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Crónicas de Ivalice: Historia de una condena - VII

martes, 13 de noviembre de 2012

Capítulo Séptimo: Después de la derrota

*BLINK*

Gides abrió un ojo, parpadeó. "¿Estoy muerto?", pensó. Estaba tumbado en el suelo, con la vista perdida en el cielo y observando las nubes que pasaban, tal y como había quedado cuando Ilwulf lo protegió ante la embestida de Gnarfinn, sus recuerdos eran borrosos. Le dolía todo el cuerpo pero seguía con vida, que era lo importante, y su espada ancha, aunque rota, también seguía ahí. De repente le vino a la mente... "¿Ilwulf?", miró a un lado y a otro y ahí lo vió a varios metros de él y cerca suyo estaba el carro, intacto.

Se acercó a Ilwulf, que se movió levemente.

El ladrón despertó cuando el soldado lo agitó con suavidad.

"¿Dónde estoy?" dijo Ilwulf desconcertado. "Estamos todavía en la Floresta de Turc, los ladrones que nos querían robar los sacos han desaparecido, y sin embargo el carro sigue aquí y nosotros estamos sanos y salvos, dentro de lo que cabe." respondió Gides, que se acercó al carro para comprobar que todo estaba correcto. En un determinado momento se fijó en algo que estaba en el suelo, parecía un trozo de tela, se agachó para recogerlo.

Se trataba de un trozo de papel y había algo en él escrito...

"Vuestros sacos estarán a salvo para cuando despertéis.

Firmado,
Fredhild
"

Gides leyó la nota, y la releyó. ¿Quién sería ese Fredhild?¿Y cómo podía dar por sentado que los sacos estarían a salvo si ni siquiera estaba ahí para poderle dar las gracias?

"¿Qué es eso, Gides?" le preguntó Ilwulf.
"Es una nota, de alguien que parece que ha protegido los sacos", Gides seguía dándole vueltas al asunto. "Seguramente sea este tal Fredhild el que se ha quitado de encima a esos tres de aquí", dijo señalando detrás del carro.

Dougan, Mochlan y Gnarfinn estaban inconscientes, tal vez muertos, aunque Gides no tenía ganas de comprobarlo, detrás del carro. Ilwulf se incorporó para, seguidamente, ir a ver el estado de esos tres. Gides empezó a empujar el carro, ya tenían las hierbas, ahora faltaba cobrar la recompensa. Ilwulf comprobó el estado de los derrotados, Mochlan estaba inconsciente, pero no tenía ninguna herida letal, era extraño. Gnarfinn probablemente estaba muerto a consecuencia de la pérdida de sangre, pero Ilwulf no quería pisar el charco carmesí. Dougan estaba inconsciente aunque con los ojos abiertos y en blanco. Fuese quien fuera ese tal Fredhild era fuerte, y no solo de fuerza física. "Mejor que nunca nos tengamos que enfrentar a él" pensó Ilwulf.

Gides estaba alejándose con el carro cuando Ilwulf volvió a la realidad, y vio que se quedaba solo en la floresta. Con pasos largos y firmes pronto estaba al lado de Gides al que ayudó a tirar del carro.

Al primer enfrentamiento serio que habían tenido habían sido claramente avasallados y eso era nefasto para los intereses del clan. Tenían que fortalecerse muchísimo más, y si podían, encontrar a alguien más para reclutar. Lo más fácil, si tuvieran guiles de sobras, sería contratar mercenarios, tal vez yojimbos o asesinas, pero como no era el caso tendrían que buscar a alguien con intereses para las aventuras y comprobar ellos mismos que el recluta sea fuerte. También necesitarían algún mago blanco, o alguien con poderes curativos. Era tan complicado mantener un clan...

"Lo primero es lo primero" suspiró Gides.
"¿Decías algo?" dijo Ilwulf. "Nada... que ahora tenemos que ir hasta Lothost y cobrar nuestra recompensa de 400 guiles. 200 son por la daga, 40 para el Ejército de Yutolandia, y nos quedarán 160 para gastos personales, lo peor es que se me ha roto la espada ancha..."

"¡Un momento!" gritó Ilwulf de repente, parando el carro. "Si quieres una espada ancha, el bangaa llevaba una, solo tenemos que volver a la floresta y cogerla, él está muerto, no creo que le importe", dijo esto tan rápido como pudo. Gides procesó la información y enseguida cayó en la cuenta de lo que Ilwulf le estaba proponiendo, parecía buena idea, la espada les saldría gratis. Rápidamente regresó donde yacía Gnarfinn, la espada había salido despedida unos metros, pero ahí estaba.

"Para ser un guerrero no trata su arma con delicadeza" pensó Gides, el motivo era que la hoja estaba mellada, incluso tenía óxido en algunas partes. "Esto será mejor que nada, supongo, por lo menos está entera, pero no creo que me dure demasiado". Ya veía Ilwulf y el carro, que seguían en el mismo sitio.

"¡Tío, eres un genio!" felicitó Gides a Ilwulf, "aunque el bangaa no cuidaba de su espada y está mellada" añadió, "cuando hayamos hecho un para más de misiones me tendré que comprar un arma mejor, no creo que esta dure mucho más".
"Ahora lo importante es levantar cabeza, hacernos más fuertes, y aceptar misiones" respondió Ilwulf "esta derrota nos tiene que enseñar el camino y apreciar la vida, que poco más y no lo contamos."

Todo era llano más allá de donde sus ojos alcanzaban, y pequeñita, al este, estaba la ciudad de Camoa. La Pradera Díaz era el último escollo hasta su tan ansiada recompensa, esperaban no tener que volver a luchar, por lo menos no sin antes tener el dinero en efectivo, que ocupaba menos. El carro siguió rodando por un camino de carros, y si alguien tenía intención de atacarles sería visto a la legua. Durante la travesía no fueron atacados más que por monstruos de bajo nivel que Ilwulf se encargaba de ahuyentar mientras Gides tiraba del carro. Algún clan se paraba a mirarlos cuando pasaban pero ninguno pareció tener intenciones de atacarlos, tal vez por pena, hasta que por fin llegaron al bullicio de Camoa: ajetreo por aquí, algarabía por allá, bangaas que iban y vieras que volvían. Finalmente se plantaron delante de la casa de Lothost, el sabio. Empezaron a descargar los sacos y Gides llamó a la puerta.

*TOC**TOC*

"¿¡Lothost!?¡Ya hemos regresado con sus "bolsitas"!¡Abra la puerta!" gritó Gides a pleno pulmón, por lo mayor que parecía Lothost, la sordera parecía algo que le iba a la par. Se oyeron pasos y la puerta se abrió.

"¡Albricias! Cuantas hierbas..." exclamó el sabio Nu Mou. Ilwulf entró los sacos, que no pesaban pero eran incómodos de llevar. "Ahora podemos hablar de guiles" comentó Lothost. "Eso, eso, guiles" añadió Gides. Era el momento de cobrar la recompensa, instante que Ilwulf y Gides habían deseado, y por poco no lo cuentan.

"Veamos, quedamos a 40 guiles por saco, y traéis nueve sacos..." decía el Nu Mou.

Interrumpió Ilwulf "¿¡Nueve!?¿Cómo puede ser? Pero si al descargar estaban los diez...". Por la ventana de la casa Gides lo vio. Era una escena bastante curiosa porque desde la ventana se veía un saco moverse y un pompón rojo que sobresalía, pero era obvio que se trataba de un moguri ladrón. Gides dijo a Ilwulf "Ve tú."

Ilwulf se levantó y salió corriendo por la puerta, pensando "si se trata únicamente de un moguri ladrón creo que me las puedo apañar solo...", y sin perderlo de vista inició la persecución, era fácil por el pompón aunque el ajetreo lo complicaba un poco.

Gides, por su parte, seguía negociando con Lothost "Mire, ahora mi compañero traerá el saco y podremos llegar al acuerdo de 400 guiles, a menos que me quiera adelantar los cuarenta guiles para los 400 y les traigo el saco luego." a lo que Lothost respondió "seré viejo, pero mejor que no intentes engañarme, hasta que tu compañero no vuelva no te entregaré la recompensa". Gides pensó "¡Qué cruz! Y que injusticia, me podría dar los 360 guiles por los nueve sacos que sí que hemos traído, espero que Ilwulf consiga darle caza."

Ilwulf atrapó al pequeño moguri porque se resbaló y el saco le cayó de las manos. Ilwulf cogió su saco y ahuyentó al moguri, que se asustó y se fue corriendo, casi llorando. Ilwulf regresó a la casa de Lothost.

"Bien, aquí tenéis los 400 guiles" dijo Lothost haciendo entrega de unas monedas, "ha sido un placer hacer negocios con vosotros" mientras el ladrón dejaba el saco junto con los otros. "¡Hasta otra!"

"¡Hasta otra!" se despidió Gides, guardando las apariencias mientras por dentro pensaba "y un cuerno volvemos a hacer negocios con este vejestorio tan agarrado...". Ilwulf también pensaba lo mismo, y de pronto el clan era 160 guiles más rico. Gides propuso volver al cuartel del Ejército de Yutolandia, para hacer el pago de la comisión y echar un vistazo a los carteles de misiones. Ilwulf no pensaba en el dinero, su mente estaba analizando todos los personajes que estaban por la calle, intentando adivinar su fuerza, y no se opuso a que Gides encabezase la comitiva.

Llegaron al cuartel y Gides se dirigió a la ventanilla de la Oficina de Tesorería del Ejército de Yutolandia donde entregó el cartel de la misión y el correspondiente diezmo, y rellenó unos formularios. El chico del cuartel fue bastante amable. Después de esto Gides se reunió con Ilwulf en los tablones de anuncios y empezaron a echar un ojo a la lista de misiones disponibles...

1 quejas:

scaramanga dijo...

Lo que hubiera sido una pasada es que hubieran echado a los malos al carro y vendérselos a las autoridades como en "La muerte tenía un precio".