronto no había pistas de ellas, lo que podía ser una buena señal, o una mala señal.

"¿No habéis oído hablar de mí?" el Seeq Trampero se hizo el ofendido, "soy Aldor Evantius, y mi clan es famoso en todo Camoa por llevar a cabo las misiones más difíciles."

"Uhm... ¿y qué pinta el carro en vuestra misión?" preguntó Ilwulf, en modo facepalm.

"Unos nobles e indefensos conciudadanos de Camoa nos han encargado la recuperación de su carro, para que puedan seguir con su noble oficio de la compraventa de armas y armaduras."

"¿Eran tres tipos, así con pinta un tanto exóticas?" preguntó Ilwulf, de nuevo.

"Sí, y también me han confesado que aunque el título del capítulo contenga tres equis no significa que haya contenido 'extraño' *guiño guiño*"

Esto último no acabó de tener sentido para Ilwulf, pero ya sabía quiénes eran esos tres malandrines que habían encargado recuperar el carro, no podía ser nadie más que los tres panolis del principio del capítulo (y final del anterior), y ese Seeq se había dejado engañar.

"Creo que te han engañado," le dijo Ilwulf.

"¿Cómo?¡Nadie engaña a Aldor Evantius!" se reivindicó, "pero... ¿cómo sé que no sois vosotros los que me estáis engañando?"

Ahí le había dado.

"¡Ajá!" Aldor Evantius estaba muy orgulloso de sí mismo por haber encontrado ese argumento, "no intentéis nada raro porque estáis rodeados."

Hizo un gesto con la mano.

*FRSSSS*

De algún arbusto apareció una flecha y encima de ellos hubo una explosión.

*BOUM*

"¿Alguien tiene un plan?" preguntó Gides a Ilwulf y Lulas.

1 quejas:

scaramanga dijo...

Para ser que te ha costado tanto este episodio, como comentabas, es bastante suelto, y con muchísimo humor. Lo de pulverizar el cuarto muro ha sido asaz inesperado.