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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - IV

martes, 10 de julio de 2012

Capítulo Cuarto: Noche de lobos

El sol caía lentamente, dejando paso a un anaranjado cielo que poco a poco iba oscureciendo. Las hierbas lunares de la floresta empezaban a iluminarse ténuemente, más de una vez pensó Gides en ir a los arbustos y tomar las hierbas sin esperar que fuera de noche, pero Lothost les había dejado claro que si no se recogían de noche, las flores se marchitaban en seguida, y sin flores no había recompensa.

Finalmente las flores estaban completamente abiertas e iluminadas. Ilwulf se lanzó rápidamente a por las hierbas usando su cuchillo para cortar. Se apartó de los arbustos justo a tiempo para evitar un zarpazo de un licántropo. En un instante la floresta se había llenado de licántropos.

Ilwulf corrió hasta Gides y dejó las pocas hierbas que había podido recoger dentro de uno de los diez sacos. Lo primero sería acabar con los lobos humanoides.

Gides desenvainó su espada y tomó su escudo. Ilwulf ya estaba preparado con el cuchillo en la mano.

El licántropo más cercano a ellos se aproximó para atacarles con un zarpazo, pero Gides usó su escudo para evitarlo. El impacto llevaba tanta fuerza que Gides tuvo que retroceder de un salto para no caer al suelo. El resto de licántropos adoptaron una posición defensiva. Gides, que se estaba cubriendo con el escudo, tomó esta vez la iniciativa en la ofensiva con su espada ancha. La bestia recibió varios cortes, pero muy superficiales, pero sobre todo estaba enfureciéndose.

Ilwulf hizo de señuelo en la siguiente ofensiva del licántropo mientras Gides se recuperaba. Ilwulf era perseguido, pero por el momento era más rápido, el licántropo no lograba darle caza. Gides recuperó el aliento e hizo una señal a Ilwulf, que con gestos intentó hacer llegarle su próxima estrategia.

Ilwulf corrió hacia Gides que se agachó sosteniendo el escudo en su espalda. Ilwulf esprintó, dejando al licántropo atrás y se colocó encima del escudo de Gides.

El licántropo se acercaba peligrosamente. De repente Gides se levantó lanzando por los aires a Ilwulf que en el aire tomó su daga y se dejó caer; Gides, de mientras, atacaba al hombre lobo, que no sabía si mirar a Gides o Ilwulf. Optó por centrarse en el soldado que realizó una estocada, que de no ser por los reflejos del licántropo, hubiera perforado su estómago, pero su espada estaba anclada entre los brazos de la bestia.

Del cielo cayó Ilwulf, que atravesó el cráneo del licántropo con su daga, en lo que resultó un golpe crítico. Ilwulf arrancó la daga de la cabeza del hombre lobo y se bajó de los hombros de la bestia.

El siguiente licántropo se lanzó al ataque mientras los demás seguían en posición defensiva. Esta vez le tocó a Ilwulf ser el blanco de las embestidas, sin embargo lo que tenían de potentes pecaban de rápidas, sumado a la agilidad de Ilwulf las esquivó con bastante facilidad.

Aprovechando la guardia baja, Gides intentó placar al licántropo por detrás, escudo mediante, con todas sus fuerzas. Aunque no consiguió lanzarlo al suelo en primera instancia, sí que pudo hacer que se tropezara con sus propias piernas. Una vez en el suelo Ilwulf y él lo debilitaron rápidamente.

Llegó el turno del tercer licántropo.

Éste fue más cauteloso que los anteriores, pues ya había presenciado como dos de su especie habían caído a manos de esos humanos. Gides e Ilwulf se sentían poderosos, pero sin bajar la guardia, que por lo menos quedaban unos cinco o seis enemigos más. No se movía, y los miraba atento a cualquier movimiento que intentaran realizar.

No quedaba otra que lanzarse al ataque cada uno por un lado y desear que no fuera capaz de pararlos a ambos a la vez. El licántropo siguió con la vista a ambos hasta que se separaron y siguió con la mirada a Ilwulf que era algo más rápido. Su atención se centraba en el ladrón y había dejado al soldado de lado, y le costó caro cuando Gides lo atravesó por la espalda con su espada.

El resto de licántropos, viendo que tenían pocas posibilidades de sobrevivir, y menos de ganar, decidieron retirarse. Ahora Ilwulf y Gides tenían vía libre para coger tanta hierba lunar como pudieran antes de que amaneciera.

La hierba estaba muy repartida por el terreno, pero llenaban los sacos a buen ritmo.

El último saco les costó bastante de llenar, y ya estaba amaneciendo. No obstante consiguieron sellarlo antes de que saliera el sol. Ya estaban listos para volver ante Lothost y cobrar la recompensa.

Con los primeros rayos de sol, desde la cornisa donde horas antes se había aposentado Ilwulf, una silueta acechaba. Gides e Ilwulf, ajenos a esos nimios detalles se maldecían por no haber traído un carro. Diez sacos eran muchos para ser llevados por dos personas, no por peso, pues eran difíciles de agarrar y llevar.

La silueta descendió, y se aproximó a Ilwulf y Gides.

-"Ahora me vais a dar toda esta hierba lunar..." - dijo el personaje desconocido
-"Lo bien que nos iría un carro ahora" - dijo Ilwulf
-"Para la próxima ya lo sabemos" - contestó Gides

El personaje iba vestido a modo de ladrón, pero parecía que ni Gides ni Ilwulf lo habían oído hablar.

-"Perdonad, pero ahora estos sacos me pertenecen" - dijo el ladrón

Ellos seguían discutiendo.

-"¿Me habéis oído? ¡Ahora todos estos sacos son míos!" - gritó

Ahora sí que parecía que la pareja se había percatado de que alguien estaba junto a ellos.

-"¿Decías?" - preguntó Gides
-"¡Os las veréis conmigo y mi banda!¡Ignorarme a mí!" - dijo el recién llegado
-"¿Y tú quién eres?" - soltó Ilwulf de forma despectiva, como si en realidad no le importase un pimiento.
- "Yo... Soy el ladrón Dougan" - dijo Dougan