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World of Trollcraft: [Capítulo trigésimonoveno: Troll aquí, troll allá, decídete, decídete]

jueves, 9 de octubre de 2014

Capítulo 39

Troll aquí, troll allá, decídete, decídete


El Primer Encantador Irving se mostró más comprensivo de lo que habían imaginado en un principio. Desde luego no era fácil escuchar a dos tipos que dicen venir de otro universo, y mostrarse tan sereno como estaba él. Les aconsejó echarle un ojo a la biblioteca, tal vez podrían encontrar allí alguna magia que les permitiera volver a su mundo.

"Gracias, Primer Encantador Irving, vamos a ello."

Estuvieron hojeando los tomos antiguos de los estantes de la biblioteca. Había algunos tomos sobre hechizos mágicos experimentales con el espacio y el tiempo como tema principal. Al finalizar el día le llevaron a Irving los tomos que habían consultado para que les echara un vistazo.

"Veo que no habéis perdido el tiempo," dijo el hechicero, "veamos que había en nuestra biblioteca," mientras consultaba los libros y pergaminos.

Los analizó con cierto detenimiento.

"Parecen hechizos harto complicados incluso algunos creo que está prohibidos. Dejadme echarle un vistazo, mañana os diré algo. Por ahora os enseñaré dónde se sirve la comida y dónde os alojaréis," dicho esto encabezó la comitiva a través de la torre.

Terminado el tour, Irving habló con ellos de nuevo.

"Mañana seguid investigando en la biblioteca mientras yo reviso los hechizos."

Había un cierto runrún entre los templarios apostados, de que la guerra contra los engendros tenebrosos iba bien, eso ya lo iban oyendo desde que habían partido de la Espesura de Korcari, pero ese último envite de las tropas del Rey Cailan... no las tenían todos consigo. En cualquier caso, el héroe y la Gata Negra cenaron y regresaron a sus aposentos, necesitarían estar frescos y descansados el día siguiente.

"Buenas noches."

"Buenas noches." La noche cayó en el Lago Calenhad, una blanca luna se reflejaba en unas tranquilas aguas. El sol, ansioso por ocupar el lugar de la luna acabó por emerger de entre las montañas.

El héroe despertó, poco después lo hizo la Gata Negra. La estancia era una pequeña habitación junto al dormitorio de los hechiceros iniciados, les habían ofrecido camas individuales pues no disponían de camas dobles, también había un cofre por si tenían que guardar alguna pertenencia, y un escritorio. Él estaba estirado en su cama mirando al techo, con la cabeza apoyada en sus brazos, pensando en todo y en nada. Ella estaba revolviéndose, cambiando de posición.

"Mmmpf... No tengo ganas de levantarme," dijo la Gata Negra.

Pero una cosa era decirlo, y la otra era chocar contra la cruda realidad. Llevaban pocos días en Ferelden, pero ella ya tenía ganas de volver, no porque fuera un lugar desagradable, es más, contaba con un paisaje fascinante, pero no era su lugar. Y quería recuperar sus poderes. Recuperar la habilidad de brincar por los edificios de Nueva York, descargar adrenalina desplazándose a través de la Gran Manzana de noche, el viento acariciándole la cara.

Después del desayuno volvieron a la biblioteca.

Estaba tal y como la habían dejado el día anterior, tan mística y tan llena de libros. Había algún que otro estudiante, pero el ambiente era tranquilo, óptimo para echarle unas horitas revisando libros.

"Sabía que os encontraría aquí," era el Primer Encantador Irving, que se presentó a la biblioteca. "He estado revisando los hechizos, aunque mejor que hablemos de ello en mi despacho."

Irving, tal y como ya había hecho el día anterior los guió a su oficina, en el segundo piso. Su cara no mostraba preocupación ni entusiamo, era más bien neutral. Él tomó asiento, y así lo hicieron sus invitados.

"Bien, no voy a mentiros," empezó el hechicero, "estoy asombrado. No me había encontrado con un caso tan impresionante desde que soy, ya no solamente Primer Encantador del Círculo de Hechiceros, sino desde que empecé mis andaduras en la Torre del Círculo. Pensaba que la magia en sí misma no permitía controlar el espacio-tiempo. Por desgracia nada de lo que he encontrado podría ayudaros, o por lo menos no podría ayudaros sin montar un embrollo en el proceso. No estoy seguro de lo que voy a decir, pero tal vez, e insisto, tal vez, los enanos o los elfos tengan alguna solución ancestral a vuestro problema."

"¿Enanos y elfos?" preguntó el héroe, pensando en Gimli y Legolas, de una conocida saga de aventuras relacionada con cierto anillo.

"¿Dónde podemos encontrarlos?" preguntó la Gata Negra.

"Los enanos habitan la ciudad subterránea de Orzammar, al norte de las Montañas de la Espalda Helada," respondió Irving, "los elfos puede que los encontréis en los alrededores del Bosque de Brecilia, aunque es más probable que os acaben encontrando ellos a vosotros, conocen el bosque como la palma de su mano..."

Una mujer de avanzada edad, que rezumaba sabiduría por todos los poros de su piel, se presentó en el despacho de Irving.

"¿Ya has regresado, Wynne?" el Primer Encantador Irving se levantó, y así lo hicieron el héroe y la Gata Negra, al comprobar que eran los únicos que estaban sentados. "¿Qué tal fue por Ostagar?"

"Fue un día aciago," dijo ella, "no había visto tanta masacre desde... prefiero no recordarlo. El Rey Cailan cayó en batalla, y se acusa a los Guardias Grises de ello, Duncan murió. Fue terrible, y la prueba de que nos encontramos frente a una Ruina. El Archidemonio debe estar al caer."

"¿Ruina?¿Archidemonio?" extrañado, dijo el héroe.

"Ah, mira Wynne, ellos dos provienen de otro universo, están buscando la manera de volver allí, por algún motivo desconocido han sido traídos aquí. Es un caso fascinante y curioso."

"Oh, bienvenidos, encantada de conoceros, me llamo Wynne," la mujer apenas parecía sorprendida de tener a dos personas ajenas a su universo delante. "Una Ruina viene a ser, dicho sencillo, una invasión de engendros tenebrosos comandada por el Archidemonio. El Archidemonio es un ente extremadamente poderoso, pura maldad."

"Nosotros debemos partir," intervino la Gata Negra. "Qué creéis que es mejor, ¿ir a Orzammar o al Bosque de Brecilia?"

"Yo creo que es mejor ir primero al Bosque de Brecilia," dijo Irving.

"Puede que Orzammar, los enanos no son tan orgullosos como los elfos dalishanos, aunque son tan o más fanáticos de sus costumbres," dijo Wynne.

Kester los llevó de nuevo a la orilla opuesta del Lago Calenhad, era maravilloso volver a tener el cielo encima y no estar recluso por paredes, parecía imposible que los magos pudieran vivir toda su vida ahí dentro.

"Y bien," dijo la Gata Negra, "¿Orzammar o Brecilia?"

"Brecilia."

Ella no discutió su decisión.

"Bien, entonces, mejor ponernos en camino," dijo el héroe, "deberíamos llegar a Lothering antes de que anochezca, tendremos que apresurarnos."

Dicho y hecho, forzaron la marcha, descansando lo mínimo, hasta el punto de llegar a Lothering al final del día.

"Mejor descansemos por hoy," dijo el héroe.

"Asumo que tendremos que dormir al raso," replicó ella, "no es que me moleste especialmente, ayer ya dormimos en cama," haciendo referencia a su paso por la Torre del Círculo, Kinloch Hold.

Visto en perspectiva, había sido un día pacífico, sin violencia para los protagonistas. Y esto no es un recurso literario para hacer aparecer unos saqueadores random para que se peguen.

* El autor de esta obra apoya totalmente la violencia en la ficción. Siempre que sea necesario, claro.

Lothering seguía estando igual que como la habían dejado días atrás, también, o eso pudieron observar con sus propios ojos a la salida del sol.

Como el hambre apretaba, fueron al centro del pueblo, donde estaba la fonda y la 'sucursal' de la Capilla. Allí tuvieron una agradable sorpresa, Morrigan había salido de la Espesura de Korcari, iba acompañada de un chico bastante guapo, cuyo corte de pelo era bastante clásico, al que identificaron como Alistair, un guardia gris antiguamente templario, él y Morrigan no se acababan de llevar bien. Un perro que era de raza mabarí, unos perros útiles en combate tanto por inteligencia como por fuerza. Y cerraba el grupo otro guarda gris, que era difícil de distingir si era hombre o mujer a causa del ropaje que llevaba.

El grupo de Morrigan les entregó algo de comida que les sobraba, comentaron que se dirigían a la Torre del Círculo, lo cual resultaba curioso porque ellos dos volvían de allí.

1 quejas:

scaramanga dijo...

Como le dijo un amigo a Tolkien mientras le leía ESDLA: "¡No!¡No más putos elfos!" XD

Soy más de los enanos.