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Relatos de la Grand Line: Alborada de Hazañas - XIII

lunes, 24 de junio de 2013

Capítulo Decimotercero: Todo está bien

"Has estado durmiendo casi una semana entera, rapaz," dijo Zan For.

Monty estaba desayunando en su cama y Zan For estaba sentado a su lado, en una silla. Había estado durmiendo durante cinco días, fruto del esfuerzo hecho en el torneo. Devoraba la comida como si no hubiera mañana.

"Te he engarzado el segundo dial, cuando te encuentres mejor te enseñaré más técnicas," Zan For le mostró los dos diales de impacto prácticamente idénticos.

"¡SÍÍÍ!¡Más técnicas!" gritó Monty. "¡Quiero apr-!"

*COF* *COF*

"Primero come y después celebra lo que quieras, si no nunca llegarás al mar azul vivo..." se lamentó Zan For.

"¡Ayyy!" gritó lastimosamente Monty, doliéndose de la espalda.

"¡Cuidado! Casi te rompes la espalda esquivando a tu adversario," le recordó Zan For. "Fue un movimiento imprudente y desesperado, podrías haber sufrido un daño irreparable."

"No tenía más opción, era eso o dejarme caer y perder el combate," dijo Monty.

*DING* *DONG*

"Debe ser el médico," dijo Zan For, que se levantó y se dirigió a la puerta. Al cabo de un instante volvía con un habitante del cielo detrás.

"Hola, Monty, por fin has despertado," dijo el desconocido. "Soy el doctor Werford."

Además de contar con los rasgos característicos de los habitantes del cielo, el doctor Werford tenía una cara afable y un aspecto de llevar bastante tiempo rondando por el mundo. Llevaba una maleta consigo que abrió junto a Monty. Dentro había material médico variado para cualquier situación. El doctor se sentó en la silla que momentos antes había ocupado Zan For.

"Lo hiciste muy bien en el torneo, Monty," dijo Werford mientras lo examinaba.

"No lo hice tan bien si casi me rompo la espalda," refunfuñó Monty.

"Hay situaciones y situaciones, y todo está bien mientras sea reversible. Una contusión, un traumatismo, mientras alguien lo pueda curar, todo está bien. Y esa espalda la puedo curar, por tanto está bien," dijo Werford.

Se puso unos guantes, guantes un poco raros. En las yemas de los dedos tenía incrustados unos pequeños diales, y uno un poco más grande en la palma.

*RrrRRrrrRrr*

El doctor puso las manos en la espalda de Monty y esta empezó a vibrar. Era una sensación muy placentera. Se juntaban los efectos de los guantes y la presión que ejercía el doctor.

"Yo creo que mañana ya podrás empezar a hacer esfuerzos," le dijo el doctor, contento. "Pero no te pases o puedes recaer, empieza con ejercicios suaves."

Monty ya tenía ganas de correr y saltar, y practicar dial-jutsu. Se le notaba en la cara.

"Repito, nada de ejercicios bruscos," insistió el doctor con una cara un poco más severa. Metió la mano en la maleta. "Si notases alguna molestia en la próxima semana aplícate esta crema y estate veinticuatro horas en reposo desde su aplicación. Si las molestias persisitiesen, llamadme."

"Sí..." respondió Monty.

"Muchas gracias por todo, doctor," le dijo Zan For al doctor Werford mientras lo acompañaba hasta la puerta.

Monty oyó la puerta abrirse y cerrarse y poco tiempo después Zan For volvía a estar en la habitación de Monty.

"Ya has oído al doctor, hasta mañana nada de moverse, y nada de esfuerzos bruscos," dijo Zan For en forma de sermón.

La mañana pasó a paso de caracol para el gusto de Monty, y la tarde no prometía ser mucho mejor.

"Estoy aburriiidoooo..." dijo Monty.

"Tengo un juego del mar azul, te enseñaré a jugar... si lo encuentro," dijo Zan For y tras esto se puso a buscar en el trastero. Monty oía ruidos de trastos moverse aquí y allá. Finalmente el caballero del cielo volvió con un tablero cuadriculado y unas piezas.

"Este juego se llama ajedrez, viene de tierras lejanas, incluso para el mar azul," informó Zan For. "Viene a simular una especie de guerra entre dos bandos. Cada jugador tiene sus tropas en su lado del campo y se colocan así. Empiezan las fichas de color rojo y se puede realizar ún único movimiento por turno. Los peones son como soldados rasos, su camino se cierne únicamente delante de ellos y matan en diagonal. Si llegan al final del camino pueden ascender."

"¿Y las otras?" preguntó Monty con curiosidad.

"Veamos... Las torres se mueven en línea recta y los alfiles en diagonal. Los caballos únicamente pueden dar saltos en forma de L, así. La reina puede moverse como alfil o torre. El rey puede moverse cualquier casilla de su alrededor y es la ficha que debe ser protegida," le explicaba Zan For.

La primera partida fue un fracaso absoluto de Monty. Había centrado tantos esfuerzos en rodear al rey de Zan For que descuidó su defensa.

"Espero que de esta partida aprendas en la vida real, rapaz," le dijo Zan For. "No puedes atacar únicamente descuidando la defensa."

La segunda partida estuvo más igualada, pero en un intento de rodear a su propio rey para defenderlo descuidó un caballo de Zan For que saltó frente a sus defensas.

"Segunda lección de la tarde," dijo Zan For. "Y por partida doble; primero, un buen capitán debe tener vigilados a todos sus enemigos mientras esté en una batalla. Segundo, no todos los ataques serán frontales, debes prepararte incluso para esquivar los ataques bajo tierra."

La tercera partida duró hasta bien entrada la noche, y es que Monty consiguió, voluntaria o involuntariamente, repeler todos los envites de Zan For. Al final lo dejaron en tablas.

"Tercera lección, en un juego se puede empatar, en la vida real no suele ser el caso. Lo dejaremos por hoy, debes descansar y mañana empezaremos a entrenar," dijo Zan For. Se levantó y cogió el tablero.

"¡Un momento!" exclamó Monty.

"¿Qué pasa?" preguntó Zan For extrañado.

"Déjame el tablero y las fichas, que quiero aprender un poco más," dijo Monty.

"Pero si pasada la medianoche sigues despierto vendré y me lo llevaré igualmente," dijo Zan For.

Como era de esperar, Monty estuvo despierto hasta pasada la medianoche estudiando estrategias hasta que vino Zan For a retirárselo.

"Ya te he dicho que lo retiraría si no dormías, mañana nos espera un día ajetreado," dijo Zan For.

A Monty le costó horrores dormirse, cosa comprensible teniendo en cuenta que llevaba cinco días seguidos durmiendo, aunque al final cayó en los brazos de Morfeo. Tuvo un sueño muy raro...

Estaba en un tablero de ajedrez, con piezas a su alrededor situadas en sus respectivos sitios. Él ocupaba un sitio especial: era el rey. Se fijó en las piezas importantes y tenían unas caras que Monty no reconocía... O sí. De algún otro sueño. Una niebla rosada, púrpura, se fue apoderando del tablero mientras se espesía.

Monty despertó. Según el doctor Werford ya podía moverse. Nada de esfuerzos bruscos pero levantarse de la cama no parecía un esfuerzo brusco. Estaba un poco débil de los días de inactividad.

"Buenos días, rapaz," le saludó Zan For. "Antes de empezar el ejercicio tienes que alimentarte bien."

Le sirvió unas tostadas con mantequilla y melmeladas varias. Monty iba devorando las tostadas a medida que el caballero del cielo las iba retirando del fuego.

"Así me gusta, que vayas con hambre," dijo Zan For.

El desayuno duró lo que las tostadas en la mesa... poco.

"Voy a recoger la mesa, vete preparando y cuando estés listo ve hacia la playa," le indicó Zan For.

Monty volvió a su habitación. Se cambió a su ropa de entrenamiento y recogió sus dos diales engarzados. Acto seguido salió de casa y se dirigió a la playa, donde se remojó los pies. El caballero del cielo apareció poco tiempo después, caminando tranquilamente hacia la posición de Monty.

"Veremos como están tus habilidades," dijo Zan For. "Inténtame golpear."

Monty se sintió libre como un pájaro, primeramente, aunque notaba que no estaba al 100% de sus habilidades. Cada puñetazo, cada patada, eran fácilmente evadidos por Zan For. Aunque...

"Cada vez me acerco más," dijo Monty. "¿No te estarás dejando?"

"No, para nada, creo que te estás recuperando," respondió Zan For, sorprendido de la capacidad de recuperación del chico. "Eres joven todavía, a mí me costaría recobrar el tono."

Monty empezaba a sentir la fuerza recorrer todos los rincones de su cuerpo. El esfuerzo hecho durante el torneo empezaba a tomar forma. 'No puede alcanzar mi velocidad, estoy a punto de tocarlo.'

El puño de Monty pasó rozando la oreja de Zan For.

*fiuuuu*

Al caballero del cielo le quedaron unos ojos como platos al sentirse acorralado. 'Lo tengo donde quería' pensó Monty. Preparó una fuerte patada, pero en lugar de tratar de golpear a Zan For, pateó el suelo, y una nube de arena lo cegó momentáneamente. Monty aprovechó el instante de confusión para golpear ligeramente a su adversario.

"Bien, bien, no hubiera pensado que llegarías a usar el entorno para obtener ventaja," dijo Zan For. "Esta tarde tendrás una lucha en condiciones."

"¡Me encanta!" exclamó Monty.

"¡Eh!" gritó una voz. Una voz que le resultaba familiar.

"Creo que tu adversario de esta tarde ya ha llegado," dijo Zan For.

"¿Adversario?" preguntó Monty.

"Claro, no esperabas que yo fuera adversario para tí, ¿no?" dijo Zan For. "Mis técnicas siguen intactas, pero mi resistencia ya no es la misma."

La voz le resultaba familiar, de la misma manera que esa máscara de luchador. Era Morth.

"¡Morth!" gritó Monty.

"Hola, Monty, Zan For me pidió si te podía ayudar en tu entrenamiento," dijo Morth. "Y como me lo pasé genial en el torneo, pese a no conseguir la victoria, acepté. Ya te aviso que no te pondré las cosas fáciles."

"Bien, espero que todos nos podamos beneficiar de este entrenamiento," dijo Zan For. "He preparado una barbacoa para celebrarlo, falta únicamente asar la carne."

Y después de la comida, y de descansar, se pusieron a entrenar.

"Primero de todo una suave sesión de sparring," dijo Zan For. "No quiero sangre ni vísceras."

Tanto Monty como Morth se lo tomaron con calma, tal y como les había dicho el caballero del cielo. Era una sensación diferente luchar contra alguien con quien ya has luchado pero en otras condiciones y circunstancias.

"Vale, ahora que ya habéis calentado, tomad," Zan For les entregó un pañuelo a cada uno. "Ponéoslo colgando de algún lugar, del cinturón, pantalón, etcétera. En la parte trasera. Como si fuera una cola."

"Bien," dijo tras comprobar ambos contendientes. "Ahora se trata de que os los quitéis el uno al otro, no quiero muertes, por lo demás, a placer."

Morth luchaba de manera distinta a como lo había hecho durante el torneo. Ahora era una lucha más directa, sin tanto espectáculo.

"¿No luchas como en el torneo?" preguntó Monty.

"Tengo varios estilos de lucha, y en el torneo me apetecía usar ese estilo, pero para entrenar no va bien, así que lo cambio," le explicó Morth. "Es otro tipo de lucha libre."

El objetivo del ejercicio era fácil, tan solo tenía que conseguir el pañuelo que colgaba tras Morth, aunque Morth también quería el pañuelo que colgaba de Monty. Buen ejercicio para trabajar la agilidad y los reflejos.

"¿Quién os ha dicho que no os podéis pegar?" dijo Zan For para alentarlos. Entonces empezaron las hostilidades. Morth no tenía ni lona ni cuerdas, así que sus técnicas eran más efectivas que espectaculares. Rodillazos, patadas, puñetazos... En vez de saltos, agarres y volteretas.

Monty se puso serio, también, aunque se sentía algo incómodo con dos diales. No estaba acostumbrado todavía.

Morth vio un hueco en su defensa y atacó, Monty esquivó el ataque como pudo, haciendo un mal gesto.

*CROC*

"¡Aaaah!¡Ayyyy!" se dolía Monty de la espalda.

"¡Alto!" gritó Zan For y Morth se detuvo. Llevaron a Monty a su cama y le aplicaron la crema.

"Tienes que estar veinticuatro horas sin hacer esfuerzos," le dijo Zan For.

"Bien, espero que Morth sepa jugar al ajedrez," sentenció Monty.

1 quejas:

scaramanga dijo...

Dato fidedigno: jamás he ganado una partida de ajedrez. Ni contra un Monty con problemas de espalda ganaría. Esos guantes masajeadores deben patentarse.